ROSTRO DE MUJER: Viviana Posincovich













El
camino
del
corazón

Por Laura D´Anna

Vivi nació en Manuel Ocampo en 1965, allí encontró las primeras piedras y muchos tréboles de cuatro hojas. Desde 1987 vive en Buenos Aires, luego de un breve pero fructífero paso por Rosario. Poco a poco se fue creando como artista plástica, experimentando diferentes técnicas: el batik, el papel hecho a mano, el grabado, el óleo, la utilización de numerosos materiales (como tablas de lavar la ropa antiguas convertidas en sus diferentes "mujeres", por ejemplo), etc. Ella y sus obras viajan por el mundo, (a veces ella no se entera), participando en salones y ferias Nacionales e Internacionales.
Es la autora de nuestro logo y de muchas de las ilustraciones de este blog.

¿Cómo empezaste por este camino, el de tu arte?
Cuando terminé la secundaria soñaba con ser antropóloga , quería especializarme en arqueología porque sentía y siento profunda admiración por la vida y el arte de las culturas ancestrales, su mitología, cosmovisión, por todo aquello relacionado con el origen del hombre. Tuve un breve paso por la universidad pero muy significativo que me llevó por un camino distinto al que esperaba en ese momento. Mi universo simbólico empezó a poblarse de seres que venían de esas mitologías, de esas historias que se cuentan para explicar el origen de las cosas, para interpretar los misterios de la vida. Entonces sentí la necesidad de buscar una forma de expresión, un lenguaje que pudiera manifestarlos y encontré en las artes visuales esa posibilidad. Nunca se me ocurrió ir a una escuela de arte, no tengo formación académica. Mi búsqueda es bastante solitaria, taller y libros. Aprendí técnicas haciéndolas, metiendo mano, para mí resultó ser la mejor manera de descubrir un material y desarrollar una técnica propia.

¿Qué piedras encontraste en el camino ?
Qué interesante la simbología de las piedras!, hay una canción de Violeta Parra que dice…despacito por las piedras, cuidado con los juanetes, que aquí no ha nacido nadie con una estrella en la frente…y todos los caminos tienen piedras y para colmo a mi me encantan las piedras!, siento gran atracción y no puedo evitar traerme una de cada viaje aunque vaya lejos...bueno, lo que importa es lo que uno hace con las piedras, muchas veces son desafíos o pruebas que hay que pasar para seguir avanzando. Creo que una dificultad que siempre aparece cuando se elige el camino de las artes es poder equilibrar las ganas de hacer con las limitaciones económicas. En mi caso, que elijo esto como medio de vida, es decir como mi sustento económico además de espiritual, he tenido y tengo altibajos y a veces hay que remar duro para sentir que estás logrando lo suficiente, o que estás haciendo las cosas bien, pero creo que aprendo a moverme con las olas y agradezco siempre poder vivir y cuidar una familia con este trabajo.


¿Qué maestros o personas marcaron tu rumbo?
Me encanta algo que dice al respecto Joseph Campbell a quien me gusta leer. El dice que si sigues el camino de tu corazón, te colocas en una especie de sendero que ha estado allí todo el tiempo, esperándote, y la vida que deberías estar viviendo es la que estás viviendo. Cuando puedes ver eso, empiezas a encontrar gente que está en el camino de tu corazón y que te abre las puertas…es maravilloso, creo en eso, que hay muchos aliados cuando estás en el camino verdadero y los encuentro en todas partes, en la naturaleza, en los viajes, en esos santuarios que son los sitios arqueológicos donde hay pinturas rupestres y otras creaciones que guardan la memoria de los hombres de otros tiempos, en la música, en los libros, en las estrellas, en fin, en los mundos minerales, vegetales, animales…y en los encuentros humanos, claro!. He tenido la dicha de tener una maestra que conocí en un taller de Antropología musical y canto esencial. En ella reconozco a una maestra integral, que perteneciendo a otras disciplinas artísticas ligadas con el cuerpo, el canto, la danza, la música, el teatro, me guió y fortaleció mucho, no sólo en este camino del arte sino en la vida misma. Ella se llama Iris Guiñazú.



