EL RINCÓN DE LUCIA

Lucia Sander. 
Sobre pepinos, peras y manzanas

Ante las ruinas del Teatro de Dionisos, al pie de la Acrópolis, pensaba que no sabemos mucho sobre la Antigua Grecia y su teatro. De todo lo que parece haber sido el Teatro Griego del siglo V a.C. quedó muy poco. Gran cantidad de piezas escritas por filósofos se perdieron. Eran todos hombres o nada se sabe sobre el status de las mujeres griegas del siglo de Pericles, más allá de las conjeturas resultantes de una tradición históricamente enfocada en los actos de los hombres. Se salvaron fragmentos de la obra de Safo que es la única escritora conocida, en un tiempo en que había muchas otras de acuerdo a las referencias de sus contemporáneos. ¿Qué hacían las mujeres de Atenas mientras los hombres guerreaban, dialogaban, participaban de banquetes o ponían sus obras de teatro? Si escribieron, y sabemos que lo hicieron, ¿cómo era su escritura y sobre qué?
Myrtis habría sido la maestra del tan celebrado Pindauro, poeta tebano, y de Corinna, de quien casi nada se sabe. Los dos discípulos de la maestra desconocida habrían competido en un concurso en Tebas donde Corinna salió vencedora, pero no se le reconoce la victoria debido a que habría escrito sobre mitos regionales en un dialecto, a diferencia de Pindauro quien se habría referido a los mitos panhelénicos y en lengua dórica. Existe una hipótesis que, debido a la métrica utilizada por las mujeres, sus escritos se destinaban al coro, o sea, que eran compuestos para ser cantados por un grupo de personas en festivales religiosos para un público local. Esto indica que hubieron mujeres que escribieron para el teatro griego de entonces.
Famosa por sus poemas líricos o scolia, para ser cantados, Praxilla, poeta griega del siglo V a.C., también escribió cantos ditirambos. Cuenta la historia que, por razones políticas en el siglo VI a. C los ritos a Dionisos y las manifestaciones de coros trágicos y ditirambos fueron impulsados a trasladarse a Sición, ciudad de Praxilla. Citada por la originalidad de su métrica, se sabe que, así como Corinna, Praxilla tenía sus propias versiones de los mitos clásicos. Si para Corinna fue Atenea quien enseñó a Apolo a tocar flauta, para Praxilla, la madre de Dionisos no es Semele, es Afrodita, y no fue Layo quien raptó al hijo de Pelops, fue el propio Zeus. A pesar de ser equiparada con los grandes poetas de su época, no hay vestigios de la poesía de Praxilla y si es recordada por sus contemporáneos no es debido a la escritura para el teatro de Sición, pues hay un único fragmento insistentemente citado por filósofos e historiadores como ejemplo de la necedad de una mujer que se pretende poeta. Dicho fragmento corresponde a su himno o canción en honor a Adonis, llamado "Adonis en el infierno" que contituye parte de la respuesta cuando a éste se le pregunta por la sombra de los muertos y lo que ellas más añoran del mundo de los vivos. Responde Adonis en el fragmento de Praxilla:

"Finest of all the things I have left is the light of the sun, Next to that the brilliant stars and the face of the moon, Cucumbers in their season, too, and apples and pears."
"O melhor de tudo o que deixei é a luz do sol, Depois é o brilho das estrelas e a face da lua, Pepinos frescos também, e maçãs e peras." (traducción al brasileño de Bernard Knox)
"Lo más bello de las cosas que dejé es la luz del sol, a la par, las estrellas brillantes y la cara de la luna, junto con los pepinos frescos, las manzanas y las peras."

