CICLO DE CINE Y GÉNERO. MUJERES EN LA MIRA.


PRÓXIMA PROYECCIÓN! MIÉRCOLES 21 DE MAYO A LAS 18 Hs EN ARTE CINEMA INCAA, SALTA 1620. 



Alejandra Pizarnik - Vértigos o contemplación de algo que cae
de Vanessa Ragone. 

como siempre habrá invitadxs especiales para la charla posterior. 

Duración: 30 min.
Idioma: español.

Entrada: un alimento no perecedero para el comedor MADRES DE CONSTITUCIÓN 

ALGO DE ALEJANDRA, por Laura D´Anna


“La maga soy yo” (Alejandra Pizarnik)




                                    criatura en plegaria
                                   rabia contra la niebla


escrito                                                                                   contra
en                                                                                          la
el                                                                                           opacidad
crepúsculo

                                   no quiero ir
                                   nada más
                                   que hasta el fondo


oh vida
oh lenguaje
oh Isidoro


Setiembre de 1972 (murió el 25 de septiembre de 1972 por sobredosis de barbitúricos)



Para empezar por el final, por su último poema:
Se trata de un poema-cuadro, su forma parece un revólver, y en la palabra fondo está el gatillo. Alguien reza y termina invocando a tres entidades que podríamos percibir como sinónimas: imposible separar la obra de la vida en una poeta maldita. Es la última hora del día, de la vida, y todo está confuso (niebla, opacidad), no hay decisión o la hubo siempre y hay que seguir el libreto. Pero hay hastío y rebelión (rabia, contra): ¿le exije a la muerte que sea más, algo más? ¿o se exige ella, como siempre, ser excepcional? . En todo caso parece que la criatura en plegaria quiere más lejos siempre, aún en la muerte.

Para ampliar lo anterior:
*Poema encontrado en el pizarrón de su cuarto de trabajo. Porque así escribía, sobre un pizarrón primero, para poder visualizar el poema como si fuera un cuadro, un objeto que ocupa un lugar en el espacio de la página en blanco. Esto habla de su relación concreta, material con las palabras, con el lenguaje; además de la dimensión plástica que concede a la poesía.
              En “El poeta y su poema”, escrito aparecido en una antología, habla de su concentrarse mucho tiempo en un solo poema. “Y lo hago de una manera que recuerda, tal vez, el gesto de los artistas plásticos: adhiero la hoja de papel a un muro y la contemplo, cambio palabras, suprimo versos. A veces, al suprimir una palabra, imagino otra en su lugar, pero sin saber aún su nombre. Entonces, a la espera de la deseada, hago en su vacío un dibujo que la alude. Y este dibujo es como un llamado ritual. (Agrego que mi afición al silencio me lleva a unir en espíritu la poesía con la pintura; de allí que donde otros dirían instante privilegiado yo hable de espacio privilegiado)”[1] Además, es un detalle no menor el hecho de que hacía collages y dibujos (había ido al taller de Battle Planas y frecuentaba en el bar El Taller a un grupo de pintores y literatos: M. M. Láinez, Enrique Molina, A. Girri, O. Orozco, Vera Ocampo, etc.) que en general regalaba a sus queridos amigos.


*Oh Isidoro
El poema termina con una invocación a Isidoro Ducasse, el autonombrado Conde de Lautréamont, poeta maldito al igual que Baudelaire, Rimbaud, Artaud. Como si Pizarnik hubiera construído un personaje a partir del mito del poeta maldito, personaje al que le dedicó su vida; y la máscara se fue haciendo rostro y ya no hubo forma de quitarla. Esta estética literaria-ética literaria supone un dérèglement de tous les sens, la subversión más radical de todos los valores morales, sexuales y sociales, exponiéndose a las situaciones extremas de la locura, de la rebelión absoluta contra la sociedad, de la muerte. El mito del maldito “culmina con la muerte –real o metafórica, voluntaria o accidental-, como gesto extremo ante la imposibilidad de conjugar la exigencia de  absoluto que se le atribuye a la tarea poética con las limitaciones de la experiencia vital, de unir vida y poesía “en un solo instante de incandescencia”, como lo dijo Ocatvio Paz.”[2]
Texto maldito si los hay, “La condesa sangrienta”, que recién se publica en 1971 a pesar de haber sido escrito en 1967 (parece que no se animaba a mostrar esta escritura, parece que los amigos le decían que vuelva a lo anterior, a ella, que publicaba en Sur y en La Nación...) Texto perturbador en que se muestra su fascinación por la muerte y por el sexo, y que termina así: “Como Sade en sus escritos, como Gilles de Rais en sus crímenes, la condesa Bárthory alcanzó, más allá de todo límite, el último fondo del desenfreno. Ella es una prueba más de que la libertad absoluta de la criatura humana es horrible.”