¿Hacia dónde vas, por dónde buscás ahora?
Bueno, desde hace dos años y unos meses compartimos con mi pareja, que es ceramista, la maravillosa experiencia de la crianza de nuestro hijo. Aprendemos mucho de él porque nos pone permanentemente en contacto con la belleza de la vida. Al mismo tiempo, hemos tenido la posibilidad de vivir en un lugar con algo de tierra y estamos haciendo huerta orgánica. Interactuar con la tierra y crear con nuestro trabajo la magia de una cosecha, nos hace integrar y participar del ciclo sin fin de la semilla que brota y vuelve a morir, la condición humana compartiendo el destino de la planta, el tiempo circular, es una experiencia de lo sagrado… Ahora busco por ahí, en la naturaleza, y voy adonde me lleve, a lo que traiga… Casi todos los días encontramos algo maduro para llevar a la mesa, que no es poco…



¿A quiénes admirás?
¡Admiro a tantísimos!. no podría enumerar a todos: trabajadores del arte, de la tierra, trabajadores en general, porque sólo con trabajo se consigue crear, además de talento. Admiro a los que luchan, a los pueblos originarios que cuidaron su identidad y su rica sabiduría de vivir en comunión con la naturaleza, a pesar de todo lo que les hicieron y les hacen todavía. Admiro la fortaleza , el amor, la integridad, la capacidad humana de cuidar a otros…Y en el campo de las artes visuales especialmente admiro y son referentes para mí, los creadores anónimos de las culturas ancestrales de América y del mundo y otros más cercanos, o no tanto, como El Bosco, Rufino Tamayo, Wilfredo Lam, Leónidas Gambartes, Xul Solar, Picasso , ¡y muchos más!

¿Cuál es tu sueño?
¿Mi sueño?... Uy, no es fácil contestar esta pregunta, porque mi sueño se renueva constantemente, y no es uno sólo. Soñar, imaginar, no cuesta nada, está siempre ahí y es lo que me salva… Siempre sueño con viajar a otras culturas, conocer otros mundos, viajar con el cuerpo o sólo con el alma. Hacer mi trabajo y que otros lo tengan, es una manera de viajar, de estar en otros lugares…y, al final, la vida es sueño, y los que creemos en eso... quiero creer que estamos soñando el mismo sueño.


Para contactar a Vivi:
batik@infovia.com.ar
http://www.vivianaposincovich.com/
y los domingos suele estar en la cortada San Lorenzo, en San Telmo.

SANDRO


Una voz eterna en el recuerdo

Por Susana Freire

Para entender lo que representó Sandro para los veinteañeros de los años 60, hay que instalarse en una época en la que la incipiente TV argentina transmitía su programación en vivo, no existía la alternativa del cable ni la TV digital. Que no existía la computadora ni Internet ni MP3 ni Ipod. Que la información musical sólo llegaba a la audiencia a través de revistas especializadas o de los discos. Que las noticias sobre las actuaciones de Elvis Presley llegaban para anticipar algún film que se estrenaría a corto plazo. Que la leyenda de Los Beatles, para los argentinos, seguiría siendo leyenda porque los jóvenes locales sabían que los melenudos de Liverpool nunca arribarían a estas tierras, siempre tan lejos de todo el mundo.
Muchos se preguntarán y cómo podían vivir y crecer esos jóvenes con todas esas carencias. ¿Con qué se divertían? Lo hacían y sin grandes sufrimientos.
En ese entorno, donde hacían sus primeras armas Raúl Padovani, Juan y Juan, Los TNT, Palito Ortega, Leo Dan, Piero, Bárbara y Dick, Nicky Jones y Lalo Fransen, un joven integrante de la orquesta Los Caniches de Oklahoma empezó a sobresalir por su prestancia y por su histrionismo. Se decía que imitaba a Elvis Presley, pero no importaba, era nuestro y también sabía mover la pelvis. Era lo más cercano al muchacho de Mississippi que tuvieron los jóvenes porteños.
Así nació Sandro y comenzó otra historia, la de un cantante solista, con carisma, un gran seductor, un hombre que sacudía a la audiencia con sus movimientos. Con la inteligencia para volcarse a la balada romántica, digna heredera del bolero que bailaron las generaciones mayores. Quién puede olvidar aquel Festival Buenos Aires de la Canción de 1967 cuando presentó la balada Quiero llenarme de tí, que le permitió no sólo ganar el festival, sino iniciar su carrera internacional.
Los años fueron pasando para él y para sus fans, de todo estrato social, que año tras año aumentaban su número. Las plateas de sus espectáculos estaban a pleno con mujeres de todas las generaciones desde las quinceañeras hasta las setentonas. Todas querían estar presentes para celebrar a este cantante que iluminó el entusiasmo de las chiquilinas al crear el rock en estas tierras.
No quedan dudas de que para el rock Sandro fue una parte muy importante, aunque algunos no se lo quieran reconocer. Más allá de sus comprobadas trasnoches, vaso de Old Smuggler en mano, cantando sentado en el desvencijado piano de La Cueva, Roberto Sánchez fue definitivamente aceptado -aunque no por todos- como parte de la historia del género recién a partir de la década del 90, cuando Charly García lo invitó a participar del disco Tango 4 , registrado junto con Pedro Aznar, y tras la edición, en 1999, de Tributo a Sandro -un disco de rock, en el que artistas como León Gieco, Divididos, Los Fabulosos Cadillacs, Attaque 77, Virus y Bersuit reconocieron su estrella grabando versiones de sus temas.
No es poco mérito lo que consiguió: el reconocimiento de todos los músicos y de todos los públicos.
Ahora dicen que Sandro se fue de gira, una muy larga, pero su recuerdo quedará grabado en la memoria de gran parte de la población que bailó con su música y amó con sus poemas susurrados al oído. Un hombre así no puede morir y no necesita del bronce para ser eterno. Quedará por siempre