En la mención de los pepinos de estación se fundó la reputación de Praxilla. No se mezclan pepinos con astros del firmamento, ni en poesía, ni en el pensamiento. No combina con dios alguno desear cosas terrenas tan triviales, tan pequeñas. Praxilla se volvió proverbio, sinónimo de necia (prima hermana de burra), incompetente y de mal gusto. Praxilla se volvió un chiste y así es recordada.
No sé si el mitológico Adonis pensaría en pepinos, peras y manzanas al pasar por el infierno, pero el Adonis de Praxilla sí, o ella pensó en legumbres y frutas frescas plantadas en aquella o esta estación, recogidas y preparadas para servir como alimento. En el universo de Praxilla los astros y las legumbres se mezclaban con lo cotidiano, simple y mundano de que está hecha la historia, las leyendas, sus héroes. Toda una tradición donde ella, Praxilla, cuida de la huerta de pepinos y poemas, verduras y versos frescos, peras y obras de teatro, música y manzanas.....
¿Quién no pasó ya por el infierno y, una vez allí, no sintió algún deseo? ¿Cuál fue el suyo? Yo ya estuve ahí abajo más de una vez y deseé. No voy a decir y traicionarme cual Praxilla, u otra cualquiera de nosotras, que al decir, se dice mujer.
El teatro de la antigua Sición de Praxilla, cuyas ruinas pueden hoy visitarse, fue uno de los mayores teatros de la Antigua Grecia. Según la leyenda ese teatro es el testimonio del nacimiento de la tragedia. En él había una estatua de Praxilla esculpida por Lysippos. No sé si todavía estará allá, o dónde, pero sí sé que una copia en mármol con la cabeza destruída, forma parte del acervo del Museo de Berlín. La Praxilla exhibida en Berlín está decapitada, al igual que la poeta para la historia de la literatura y del teatro. Quedan su nombre y su cuerpo mutilados. Sus poemas, su teatro, se perdieron, como sus himnos.
En el oráculo de Delfos presiento mi sino: jamás olvidar Atenas, sus teatros en ruinas, sus templos, los dioses de entonces, -destronados, destruídos por el tiempo, por la civilización-, las aguas del mar Egeo, su color azul marino y, claro, las aceitunas frescas del camino.

Atenas, 12 de octubre de 2010


Las mujeres y el teatro


el regreso

Conmemorando el regreso del blog del Proyecto Magdalena 2ª Generación, vuelvo a pensar en el binomio Mujeres y Teatro que, a pesar de no ser ya tan extraño, aún produce cierta incomodidad en círculos más conservadores. Al fin y al cabo, durante muchos siglos, el teatro fue cosa de hombres. Como nos cuenta la Historia Oficial, el teatro occidental, así como lo concebimos, tuvo sus inicios en la Grecia de Pericles, en el siglo V de la era pasada, como una forma de arte estrictamente masculina, o sea, concebido, escrito y representado por hombres y, posiblemente, para un público exclusivamente masculino, no se sabe con certeza. Durante muchos siglos, el teatro siguió siendo unisex, incluso cuando, al final de la Edad Media, las mujeres comenzaron a integrar el público de teatro de calle. Durante el Renacimiento los roles femeninos todavía eran interpretados por hombres y fueron esos jóvenes adolescentes, inmaduros aún, los que primero dieron vida a Julieta y a Cleopatra de Shakespeare – y que produjeron un homo-erotismo que, en este contexto, no cabe comentar. Fue recién a fines del siglo XVII que las mujeres comenzaron a subir al escenario, a pesar de los daños que esto causaba a su reputación, y allí permanecieron durante largo tiempo, como en una vidriera, sin ningún poder de intervención en la concepción y montaje del espectáculo que protagonizaban. Era así, felizmente no lo es más. Hoy tenemos acceso a las más diversas funciones de producción teatral como escritoras, directoras, técnicas, productoras… a pesar de que las mujeres siguen siendo en su mayoría costureras, maquilladoras, peluqueras y ocupando, en menor cantidad, funciones de poder en el teatro. En fin, pasaron más de 20 siglos desde la invención del teatro en la Grecia Antigua hasta que las mujeres pudieran tener participación efectiva en el quehacer teatral y en todas sus funciones. O sea, primero fue el hombre y después la mujer, tanto en el Jardín del Edén como en el teatro, solo que en el teatro el estreno de la mujer tardó más, ¡el parto duró más de 20 siglos!

