Susana Freire ANTÍGONA


Antígona es más que un mito

Para la historia argentina es una realidad: una mujer reclama el derecho de poder enterrar a sus seres queridos.
La persistencia del tema de Antígona en la cultura de Occidente en todas sus épocas, a través de innumerables reelaboraciones en todos los géneros, ha sido señalada por George Steiner como el caso más extremo y extraordinario de permanencia y reiteración de un tema dramático. Steiner lo explica atribuyéndolo a que en él se condensan los cinco conflictos fundamentales que a su juicio dan origen a todas las situaciones dramáticas. El enfrentamiento entre Antígona y Creonte sobre el destino de los restos de Polinices plantea a la vez los conflictos entre hombres y mujeres, entre la vejez y la juventud, entre la sociedad y el individuo, entre los seres humanos y la divinidad (las leyes de los hombres y las de los dioses), y entre el mundo de los vivos y el de los muertos.
Pero, además, es un auténtico alegato a la rebelión y a vivir la vida con intensidad y con todas las consecuencias.
La figura de Antígona ha llegado hasta nosotros como símbolo de lealtad absoluta incluso ante el peligro de muerte. He aquí una hermana que, lejos de sentirse celosa de su hermano, reconoce la injusticia del destino que se ha cernido sobre él y rehúsa aceptarlo, incluso si en el proceso esto puede significar el sacrificio de su vida. Igualmente reconoce lo perverso de la falsa autoridad y el horror de la crueldad arbitraria, y hace todo lo posible por resistirse.
La obra
Antígona (estrenada en el 442 a. C.) es uno de los dramas más logrados. Se encuadra en el ambiente mitológico, alrededor del ciclo de Tebas, la ciudad griega donde se concentraban, en tiempos pasados ya míticos o legendarios, peligrosamente pasiones humanas y tensiones políticas. Antígona, joven noble y hermosa, es una de las hijas del antiguo rey de Tebas, Edipo, autodesterrado tras cometer, más o menos involuntariamente, terribles crímenes y delitos. Creonte, hermano de Yocasta, esposa de Edipo y, por tanto, tío de Antígona y su hermana Ismene, además de los ya fallecidos Polinices y Eteocles, es el nuevo rey de la ciudad. De su matrimonio con Eurídice nació Hemón, joven enamorado de su prima Antígona, quien le corresponde.
Creonte decreta no enterrar a Polinices con los honores y ritos funerarios que salvaguardarían su alma al otro mundo; había sido traidor a la ciudad y dejar su cuerpo inerte a merced de las alimañas era el castigo que las leyes preveían para los rebeldes. Antígona se rebela ante esta decisión y entierra a su hermano con las honras necesarias. Cuando Creonte se entera manda encerrarla inmediatamente en una cueva para que perezca. Las consecuencias serán terribles porque la joven prefiere suicidarse; cuando Hemón se entera decide seguirla en la muerte, y lo mismo hace su madre, Eurídice, cuando conoce la muerte del hijo. Creonte debe pagar con la sangre de sus seres queridos la soberbia con la que se instaló frente a las decisiones de los dioses.
Influencias
El tema de Antígona ha dado lugar a varias obras artísticas musicales, narrativas y escénicas. Algunas de ellas:
Ca. 442 a. C.: Antígona , tragedia de Sófocles.
Antígona , tragedia de Eurípides perdida en su mayor parte.
1580: Antígona o la piedad, tragedia de Robert Garnier (1545-1590).
1756: Antígono, ópera de Gluck.
1772: Antígona , ópera de Tommaso Traetta.
1773: Antígona , ópera de Josef Mysliveček.
1817: Antígona y Edipo, canción de Schubert con texto de un poema de Johann Mayrhofer (1787-1836).
1917: Antígona, obra de teatro de Walter Hasenclever.
1924 - 1927: Antígona, ópera de Honegger con libreto de Jacques Cocteau basado en Sófocles.
1939: Antígona, obra de teatro en catalán de Salvador Espriu, no publicada por razones de censura hasta 1952, en la que el mito clásico se relaciona con la Guerra Civil española, en tanto Antígona se niega a admitir que haya vencedores y vencidos después de una guerra fratricida entre sus hermanos.
1942: Antígona, obra de teatro de Jean Anouilh.
1947: Antígona, obra de teatro de Bertolt Brecht: reelaboración de la tragedia de Sófocles.
1949: Antígona, ópera de Carl Orff.
1950: Antígona Vélez, obra de teatro del argentino Leopoldo Marechal.
1963: La Antígona berlinesa, novela en prosa y en verso de Rolf Hochhuth.
1968: La pasión según Antígona Pérez, obra de teatro de Luis Rafael Sánchez.
1986: Antígona furiosa, obra de teatro de la escritora argentina Griselda Gambaro.
1991: Antígona o la ciudad, ópera de Georg Katzer (1935-2019).
1991: Antígona Vélez, ópera del músic Juan Carlos Zorzi con libreto de Javier Collazo.
1997: Antígona, novela de Henry Bauchau.
2002: Antígonas: linaje de hembras, del argentino Jorge Huertas.
2012: Antígona, canción de Gata Cattana, perteneciente al álbum de rap “Los siete contra Tebas”.
2012: Antígona Oriental, obra de teatro del director alemán Volker Lösch (n. 1963) que, partiendo de la tragedia de Sófocles, trata sobre la vida en la cárcel durante la dictadura en Uruguay (1973 - 1985).
2016: Antígona, obra de teatro de Slavoj Žižek