De una cola y otros cantares
de Ana Woolf.

Habíamos esperado mucho tiempo. Había visto y seguido por televisión la agonía de un “ídolo”.
Pero no es de su muerte de lo que quiero hablar.
No es de muerte de lo que quiero hablar. Sino de rosas rojas, de gente que por un no sé qué de mágico que tiene el arte se vuelven frágiles seres humanos. Hasta algunos solidarios.
Nunca fui amante de ir a velar a los muertos. Me encuentro con los míos queridos de otra forma. Dialogamos, caminamos juntos las calles del mundo, les pido cosas, hasta me enojo a veces. Tratamos de crear una convivencia cotidiana con un puente tendido que a ellos los mantiene vivos en mi recuerdo y a mí acompañada y guiada.
Enciendo la televisión. Sandro había muerto.
Comienzo a ver las imágenes que muestran gente y más gente que se aglutina en el Congreso. “Un último adiós” dicen, “verlo por última vez” dicen, “la última palabra” dicen, “acompañarlo a su última morada” dicen, “así como él nos acompañó siempre a nosotras” dicen. Ellas, las chicas. Ellos también, los chicos. 18, 25, 35, 45, 55, 65, tal vez sigan otras edades también, antes y después.
Es de ellas de quien quiero hablar. Es de ellos de quien quiero hablar.
Estoy al teléfono con una amiga, le comento que me encantaría ir a mirar a la gente, allí, al Congreso. Es a los vivos a quien quiero ver. “Yo también quería ir”, me dice. Y el ¡vamos! fue absolutamente “orgánico”.
Claro, darle cita en la esquina de la ex-confitería El Molino fue lo “inorgánico”, fuera de toda lógica realista. No se podía ni llegar. Estaba cortado desde Riobamba, y lleno de gente por todos lados y vallas y … policías… y camiones con cámaras de televisión y vendedores ambulantes… y… y… y…
Y como para conocer la gente hay que estar entre la gente, mi amiga y yo nos pusimos a hacer la cola para entrar al Congreso y darle, así, como todas ellas, como todos ellos, el último adiós a Sandro.
Me encanta Latinoamérica por sus gestos repetidos. Me encanta lo que hay de previsible en nuestro continente. Me encantan las miles de maneras que tenemos para sobrevivir inventando trabajos, estrategias para ganarle la partida a la pobreza crónica de Latinoamérica. Es como si dijera: me encanta no la invención del alambre sino lo que fuimos y somos capaces de resolver con él. Y en teatro me ha salvado más de una vez. Me encanta en el sentido literal: encantamiento. Me quedo allí mirando, mirándonos. El máximo de la capacidad creativa, desplegada en fragmentos de minutos.
Almanaques Sandro. Remeras Sandro. Llaveros Sandro. Rosas rojas Sandro. CDs truchos Sandro. Pósters Sandro. Estampitas Sandro. Señaladores Sandro. Postales Sandro. Prendedores Sandro. Y en medio, la gente que continuaba llegando, llorando, esperando, hablando. Intercambiaban recuerdos, imágenes de un artista que había sabido hablarles a ellas-ellos especialmente, a cada uno en su individualidad. Esto es lo que “encanta” también: en la masa cada una de esas personas era propietaria de un instante de ese artista. Ese instante en el cual él, Sandro en este caso, había sabido tocarla con la varita mágica de sus palabras y esas palabras fueron sólo para ella/él, fueron sólo de ella, de él.
Llantos, alguien que sostiene a alguien, lo conozca o no. Alguien que deja pasar a alguien porque ese alguien pide y es mayor y no puede aguantar tantas horas de cola y ese alguien se da cuenta que con ese otro alguien comparte una misma necesidad. Alguien que sigue esperando como esos todos: con rosas rojas en las manos. Un llanto que acomuna. Una espera que acomuna. Un artista que acomuna.
Me pregunté qué fui a ver ese día. Me pregunto qué voy a ver cada vez que puedo y sé que hay gente reunida por algo: una manifestación, un funeral, una elección… Voy a ver a la gente.
Pero el día de la muerte de un/a artista, amado/a por su pueblo, es especial. Ni partidismos políticos ni sindicatos ni cartoneros ni medio pelo ni Doña Rosa, ni la rubia platinada. Iguales.
Todas, todos allí.
Y yo que voy a ver eso que el dolor de la gente en ese momento me permite ver: cómo el arte hace aflorar lo mejor del ser humano. Su parte más frágil. Su parte más sensible. Su parte más humana.