Rimbaud era un amor que compartía con otros poetas, entre los se pueden nombrar a Raúl Gustavo Aguirre (y a todo el grupo de Poesía Buenos Aires, años ‘50) y a Luis Gregorich (amigo a quien frecuentaba en las oficinas del Centro Editor de América Latina, año 1966)
En un texto sobre Artaud, que leído hoy bien podía ser sobre ella misma, expone la esencia del malditismo: “Estos poetas, y unos pocos más, tienen en común el haber anulado –o querido anular- la distancia que la sociedad obliga a establecer entre la poesía y la vida... La vida y la muerte de Artaud son inseparables de su obra en un grado único en la historia de la literatura... Sí, el verbo se hizo carne. Y también, y sobre todo en Artaud, el cuerpo se hizo verbo... el verbo de Artaud... rescata, encarnándola, ‘la abominable miseria humana’.”



* Oh vida
  Oh lenguaje
Para no hablar del suicidio, para no redundar en el retrato de la poeta suicida (pero claro, ¿cómo hablar de su obra sin hablar de su vida, es decir de su muerte? (es difícil)), para no perder el rumbo del análisis que me interesaría hacer, cito a Frank Graziano, editor de algunos poemas de A. P. en idioma inglés y autor de una Semblanza (1987). En cuanto a esa conexión entre la obra literaria y la realidad de su autora, Graziano dice que “la obra suicida de Pizarnik sólo puede nombrar una muerte literaria y nunca una real...sólo nombra la muerte que sufrió Pizarnik como autora, como personaje de su propia ficción, cualesquiera que fuesen las intenciones específicas de Pizarnik como persona” [3]
Y para describir ese suicidio en su obra puedo retomar la descripción que ella misma hace de la obra de Artaud y de Rimbaud al marcar dos períodos, el período blanco y el período negro. Cristina Piña habla de período encantado y período desencantado. En A. P. el punto de separación entre ambos sería el libro Los trabajos y las noches (1965), a partir del cual se inicia un irreversible camino que va de sentir al lenguaje como una casa (la salvación) a sentirlo el infierno (la muerte).


Período encantado: el viaje maravilloso.

En 1962 en el artículo “El poeta y su poema” (escrito en París), responde a ¿qué es la poesía? Y dice que es el lugar donde todo es posible. También es el silencio o la aventura de alguien “que parte a cuestionar el poema, la poesía, lo poético; a abrazar el cuerpo del poema; a verificar su poder encantatorio, exaltante, revolucionario, consolador. Algunos ya nos han contado ese viaje maravilloso. En cuanto a mí, por ahora es un estudio.”[4]
“explicar con palabras de este mundo/que partió de mi un barco llevándome” (El Árbol de Diana, 1962)  
Se trata de partir, de atravesar el muro, de ser en la palabra. Postulados también que compartía con el grupo Poesía Buenos Aires[5], que también veneraba a Rimbaud y que constituía la vanguardia de los cincuenta (oponiéndose a los poetas del 40), donde no sólo le publicaban poemas sueltos, sino que también le editaron algunos de los primeros libros: La última inocencia (1956) y Las aventuras perdidas (1958) . Era su grupo de pertenencia y de aprendizaje antes del primer viaje a Paris, en donde va a vivir cuatro años (1960-1964). Con los de PBA se reunían en el Palacio do café (Corrientes al 300) y estaban, además de Raúl Gustavo Aguirre, Edgar Bayley, Rodolfo Alonso, Rubén Vela, Elizabeth Azcona Cranwell, el músico D. Saidón y algunos pintores amigos. En otro círculo, ya antes de París se vinculaba también con Olga Orozco, otra poeta inclasificable y surrealista. En París se va a conectar con Octavio Paz y por supuesto con Cortázar. También con André Pieyre de Mandiargues, Severo Sarduy, Léopold Sedar Senghor, etc.
El Ärbol de Diana (1962) es aún del período encantado.
En Los trabajos y las noches (1965) parece decir que su único sustento, su única vida  es la “palabra inocente”, la poesía.