Laura D'Anna EL TEATRO EN MÍ


El teatro es mi forma de lucha

A los 6 años ya quería ser actriz. A los 10 años monté mi primer espectáculo en la escuela de mi pueblo. Desde los 8 iba a clases de expresión corporal con una tía. Y empezó mi convicción de que en teatro podemos transformarnos en lo que queramos. En ese entonces yo quería ser presidenta del país, no sabía bien lo que estaba pasando en Argentina -era la dictadura más sangrienta de nuestra historia-, pero el inconsciente colectivo me hacía soñar (despierta) que estaba presa y que cuando me liberaran iba a hacer muchas cosas. A los 14 años empecé a estudiar teatro en la ciudad de al lado. Y como seguíamos en dictadura, las instituciones democráticas se usaban, entre otras cosas, para dar clases de teatro. Extraña paradoja. También leíamos la Orestíada. A los 16 actué por primera vez en un teatro, yo hacía de un payaso decadente que cambiaba la escenografía y pregonaba en patética letanía: “Miéntete a ti mismo, la realidad no existe. Hoy hay función”. A mi mamá no le gustó nada esa primera actuación mía “profesional”: ¿tendría miedo?, ¿esperaría otra cosa?

El miedo y las expectativas de una madre suelen jugar de obstáculos en el camino de cualquier hija, ¿no es cierto?

Pero eso también nos construye, ¿no?

A los 18 me fui a otra ciudad, y como seguía con la idea de cambiar las cosas, empecé Ciencias Políticas, Idiomas y Filosofía. De teatro, nada. Pero la bohemia rosarina en la primavera democrática fue reveladora. Y el cuerpo me pedía acción. En poco tiempo dejé casi todas las carreras y empecé teatro. Me escapé, también de mi familia, y me fui a la gran ciudad, a Buenos Aires.
En Buenos Aires encontraría a mis maestras y maestros, a quienes elegí por el lenguaje poético (y político), por su manera de transmitir, por su vulnerabilidad, por su incansable trabajar.

El teatro es mi forma de poner el destino en mis manos
El teatro es mi forma de luchar contra el miedo
Es mi forma de luchar contra la imagen que tengo de mí misma
Es mi forma de luchar para hacer un mundo más amoroso
Es mi forma de luchar por la paz


Luchas y luchas
Hay luchas en las que no quiero entrar más. No quiero entrar más, por ejemplo, en la lucha contra mi hermana por saber cuál de las dos vale más, a quién de las dos mamá mira más. No quiero luchar más tampoco contra mí misma.
Quiero entrar en otras luchas. Desde el teatro, en todas las formas en que lo practico (enseñanza, escritura, dirección, actuación) quiero luchar  para que las mujeres y los hombres que están cerca de mí puedan puedan encontrar su propia voz, puedan sacar el miedo de sus corazones. Y puedan concentrar sus fuerzas en hacer. Libres. Luchar para hacer arte. Arte que cura. Que embellece. Que nos hace mejores.

Magdalena 2da generación
En 2008 me sumo al Magdalena 2da Generación, de la red Magdalena Project.
Y me encontré con mujeres que aman lo que hacen, que luchan por hacerlo, que tratan de vivir según sus propias convicciones, que quieren lo que desean. Nos contagiamos de energía unas a otras, producimos espectáculos, organizamos festivales, encuentros, ciclos de cine, escribimos en esta publicación digital. Nos reconocemos mujeres de nuestro tiempo: vulnerables, poderosas y amantes.

El teatro es mi forma de luchar contra mi complacencia
contra la inacción
contra la vanidad, contra la discordia, contra la rutina
El teatro es mi forma de luchar por la comunión de actrices/actores con el público


Trabajo y libertad. La propia voz.
Creo que el camino hacia la libertad de la actriz/actor se emprende desde el aprendizaje del código teatral y se asienta en el entrenamiento. El bendito entrenamiento. Preparar el cuerpo. Despertar la imaginación. Liberar la creación. Es volver una y otra vez a empezar un trabajo de libertad y autonomía. Día a día. Un hacer sin preocuparse demasiado por el resultado, porque el hacer es su propio resultado. Una entrega al no saber. Un nutrirse del misterio de los momentos que son siempre nuevos.
Copio aquí fragmentos de El caballo ciego, de Iben Nagel Rasmussen:
“Descubrir la propia voz significa descubrir el propio mundo interior, la propia alma… No tener miedo a la propia fuerza. Encontrar dentro de sí algo que no es frágil, que no es elegante, pero que ni siquiera es rencor o amargura. Es simplemente tu voz, que está hecha para dar calor y también para luchar. No sólo es importante vencer en la lucha, sino no salir de ella dura, amarga, seca.
No sé si es justo decir que la mujer debe encontrar también su forma de luchar. Pero si es justo, entonces no es una lucha para destruir, para herir, sino es una lucha para abrir, como un hilo de hierba que guía todas sus fuerzas en una sola dirección para romper la resistencia de la tierra, salir al aire.”