CUENTOS Y OTROS TEXTOS


Los cuentos de la tía

La María Unzué

Por Alejandra Smiriglio

Todo giraba alrededor de la estancia de la María Unzué. Ella no era la dueña, ni se sabía bien si el viejo Unzué era su verdadero padre o sólo le había dado el nombre. Pero su carisma se había apoderado de todo. Las referencias eran: dos cuadras de lo de la María Unzué, atrás de lo de la María Unzué, pasando por lo de la María Unzué, y así.... Cuando éramos chicos le teníamos miedo. Nos habían contado tantas historias de ella que temblábamos al verla. Pero la María Unzué sólo nos miraba, siempre callada. Solía ignorarnos cuando saltábamos la tranquera de su estancia para meternos un rato en el estanque. Sólo nos hacía un gesto cuando estaba el dueño.
Vivía en la misma casa que la cocinera, Doña Juana, hasta compartían el cuarto. El patrón quiso llevarla varias veces a la cama pero ella se negó, sabía que no estaba bien.
El viejo Unzué la había adoptado de chica. Se crió como se cría en el campo: una buena comida rica en calorías y pocas palabras. Con eso le alcanzó para saber cómo comportarse. A la mañana desayunaba con la cocinera... Después sacaba a pastar las vacas con el capataz. Pero su trabajo preferido era subirse al tractor y recorrer las hectáreas de campo. A la tarde compartir el mate con los peones y comer las tortas fritas de la cocinera.
A la María Unzué le gustaba la siesta. A veces, en lugar de ir al cuarto, se dormía a la sombra de un viejo ceibo. El mismo que usábamos nosotros para tirarnos al estanque.
Cuando llegaban los dueños de la estancia, la María Unzué se trasformaba. Era un poco tímida así que prefería esconderse de la pequeña hija del patrón, la señorita Mariana. Pero la niña siempre la encontraba y la convencía de ir a jugar un rato a las muñecas y otro rato a las carreras.
A la pequeña Mariana le gustaba vagar por el campo, pero el patrón sólo la dejaba ir si la acompañaba la María Unzué. Fue por eso que se hicieron inseparables.
Todos queríamos ser amigos de la pequeña niña. Entrar a la estancia, sentarnos en la galería y escuchar las historias de la María Unzué. Pocas veces lo podíamos hacer. Pero en los cumpleaños de la pequeña Mariana, el patrón nos llevaba a la casa principal. Servían muchas de las cosas ricas que se comen en la ciudad. Había masitas y tortas de varios tipos. Todos mirábamos con ilusión y nos sentíamos felices por estar allí. Pero el momento más pleno era cuando entraba la María Unzué. Tímida, callada como siempre y el patrón decía: ¡miren quien vino! Y ella se ponía contenta. La patrona cortaba el pedazo más grande de la torta, el del medio y se lo daba. Y la María Unzué se lo comía con las ganas de todos y después agradecía como solía hacer siempre. Se paraba en dos patas y mientras movía la cola, le daba un beso a la pequeña Mariana que reía al igual que todos nosotros.