LOS TRABAJOS Y LAS NOCHES


para reconocer en la sed mi  emblema
para significar el único sueño
para no sustentarme nunca de nuevo en el amor

he sido toda ofrenda
un puro errar
de loba en el bosque
en la noche de los cuerpos

para decir la palabra inocente

Este libro, dice Piña, “es un libro capital pues en él la subjetividad poética asume la decisión de convertir a la poesía en su morada. Sólo que esta decisión lleva a que se agudicen la división del yo y el enfrentamiento con la muerte, la cual irá asumiendo inquietantes y seductoras máscaras poéticas.”[6]


Período desencantado
El siguiente libro se llama Extracción de  la piedra de la locura (1968) y está compuesto de poemas en prosa, alucinados, desestructurados, degarrados. Piña dice que si su meta era la palabra inocente, aquí alcanza la palabra desgarrada. Y si no, leer el poema que da nombre al libro...
¿Qué significa traducirse en palabras?... ¿para quién escribes?...
Tú te desgarras, te lo prevengo y te lo previne. Tú te desarmas. Te lo digo, te lo dije. Tú te desnudas.. Te desposees. Te desunes. Te lo predije. De pronto se deshizo: ningún nacimiento... Ebria de mí, de la música, de los poemas, por qué no dije del agujero de ausencia. En un himno harapiento rodaba el llanto por mi cara. ¿Y por qué no dicen algo? ¿Y para qué este gran silencio?


Si bien la muerte sobrevolaba siempre su poesía, en este momento su presencia es omnipresencia. La muerte y la locura. Incluso la muerte llega a la categoría de personaje (madame Lamort, en un diálogo a lo Lewis Carrol)
En 1970 el lenguaje tiene un poder letal que separa del mundo, en 1971 la palabra no es patria ni refugio sino intemperie y desolación. Su patria de siempre, el lenguaje, y París, la rechazan, la abandonan. Su segundo viaje a Paris es desolador, se vuelve antes de lo previsto (ni siquiera puede esperar a Olga Orozco su amiga-madre-maestra, que llegaría tres días más tarde). Ella va a decir que ni siquiera en el café de Flore o en Les deux Magots, se podía uno encontrar con “Jean-Paul” o con la Beauvoir, que sólo había jóvenes muy hippies y revueltas callejeras (hacía un año del mayo famoso) [7]
El poema que para Piña es el auténtico poema final, en donde está escrita su muerte, es “Los poseídos entre lilas”, poema con que cierra el libro El infierno musical. Este texto empezó siendo parte de las palabras de Segismunda en la obra de teatro del mismo nombre. Se trata de una obra que muestra la veta mordaz y obscena, distinta de la ‘poéticamente correcta’que reserva para sus poemas (y sobre todo los que publica en La Nación o Sur). Se puede ver, justamente, que dicho poema nada conserva de la escritura inconciente del parlamento total de Segismunda en la obra teatral.
...
Yo estaba predestinada a nombrar las cosas con nombres esenciales. Yo ya no existo y lo sé; lo que no sé es qué vive en lugar mío. Pierdo la razón si hablo, pierdo los años si callo. Un viento violento arrasó con todo. Y no haber podido hablar por todos aquellos que olvidaron el canto.
...
Las palabras hubieran podido salvarme, pero estoy demasiado viviente. No, no quiero cantar muerte. Mi muerte... el lobo gris... la matadora que viene de la lejanía... ¿No hay alma viva en esta ciudad? Porque ustedes están muertos. ¿Y qué espera puede convertirse en esperanza si están todos muertos? ¿Y cuándo vendrá lo que esperamos? ¿Cuándo dejaremos de huir? ¿cuándo ocurrirá todo esto? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Cuánto? ¿Por qué? ¿Para quién?

Los que la querían bien susurraban, después del segundo viaje de Alejandra a París, que había perdido su aura, “no volvió de París”, decían. Y ella misma, en 1971, que ya no podía escribir como antes, que la Alejandra de los poemas se había acabado.[8]


Para terminar me voy a quedar con esta Alejandra, la que a mí me gusta leer, por ejemplo:

Yo canto
No es invocación
Sólo nombres que regresan.

