viernes, 13 de enero de 2017

Lucia Sander. Las mujeres y el teatro

el regreso

            Conmemorando el regreso del blog del Proyecto Magdalena 2ª Generación, vuelvo a pensar en el binomio Mujeres y Teatro que, a pesar de no ser ya tan extraño, aún produce cierta incomodidad en círculos más conservadores. Al fin y al cabo, durante muchos siglos, el teatro fue cosa de hombres. Como nos cuenta la Historia Oficial, el teatro occidental, así como lo concebimos, tuvo sus inicios en la Grecia de Pericles, en el siglo V de la era pasada, como una forma de arte estrictamente masculina, o sea, concebido, escrito y representado por hombres y, posiblemente, para un público exclusivamente masculino, no se sabe con certeza. Durante muchos siglos, el teatro siguió siendo unisex, incluso cuando, al final de la Edad Media, las mujeres comenzaron a integrar el público de teatro de calle. Durante el Renacimiento los roles femeninos todavía eran interpretados por hombres y fueron esos jóvenes adolescentes, inmaduros aún, los que primero dieron vida a Julieta y a Cleopatra de Shakespeare – y que produjeron un homo-erotismo que, en este contexto, no cabe comentar. Fue recién a fines del siglo XVII que las mujeres comenzaron a subir al escenario, a pesar de los daños que esto causaba a su reputación, y allí permanecieron durante largo tiempo, como en una vidriera, sin ningún poder de intervención en la concepción y montaje del espectáculo que protagonizaban. Era así, felizmente no lo es más. Hoy tenemos acceso a las más diversas funciones de producción teatral como escritoras, directoras, técnicas, productoras… a pesar de que las mujeres siguen siendo en su mayoría costureras, maquilladoras, peluqueras y ocupando, en menor cantidad, funciones de poder en el teatro. En fin, pasaron más de 20 siglos desde la invención del teatro en la Grecia Antigua hasta que las mujeres pudieran tener participación efectiva en el quehacer teatral y en todas sus funciones. O sea, primero fue el hombre y después la mujer, tanto en el Jardín del Edén como en el teatro, solo que en el teatro el estreno de la mujer tardó más, ¡el parto duró más de 20 siglos!
¿Pero, será que fue así, tal como nos cuenta la Historia Oficial? Investigaciones y descubrimientos arqueológicos recientes ocasionaron una reescritura de la Historia, incluso de la Historia del Teatro Occidental y de su nacimiento en la Grecia Antigua. El descubrimiento de una investigación a fondo sobre los Juegos Píticos, realizados en la Grecia de entonces, nos dirá mucho al respecto, a nosotras, mujeres hacedoras volcadas al teatro. A partir del siglo VI de la era pasada, los Juegos Píticos en honor al dios Apolo se realizaban periódicamente en la ciudad griega de Delfos, frente al Monte Parnaso. Esos juegos son los antecesores de los Juegos Olímpicos realizados en Olimpia e incluían competiciones de música y poesía. Así como más tarde sucedió en las Olimpíadas griegas, se prohibía la participación de las mujeres en estos juegos y también su presencia en las competiciones. Como esa era una ocasión de alabanza a los dioses del Olimpo, cabe preguntarse si las mujeres griegas también habrían rendido honores a sus dioses y cómo habrían sido sus rituales, omitidos en la Historia Oficial.
Y fue así que, a través de la investigación sobre la vida de las mujeres griegas de entonces, los arqueólogos encontraron evidencias de que las mujeres también rendían homenaje a los dioses en ocasión de los Juegos Píticos. Se descubrió que mientras los hombres competían por la fama y los premios que recibían en los Juegos Píticos, las mujeres subían al Monte Parnaso, en la misma ciudad de Delfos, para honrar al dios Dionisio (Baco para los romanos), el dios del vino, de la fiesta, de la fertilidad, el protector de parias. Las mujeres se reunían en lo alto del Monte Parnaso para realizar danzas sagradas y ofrecer banquetes en honor a Dionisio. El culto dionisíaco era acompañado por alegres cantos, himnos corales, mímicas y duraba varios días. Las mujeres usaban guirnaldas de hojas de viña, se cubrían con la piel de un macho cabrío en homenaje a Dionisio y comían carne cruda para incorporar la fuerza divina. Danzaban hasta llegar al trance y eran conocidas como ménades o Bacantes.
            El culto de las mujeres a Dionisio, considerado como un delirio sagrado de mujeres, fue posteriormente adaptado con el fin de integrar los festivales religiosos en Atenas. O sea, el ritual de las bacantes descendió del Parnaso para la ciudad y sufrió alteraciones, como la inclusión de hombres en el culto antes femenino que pasaron a danzar en rivalidad frenética como las bacantes. Según investigaciones recientes, fue del culto secreto de las mujeres a Dionisio, en el Monte Parnaso, que surgió un nuevo tipo de culto en Atenas que, a su vez, dio origen al teatro griego, tal como lo concebimos hoy. Al final, tal vez fueron las mujeres las que inventaron el teatro, ¿será? ¿Habría la Historia usurpado nuestros derechos autorales? Es posible, hace milenios esa fue y sigue siendo una práctica de rutina. Sabemos que la historia "oficial” es siempre más confiable, por lo tanto no vale la pena discutir con la Historia Oficial, o exigir patente; y sí tratar de recuperar nuestro espacio y honrar nuestra herencia.
Cuando llegué por primera vez al Oráculo de Apolo en Delfos, justo enfrente al Monte Parnaso – una visión para ser sentida y no descrita –,pensé en las bacantes, en su orgía sin cuidado y sin censura,  lejos de los hombres y de sus leyes, ellas y su danza, su canto, su banquete de placer, su culto, su teatro en las nubes…


                                                                                              Lucia Sander                                                                                                Enero de 2017