ESTACIÓN JUNÍN





ANA DE LOS MIL DÍAS

Por Mariela Díaz

EN ESCENA, 26 DE SETIEMBRE DE 2009
Atmósfera azulada. La cabeza de una Reina está apoyada sobre una columna de mármol. Hay vestigios de una corona sobre la abundante cabellera del personaje. Sus pelos irradian destellos plateados. Su rostro, a partir de aquella noche larga se ha tornado pétreo, con vetas blancas, azules y gises. “Casta Diva”, de María Callas, despierta a Ana . Ella, la cabeza de la reina, mira a los espectadores y se lamenta porque las tragedias del presente son insignificantes con respecto a su propia tragedia.
Le habla a las mujeres víctimas de la violencia. A la que recibe el puñetazo y la botella de cerveza en la cabeza…

CONOCIENDO AL PERSONAJE

Se trata de Ana Bolena o Nan Bullen, como le decía burlonamente el pueblo inglés, o Ana de los mil días, como la bautizaron piadosamente sus súbditos, cuando murió por orden de su esposo el rey Enrique VIII . Acusada de adulterio e incesto, es sentenciada a ejecución por decapitación. El verdadero motivo de su sentencia a muerte fue “una causa de Estado”: no haber dado a luz un hijo varón, un heredero para el trono de Inglaterra en el siglo XVI.
Ana Bolena procedía de Francia, país en el cual vivió durante nueve años, y ocupó su puesto entre las damas de la corte de la reina Catalina de Aragón, primera esposa de Enrique VIII. Alguien de la corte (¿el rey enamorado, tal vez?) retrató a Ana en cinco palabras: ES TODO OJOS Y CABELLO.

De cortesana a amante del rey. De amante a Reina de Inglaterra, y por ende, segunda esposa de Enrique VIII. Los años pasan y el hijo varón no llega. Es hora, habrá pensado el rey, de una nueva, joven y fértil tercera esposa. El modo de desembarazarse de Ana fue acusándola de adúltera. Juzgada y sentenciada, es llevada a la Torre. Allí, muchos nobles hallaron la prisión y la inmortalidad. Otros quedaron vagando en los alrededores, convertidos en sombras y lamentos, que ven y oyen aquellos dispuestos a creer.

Antes de morir, Ana Bolena reúne a su séquito, reducido en la desgracia. Están a su lado Emma, fiel servidora, y media docena de amigas y primas. Ana recuerda que su muerte le fue anunciada. La vió en un libro, años atrás. Se trataba de una ilustración: allí estaba el Rey, La Reina y Ella, sin cabeza. ¿Para qué enfrentarse a lo irremediable?

19 DE MAYO DE 1536: El verdugo aguarda… Ha venido de Francia. Quiere hacer rápido su trabajo: un limpio golpe de espada y ya habrá ganado 23 libras, 6 chelines y 38 peniques. La voz de Ana, clara y firme, se dirige a los treinta testigos de su ejecución, diciendo: “Dios proteja al Rey y le permita gobernaros durante mucho tiempo, pues jamás existió un príncipe más flexible y de mejor corazón”. Su voz cambia. El tono ahora es de aviso: “Para mí fue siempre un señor bueno y cortés”. Mira al verdugo y prosigue: “Poned atención. Esto es lo que un señor bueno y cortés puede traeros”. Dice a su amiga Margaret: “Acuérdate de mis canciones”. A Emma, su fiel servidora: “Tú has sido mi mejor amiga. Reza por mí”. Al cielo: “Señor, apiádate de mi alma”.
Sus cabellos brillan. Sus grandes ojos están iluminados por una luz interior.