De Otros Poemas 1959


Ella escribió en el artículo “El poema y su lector”: ...Cuando termino un poema, no lo he terminado. En verdad lo abandono, y el poema ya no es mío o, más exactamente, el poema existe apenas.
A partir de ese momento, el triángulo ideal depende del destinatario o lector. Únicamente el lector puede terminar el poema inacabado, rescatar sus múltiples sentidos, agregarle otros nuevos. Terminar  equivale, aquí, a dar vida nuevamente, a re-crear.[9]
Pareciera que es más fácil valorarla, re-crearla, ahora, desde nuestra perspectiva, que desde la de hace no muchos años atrás. Y la prueba es que hace relativamente poco que salieron sus obras completas (Corregidor 1993, Lumen 2002) y la traducción de algunos de sus poemas al inglés data de 1987.
Dicen que recitaba maravillosamente sus poemas, que seducía a cualquier auditorio con su interesante verborragia y humor (que podía estar hablando cuatro horas seguidas) ayudada con una voz sensual y poderosa. Que había dicho, medio en broma, medio en serio, que la Maga de Rayuela era ella...

Aquí Alejandra
Bicho aquí,
aquí contra esto,
pegada a las palabras
te reclamo.
Ya es la noche, vení,
no hay nadie en casa
Salvo que ya están todas
como vos, como ves,
intercesoras,
llueve en la rue de l'Eperon
y Janis Joplin.
Alejandra, mi bicho,
vení a estas líneas, a este papel de arroz
dale abad a la zorra,
a este fieltro que juega con tu pelo
...
 de Cortázar a Pizarnik, después de su muerte









                                                                     
                                                              




[1] Quince Poetas, Antología de la joven poesía argentina, selección y prólogo de César Magrini, Ediciones Centurión, 1968.
[2] Cristina Piña, Alejandra Pizarnik, Planeta, Buenos Aires, 1991.

[3] “Una muerte en que vivir”, Alejandra Pizarnik. Semblanza, México D.F., Fondo de Cultura Económica, 1992.
[4] Quince poetas, op.cit.
[5] “No constituimos una escuela, sino más bien un “espíritu”. Queremos, antes que nada, autenticidad y responsabilidad en lo que se escribe, que la palabra sea vehículo de una experiencia y, también testimonio de una aventura. Si bien se trata menos de deslumbrar al lector con un prodigio verbal que hacerle ver las grandes posibilidades, el gran valor del hombre.” (1956)
“La poesía es, antes que nada y después de todo, amor... tiende a unir a los seres humanos en relaciones de fondo. Quien no sepa qué son estas relaciones de fondo, ignora también qué es la poesía. De ahí que haya tanta poesía “social” falsa y tanta poesía verdadera, hablada o vivida por el pueblo.” (1954)
Raúl Gustavo Aguirre, entrevistas radiales. Dossier PBA, Diario de Poesía, nro. 11, Buenso Aires, verano 1988/89.

[6] Cristina Piña, op.cit.

[7] “Tuvo una invencible aversión a la política, que justificaba con el hecho de que su familia en Europa hubiera sido sucesivamente aniquilada por el fascismo y el estalinismo. (...) Para ella, la literatura tenía un único compromiso con la calidad” César Aira, Alejandra Pizarnik, Barcelona, Ediciones Omega, col. Vidas literarias, 2001

[8] Cristina Piña, op.cit.
[9] Quince poetas, Op. Cit. 

ALGUNOS POEMAS DE Alejandra Pizarnik



LA ÚLTIMA INOCENCIA


Partir
en cuerpo y alma
partir.

Partir
Deshacerse de las miradas
Piedras opresoras que duermen en la garganta.

He de partir
No más inercia bajo el sol
No más sangre anonadada
No más formar fila para morir.

He de partir

Pero arremete ¡viajera!




                                               De La última Inocencia, 1956


SOLAMENTE

ya comprendo la verdad

estalla en mis deseos

y en mis desdichas
en mis desencuentros
en mis desequilibrios
en mis delirios

ya comprendo la verdad

ahora
a buscar la vida






MENDIGA VOZ

Y aún me atrevo a amar
el sonido de la luz en una hora muerta,
el color del tiempo en un muro abandonado.

En mi mirada lo he perdido todo.
Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay.