¿Pero, será que fue así, tal como nos cuenta la Historia Oficial? Investigaciones y descubrimientos arqueológicos recientes ocasionaron una reescritura de la Historia, incluso de la Historia del Teatro Occidental y de su nacimiento en la Grecia Antigua. El descubrimiento de una investigación a fondo sobre los Juegos Píticos, realizados en la Grecia de entonces, nos dirá mucho al respecto, a nosotras, mujeres hacedoras volcadas al teatro. A partir del siglo VI de la era pasada, los Juegos Píticos en honor al dios Apolo se realizaban periódicamente en la ciudad griega de Delfos, frente al Monte Parnaso. Esos juegos son los antecesores de los Juegos Olímpicos realizados en Olimpia e incluían competiciones de música y poesía. Así como más tarde sucedió en las Olimpíadas griegas, se prohibía la participación de las mujeres en estos juegos y también su presencia en las competiciones. Como esa era una ocasión de alabanza a los dioses del Olimpo, cabe preguntarse si las mujeres griegas también habrían rendido honores a sus dioses y cómo habrían sido sus rituales, omitidos en la Historia Oficial.


Y fue así que, a través de la investigación sobre la vida de las mujeres griegas de entonces, los arqueólogos encontraron evidencias de que las mujeres también rendían homenaje a los dioses en ocasión de los Juegos Píticos. Se descubrió que mientras los hombres competían por la fama y los premios que recibían en los Juegos Píticos, las mujeres subían al Monte Parnaso, en la misma ciudad de Delfos, para honrar al dios Dionisio (Baco para los romanos), el dios del vino, de la fiesta, de la fertilidad, el protector de parias. Las mujeres se reunían en lo alto del Monte Parnaso para realizar danzas sagradas y ofrecer banquetes en honor a Dionisio. El culto dionisíaco era acompañado por alegres cantos, himnos corales, mímicas y duraba varios días. Las mujeres usaban guirnaldas de hojas de viña, se cubrían con la piel de un macho cabrío en homenaje a Dionisio y comían carne cruda para incorporar la fuerza divina. Danzaban hasta llegar al trance y eran conocidas como ménades o Bacantes.


El culto de las mujeres a Dionisio, considerado como un delirio sagrado de mujeres, fue posteriormente adaptado con el fin de integrar los festivales religiosos en Atenas. O sea, el ritual de las bacantes descendió del Parnaso para la ciudad y sufrió alteraciones, como la inclusión de hombres en el culto antes femenino que pasaron a danzar en rivalidad frenética como las bacantes. Según investigaciones recientes, fue del culto secreto de las mujeres a Dionisio, en el Monte Parnaso, que surgió un nuevo tipo de culto en Atenas que, a su vez, dio origen al teatro griego, tal como lo concebimos hoy. Al final, tal vez fueron las mujeres las que inventaron el teatro, ¿será? ¿Habría la Historia usurpado nuestros derechos autorales? Es posible, hace milenios esa fue y sigue siendo una práctica de rutina. Sabemos que la historia "oficial” es siempre más confiable, por lo tanto no vale la pena discutir con la Historia Oficial, o exigir patente; y sí tratar de recuperar nuestro espacio y honrar nuestra herencia.


Cuando llegué por primera vez al Oráculo de Apolo en Delfos, justo enfrente al Monte Parnaso – una visión para ser sentida y no descrita –,pensé en las bacantes, en su orgía sin cuidado y sin censura, lejos de los hombres y de sus leyes, ellas y su danza, su canto, su banquete de placer, su culto, su teatro en las nubes… 

Magdalenas Montepellier 2019

El sábado 12 de octubre la ciudad de Montpellier amaneció empapelada de fotos de mujeres con torso desnudo que expresaban de esa forma su g...