Una espada se alza, segando el tallo de una flor…

HABLANDO DE TEATRO

“ANA BOLENA, monólogo para una cabeza” es un texto escrito por Mercedes Farriols. Lo encontré en un libro titulado “Teatro, Solomonólogos”, de Editorial Nueva Generación. Allí, la cabeza de Ana Bolena refexiona sobre la situación de la mujer de hoy: violencia física, sexual y psicológica ejercida por parte de maridos, amantes, novios, parejas. Violencia sobre el cuerpo, presiones. Estereotipos a los cuales está sometida. Hábitos y costumbres que desecharía para liberarse de esta sociedad patriarcal.
¿Llego al texto o el texto llega a mí? Algo más que no sé. Comienzo a leerlo y sé adónde debo ir a buscar más material: A CASA DE MAMÁ. En un rincón, su desordenada biblioteca. Voy por un libro que ya leí años atrás: “La concubina del rey”, escrito por Norah Lofts. Para mi sorpresa, mi madre me ofrece dos libros más: “El trono codiciado” (Victoria Holt), novela cuyo protagonista es Enrique VII, rey sabio y prudente, padre del tristemente famoso Enrique VIII. El otro libro, “Su destino, el rey”, de Carol Maxwell Eady, narra la historia de Catalina Parr, la única esposa que sobrevivió al rey Enrique VIII.

Esta búsqueda que emprendo es mi hipótesis de trabajo, en el marco del taller de teatro al que asisto los días lunes. Al cabo de unos meses, resuelta la puesta en escena con simpleza, mi trabajo actoral sale a la luz.

En la atmósfera azulada, sobre el escenario del resto pub Chiqué, de Junín, una cabeza de reina, tuvo el valor de volver de la muerte; tomó forma, le habló a hombres y mujeres allí reunidos y habitó, con plenitud y naturalidad el eterno presente del acto teatral.

MAGDALENAS TRABAJANDO




Natalia Marcet

¡Mondonga recorrió nuevamente las playas del sur de Mardel !!



Mondonga, la cuentacuentos que encarna Natalia Marcet, recorrió como hace muchos años, las playas del sur de Mar del Plata.
Se encontró que las nenas y los nenes de antes son adolescentes, que las/os adolescentes de antes son mamás y papás, y que algunas mamás y algunos papás... ya son abuelas/os !!!!!

Natalia Marcet coordina dos talleres de investigación teatral en Dolores, su pueblo de origen, con el Auspicio de la Secretaría de Cultura de esa Municipalidad.
Uno de ellos se configuró como un grupo cerrado, cuyo objetivo es poner en escena El regreso del Tarta, un texto de Sebastián Cretón, uno de los dolorenses integrantes del grupo.

VIAJERAS en Villa Elisa
Nos habíamos acostado tarde. El día anterior, particularmente para mí, había sido una "maratón cocineril".
Habíamos festejado el cumpleaños de nuestra Directora en casa de Nilda, una de nuestras "Magdalenas Madrinas", y, toda la tarde el horno de mi casa había cocinado tartas, la mesada había sentido el picar de los puerros y los tomates cherrys, mientras la heladera terminaba de armar el ansiado lemon pie (gigantesco) que más que una torta era una promesa incumplida.
La danza se había extendido hasta las 3 de la mañana, teñida de la fatídica noticia "Marcela había cambiado el auto, no tenía los papeles en orden y si bien tenía a Yema (su nuevo y flamante auto) en su casa no lo podía sacar porque era un riesgo terrible. ¿Y si nos paraba la policía? En cuanto a Albino, el viejo auto estaba en manos de su nuevo dueño".
¿Cómo ir entonces hasta Villa Elisa? Villa Elisa era otra de esas asignaturas pendientes que no debíamos dejar de cumplir. Allí vive Vivi Posincovich, nuestra ilustradora, amiga de toda la vida de Laura (Emi, en Viajeras) quien luego de llorar viendo un ensayo había dado a luz esa hermosa ilustración que es nuestro afiche.
Algunas, Marcela y yo, pensábamos que se debía postergar. ¿Cómo salir a las 7 de la mañana en la Costera Metropolitana con todos los bártulos y llegar para la función de las 11? En mi caso, toda la comida aún no digerida por el intenso baile, me obligaba a razonar equivocadamente "posterguemos posterguemos" me decía una voz de Pochita rechoncha estancada.
Laura decía: "Yo me voy... hago el número de la valija... me lo llevo a Manuel (su hijo) y lo hacemos igual...Yo no puedo fallar."