El teatro es mi forma de luchar contra el silencio
Es mi forma de luchar para alcanzar la propia voz. O para juntar todas las voces de los otros y las otras en mí, todas las voces que elegí conservar y hacer sonar.
Es mi forma de gritar.

Deseos
Hay hechos, personajes, obras de teatro, poemas, cuentos, temas… que te llaman, que te acompañan, que insisten, hasta que una toma ese material y hace algo con él. Son demonios, obsesiones, fuerzas de la marea colectiva que te atrapan, ancestros…
El teatro es mi forma de luchar contra la locura.



Espectadores
Lo escuché a Eugenio Barba decir algo así como que el teatro es la continuación de la política por otros medios. Y pienso que cuando el poder político “se aviva” del inmenso poder del teatro suele pasar que suspende los subsidios, por ejemplo.
Desde el 2018 actúo en Pluma y la tempestad de estos tiempos, de Arístides Vargas, que trata de una persona marginada expuesta a todo tipo de peligros, obligada a venderse, a comprometerse, a resignarse, cuando las instituciones que deberían ayudar son en realidad grandes obstáculos. En contra de toda tempestad, Pluma escoge la afirmación propia y el desarrollo de su propia individualidad. La obra se había estrenado el año anterior. Toda la compañía estaba sorprendida de la vigencia que había cobrado la obra en tan solo un año: tanto se ha degradado en ese año la sociedad argentina. La compañía también estaba sorprendida del éxito de público…
En la periferia del Gran Buenos Aires también pululan los teatros. Conozco personalmente tres de ellos, los tres dirigidos por mujeres: una convirtió el living de su casa en teatro, otras el garage, otra el atelier de su abuelo pintor. Amo actuar en esos teatros. Creo que una misión que tenemos es buscar el público que nos anda buscando, que nos espera, que nos transformará. Nunca me voy a olvidar una función de nuestro infantil LuiEmi en el mar de Shakespeare en un Centro de Salud de La Matanza: un niño gritó al final de la obra: “¡Otra! ¡Otra!!”

Voy a hacer teatro toda la vida. 

Soraya Rizzardini. INVITACION


VI FESTIVAL INTERNACIONAL MAGDALENA 2da GENERACIÓN

Mujer, Teatro y Banquete

A su banquete Platón no nos invitó. Es más, nos prohibieron ir.
Nos borraron del mapa.
¿Será acaso porque el mapa, el territorio, el límite, la separación, es cosa de varones?
Porque nosotras somos las del tejido, somos las que enlazamos punto por punto; y sin puntas.
“A la Historia la escriben los vencedores”, se la atribuyen a Walter Benjamin pero parece que es de Voltaire.
¿Quiénes son los que ganan?
Los machos, los blancos, los ricos, los militares.
A cada una de estas palabras le corresponde su antagonista: las mujeres e identidades disidentes, la gente no blanca, la gente pobre, la gente de a pie. Son perdedores que no tienen poder, ni palabra, ni lugar en la historia oficial.
 Pero tienen, tenemos, historias.
 “Si la historia la escriben los que ganan/eso quiere decir que hay otra historia”, dice la canción.
El río suena. La vida siempre pulsa por expresarse. Las historias se acomodan, buscan su lugar, a veces debajo de la alfombra, o en el cajón del mueble de la cocina, o en los relatos de boca en boca enriquecidos por  cada boca, en mitos y leyendas que son tan reales como el mismísimo lugar de donde partieron.
Entonces, ¿por qué no darnos nuestro propio banquete, sabroso, colorido, de múltiples texturas y hechuras?
Léase esta cuestión retórica como convite a armar nuestra propia retórica vivencial intercambiando, como salga, relatos escritos, cantados, ya digo, como salga, entre nosotres, reunides por las Magdas.

Esta propuesta no tiene límites.
Como nosotras.
Así que, hecha la invitación, quedamos esperando con alegría  vuestras historias, propias o ajenas. 
Las compartiremos.

Soraya Rizzardini

Este hermoso texto de Soraya invitaba a las participantes del VI Festival a compartir sus historias "de debajo de la mesa". Hoy lo abrimos a todas las que se sientan convocadas a contarnos historias ocultas, desacreditadas, olvidadas. 
Escribir a magdalenageneracion2@gmail.com, Asunto: HISTORIAS BLOG 
Magda

Diario de cuarentena. Collage.

Diario de escritura colectiva. Collage de palabras de muchas mujeres, de diferentes oficios, de diferentes lugares, todas atravesadas por...