SENTIDO DE SU AUSENCIA

si yo me atrevo
a mirar y a decir
es por su sombra
unida tan suave
a mi nombre
allá lejos
en la lluvia
en mi memoria
por su rostro
que ardiendo en su poema
dispersa hermosamente
un perfume
a amado rostro desaparecido


                                                                                  de Los trabajos y las noches, 1965


CECILIA PIRIS por Natalia Marcet


NOS GUSTÓ!!!!
por Natalia Marcet

ELLA Reina por Cecilia Piris
serie plástica óntica sobre el devenir de un alma a través de sus mutaciones

https://www.youtube.com/watch?v=ZEwHq_AAlaw&feature=youtu.be



Artista plástica, mamá, danzaora retirada, pedagoga en creatividad, perfomer, buceadora de las imágenes…
“En cada rincón, si puedo, pinto”, me dice al salir de casa, con su andar blando y cansino, sus ojos de gata y su cuello de bailaora.
Cecilia “Chuli”, tiene los mismos ojos de las gatas con los que convive. Ojos de media luna flamenca... miles de fandangos deambulan aún por esa mirada que parece venir desde allá lejos. Una tenue tristeza… un saber desde antes, desde siempre, lo que no siempre se descubre, se desliza entre sus parpadeos… Un breve sabor a exilio, a errar...
Ella es Cecilia y Cecilia es Ella, parece decirnos su pintura.
A no perdérsela y estar atenta.


CONCURSOS Y SALONES
2009 Muestra Premio Estímulo Bco. Provincia de BsAs. Sede La Plata, Provincia de Bs.As.
2009 Premio Estímulo Bco. Provincia 2009 Pintura. Muestra colectiva, Bs.As.
2007 “13º Concurso de Pintura Palermo Viejo” de Librería Thesis en Bar el Taller, Palermo, Bs.As.
2006 “Premios OCTUBRE 06” – Fundación Octubre – Pinturas, Bs.As.
2002 “Salón Crisis Argentina 2002” en EdeA Galería en La Antigua Casa de la Moneda de San Telmo, Bs.As.
2002 “Salón Primavera de Pintura 2002” convocado por la Galería Loft espacio Alfa, Bs.As.
PREMIOS
2011 1er. Lugar concurso “El Elegido” TELEFE. Exposición en escenografía de la serie
2005 MENCIÓN en Salón Regional de pintura 2005 “Fundación Avon para la mujer” en Museo Municipal de Bellas Artes de Tandil, provincia de Buenos Aires
1999 1er. Lugar “2do. Salón Nacional de Miniformato” – Pinturas Galería EncuentrArte.Bs. As.




Cecilia Celeste Piris, Artista Italo Argentina nacida y formada en Buenos Aires. Su vida está abocada a las Artes Visuales, al estudio, a la producción y a la enseñanza. Se graduó como Licenciada en Artes Visuales (I.U.N.A.)  y como Profesora Nacional de Dibujo y Pintura (Esc. Nacional de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón). Desde hace más de una década que trabaja como docente trasmitiendo su pasión por el arte, formando personas de todas las edades también preparando alumnos de nivel medio para rendir en el extranjero la materia de Art&Design - International General Certificate of Secondary Education (I.G.C.S.E.). Pero lo más importante es su vasta producción, sus creaciones llenas de personalidad y misterio. Su principal personaje “Ella” protagoniza cada serie, es una representación de su verdadero Ser, materialización profunda y mística de su existencia. Ella es pasional y caprichosamente ontológica. Su obra se exhibe desde el año 2001 en Galerías y espacios de Arte tanto dentro como fuera de Argentina.  Dibujos, pinturas, grabados, objetos, animaciones, performance e instalaciones en muestras colectivas o exposiciones individuales. Ella se deja ver también en:

UNA MUJER PARA RECORDAR, The Open Page

UNA MUJER PARA RECORDAR 













Fuente: Magdalena Project The Open Page.
Para visualizarlo seleccione aquí: 
http://www.themagdalenaproject.org/sites/default/files/OP9_VallinRisum.pdf


Magdalena 3a informa

MAGDALENA 3A EN AGOSTO 2014

Encuentro "3 ª Magdalena - ADN" 
Se llevará a cabo del 21 al 24 de agosto.

Pronto, más información en el blog, facebook y por correo electrónico.


Feliz 2020