Ahora en la distancia la entiendo. Muchas veces la contingencia de la coyuntura nos hace perder de vista la importancia nodal de cada una de las situaciones que una atraviesa como una heroína en este viaje que es la vida. Laura, me disculpo, tenías razón... Ella tuvo la "visión".
Anyway. Esperaríamos si Marcela conseguía los papeles a las 8 de la mañana en Don Torcuato.
Llegué a casa. Ni me desvestí. Dormí con una pierna colgando de la cama tratando de estirarme y hacer espacio para las porciones de lemon pie aún sin digerir.
A las 7 de la mañana sonó el despertador. Era Marcela, la dueña de Yema y de Albino, nuestro auto-transporte. No había conseguido los papeles pero el nuevo dueño de Albino nos lo prestaba para hacer la "gira". Además Albino había despertado en forma, había arrancado. La partida a Villa Elisa era un hecho.
A llegar a lo de Laura, nos encontramos con que Manuel había estado ensayando su número de magia y su número en la valija para actuar en caso de que Viajeras no pudiese viajar. Cargamos y partimos. Como de costumbre, Peque era la copilota.

Al llegar a Villa Elisa, más tarde de lo pautado, todos los vecinos del barrio que Vivi había convocado, nos esperaban. Fue llegar y ver esas caritas, ver a León, el hijo de Vivi, deambulando por el parque. Laura tenía razón, había que venir.
No usaríamos las puertas. Usaríamos los árboles.
Nos preparamos y en menos de media hora salimos al ruedo. El calor derretía nuestras pieles, pero la felicidad de hacerlo y compartirlo con una comunidad de vecinos que se había autoconvocado un viernes a la mañana para asistir a una función de teatro era mejor que cualquier aire acondicionado. Esa función nos acondicionó el alma.
Al terminar, estábamos tan contentas que nos olvidamos de pasar la gorra. Una de las mamás, nos dijo "¿Y la gorra?" Entonces la pasamos.
Cuando todos los vecinos se fueron, nos quedamos comiendo empanadas que Vivi había hecho, berenjenas, y charlando, mientras León, el nene de Vivi, deambulaba desnudo por el parque.
Lo repetiríamos. Pero a partir de ahora con intercambios con las/los artistas de la comunidad.
Al subir al auto y regresar a Capital, nos reímos, nos dormimos y cantamos.
Las Viajeras habíamos jugado en el parque de Vivi, otra de las VIAJERAS, de las que miran de afuera y registran con sus manos de hada.
El último viaje de Viajeras de 2009, el último viaje de Viajeras estaba llegando a su fin. Albino, el auto de Marcela sería entregado. Y, como todo héroe, se retiraba con gloria de las lides de las giras de Viajeras.

Gracias Vivi, gracias Laura por no perder la visión.
Natalia Marcet

AGENDA

El alma inmoral, del rabino brasileño Nilton Bonder, con la actuación de Luisa Kuliok y la dirección de Lía Jelín.
El autor nos cuenta que, a diferencia de las creencias tradicionales religiosas, el cuerpo es el ente moral, ya que debe someterse a los dictados de la naturaleza, mientras que la inmoralidad reside en el alma humana, ente subversivo y cuestionador de todo. En un monólogo cargado de espiritualidad y enseñanzas, pero también de humor, Luisa Kuliok desnuda su propia alma inmoral, cuestiona las interpretaciones bíblicas y se purifica en un baño de verdad y sabiduría.
En el teatro Payró, San Martín 766 (4312-5922), viernes y sábados, a las 21, y domingos, a las 20.30. Localidades: $ 50.-


Esa extraña forma de pasión, de Susana Torres Molina.
Tres historias, tres situaciones inspiradas en nuestro pasado, tres fragmentos de la década del 70 en la Argentina. Independientes entre sí, las escenas se entrelazan en un montaje que se acerca al audiovisual, permitiendo desentrañar cada estímulo en una nueva significación sobre ese trauma social, y sobre nuestra visión sobre el pasado y el futuro.
En El Camarín de las Musas: Mario Bravo 960 (4862-0655), sábados, a las 22, y domingos, a las 20.30. Entradas: $ 40, con descuentos a estudiantes y jubilados.


Querida mamá o Guiando la hiedra, sobre cuentos de Hebe Uhart, adaptación y dirección de Laura Yusem, con Julieta Alfonso y Martha Rodríguez. Música original: Cecilia Candia.
Creando una atmósfera donde la rutina se vuelve algo trascendente, Laura Yusem desmenuza uno de los vínculos de sangre más significativos, echando luz sobre lo bello y lo trágico de lo cotidiano.
En Patio de Actores: Lerma 568 (4772-9732 / patiodeactores@fibertel.com.ar), sábados, a las 21. Entrada: $ 30; estudiantes y jubilados: $ 20

Feliz 2020