miércoles, 26 de julio de 2017

Encuentros


Cuando era chica jugaba con mis amigas a lo que llamábamos Jugar a encontrarnos. María, Vivi, Ale y yo. Era delicioso. Duraba todo el día. Abarcaba las dos casas que se comunicaban por polvorientos galpones traseros. Marlos, gatos salvajes, árboles frutales, cuadra de panadería de mi abuelo, taller metalúrgico de un padre, pajareras de otro padre.
Con otras mujeres, las Magdalenas, ahora jugamos un juego parecido. Nuestros Encuentros son  más esporádicos pero también más largos y anchos. Igual de delicioso.


El que estamos tramando para este noviembre durará diez días, abarcará dos localidades, y convocará artistxs de muchas partes del mundo.


En este encuentro que soñamos y realizaremos en noviembre jugaremos, buscaremos, cada una de nosotras encontrará otrxs en la misma búsqueda. Y tal vez se develarán algunos escondites...





Jugar a encontrarse
Cuando éramos chicas, con mi hermana menor y dos amigas (una de ellas, Vivi) jugábamos a “encontrarse”. Así se llamaba el juego, que consistía básicamente en nuestra propia versión de las escondidas. Estábamos muy orgullosas de haberlo inventado, de haber cambiado las reglas del tradicional. Al igual que en aquel juego, alguien contaba y las demás se escondían. Pero a diferencia de él, las que se escondían no podían permanecer en el mismo lugar. Y las que buscaban podían (valía) distraerse en el camino (por ejemplo, dejar de buscar y ponerse a cortar hinojo de la cuneta para darle de comer a los conejos). El juego podía durar horas, el día entero, siempre Vivi con Andrea, mi hermana menor. Y yo con Mimi, la hermana melliza de Vivi.
Esto ocurría en Manuel Ocampo, nuestro pueblo de casi 3000 habitantes, cerca de Pergamino, allá por la década del 70.
Tan trascendental fue ese juego que hasta hace poco duró el secreto de los lugares secretos que cada dupla tenía. Nos divertíamos mucho y poco importaba perder o ganar. Perder singnificaba que ellas nos encontraran rápido y tener que contar y pasar nosotras a buscarlas a ellas. Y ganar significaba que no nos encontraran en horas, y en el interín, nos encontráramos nosotras mismas.
Nuestro lugar secreto –el de Mimi y mío- era la cuadra de la panadería que había en el corralón de nuestra casa: Mimi y yo trepábamos a lo alto de una pila de bolsas de harina que llegaba casi hasta el techo: allí, blancas de harina, nos contábamos cosas y si sucedía que abajo pasaran ellas, nos mordíamos de risa porque no sospechaban en absoluto dónde estábamos ni que las estábamos espiando… Un día se detuvieron justo allí abajo. Se sentaron: comentaron con bronca lo difícil que era ese día encontrarnos, comieron unas galletitas y se contaron cosas… Con Mimi no se nos movía ni una pestaña, no queríamos perdernos nada (y el palpitar de nuestro corazón casi no nos dejaba oir).

Los caminos de las cuatro amigas siguieron sus cauces. Y nos gusta decir que seguimos siempre jugando a encontrarnos.


Todo para recordar que en noviembre de 2011 hemos vuelto a jugar a "encontrarse" con muchas más, hermanas y amigas. Pero esta vez fue en Dolores, otro pueblo. 

Y todo para anunciar que en noviembre de este año, 2017, volveremos a jugar

Buscar. Buscar y distraerse en el camino. Encontrar en el distraerse. Contarse cosas. Hacer cosas. Esconderse. Cambiar de lugar. Esconderse para encontrarse. Espiar a las otras (ser espectadora). Encontrar-encontrarse.

Me parece que nuestro juego de infancia comparte todas estas acciones con un Encuentro Magdalena. Quienes más quienes menos ejecutamos algunas o todas estas acciones con el objetivo principal de encontrarnos: 

Buscar
a quienes trabajan en condiciones parecidas y necesitan el aliento y la confianza y reafirmación de la fe en el oficio

Esconderse

Distraerse
A veces hay que ir para otro lado para encontrar

Cambiar de lugar
Tomamos seminario, damos seminario, somos espectadoras, protagonistas, servimos las mesas, nos encargamos del silencio, lavamos los baños, hacemos una torta, dirigimos, barremos el escenario
Y no tener nada por seguro, por dogma, más que el placer de trabajar.

Contarse cosas
Crear redes, conocernos, saber que a vos te pasó lo mismo que a mí. O parecido. O nada que ver.

Espiar

Encontrar
Belleza. Dedicación. Exigencia. Amor al oficio. Tolerancia. Paciencia. Tanto trabajo. Sabiduría. Qué hacer con los sueños.

Encontrarse

LAS QUE CANTAN

Vengo a decir que en los rincones
más difíciles del planeta
están cantando las mujeres
con voz de pueblo escarmentado.
Se supone que vociferan
para morir un poco menos.

Sólo el dolor, la fiebre, el odio,
el desafío y la desgracia,
sólo una voz inofensiva
cantan las mujeres que cantan.

Fadistas de Portugal,
enlutadísimas de España
inclinadas segando siegan
espirales de rabia y queja,
liquidan su ración de sueño
con furiosa maternidad.

Coyas, princesas miserables
de una América de arpillera,
queman ancestro alcoholizado
en lamentos como cuchilladas.
Hay que dejarse herir, caer
en su dolor, amar su llanto
y comprobar cómo la tierra
busca sus desolados huesos.

Brujas pálidas de Oriente,
lustradas hechiceras de Africa,
custodias de padecimientos,
celebrantes de la miseria
que lamentan inútilmente
fatalidades ordenadas
por dioses vanos y hombres crueles.

Les asignaron sed atávica,
desesperada obligación,
y ellas amenazan morir
en repertorios de quejido,
de belleza perdonadora.

Sólo vengo a decir que cantan
y que el mundo no se arrepiente
de sus gargantas infernales,
de sus corazones prohibidos.

Sólo vengo a decir que acaso
nos están echando la culpa.

María Elena Walsh