miércoles, 11 de enero de 2017

Cruzar la frontera

por Natalia Marcet

Las siguientes es una de las crónicas de las tres presentaciones realizadas en contexto de encierro de menores por una parte del Equipo de Palabras con Voz, en el marco del Programa Vacaciones en la Escuela, durante el mes de enero de 2017.
Los penales visitados fueron el Instituto Belgrano, el Instituto San Martín y el Instituto Agote.
El equipo de Palabras con Voz (grupo de artistas creado y coordinado por Silvia Finder Gam) estuvo en este caso integrado por Marcelo Aptkermann (psicólogo, narrador oral), Tatiana Duarte Mell (actriz, cantante, música), Silvia Finder Gam (actriz, narradora oral, pedagoga) y Natalia Marcet (actriz, pedagoga teatral, música, escritora, narradora oral )

1-Miércoles 11 de enero. Contexto de encierro, Instituto Belgrano

A las nueve. Llegamos todos a las nueve. Bajo del taxi a diez metros. Llevo el acordeón porque cada vez que me enfrento a una situación distinta, cada vez que me enfrento a un cambio de piel, me aferro a él... que saca la voz de mis entrañas y deja que el miedo descanse, que otros maestros guíen mis pasos. 
Estoy cambiando la piel. Desde hace un tiempo, en que nada hay para sostener, en que las carcazas se desmoronan, se me queman las manos, los amigos se hacen amores que amedrentan, amores que invitan a crecer y el trabajo me arroja, en carne viva a rozarme con el dolor de la gente, la piel ha cambiado. 
Estoy a tres días de mi cumpleaños y la piel renace, como tantas otras veces. 
Silvia me ha dicho “vamos a encierro” y decidimos ir.  Marcelo, mi nuevo compañero, se suma, y Tatiana, luego de reflexionar sobre si va o no va, decide ir.
Llega Tatiana con su hermoso shortcito, Marcelo sin nada, Silvia con su  instrumento que me vuela la cabeza (no sé como se llama, siempre me olvido de preguntarle) y yo aferrada al acordeón (que luego se caerá como todo se cae y tendré que llevar a un luthier)
Entramos. Silvia no ha dormido. Yo he hecho seis horas derecho, Tatiana se ha encremado y Marcelo ha llegado muy bien dormido, muy bien comido, muy bien afirmado.
Dejamos los documentos.
Caminamos por un pasillo.
Nos recibe Delfina y un cerrojo al abrirse nos da paso a un mundo diferente. 
Allí están ellos. 
Ellos son los que nos esperan. 
Hablamos con Delfina. Pregunta a  Silvia como poder hacer un tótem y  sacarlos  de la mística tumbera. Y  Silvia habla de la conexión del armado de un totem a partir del mito de la creación de la Naturaleza. Marcelo agregará sobre la necesidad de la conexión con el linaje personal de antaño.
Lxs escucho y una vieja canción inuit viene a mis dedos que están aferrados a mi acordeón. Se suma Tatiana con ukelele y canto. Silvia con su instrumento a mi lado y Marcelo con su voz de bajo profundo. Parece un canon de Iglesia. 
“Cuáles son mis encierros?”, dirá más tarde Tatiana. “Cuáles son los míos?”, pienso yo. Y esa pregunta me queda rebotando todo el día. 
Entonces ellos entran. Se acercan.  Saludan.  Algunos nos dan la mano y nosotras les damos un beso. “Matías”, recuerdo que dice uno y a mí se me iluminan los ojos, “como mi Matías”, digo, mi hermano más chico.
Uno se tiene que ir porque tiene que estudiar “Biología, célula”, y de eso sale el tema del aparato de Golgi, la mitocondria, y componemos “El vals de la mitocondria”.
No recuerdo el orden. Quién empezó? Fue Marcelo con su cuento del caminante? Sí, claro, y luego yo con mi cuento de familia, con el que abro mi corazón, mi inocencia, mi pavura. Y por supuesto caerá la Tía Chichina, ella me devuelve la risa y siento que el alma de cada uno de ellos se está poniendo de este lado, del lado de acá. 
Todo es transitorio, pienso todo el tiempo.
Y Tatiana cuenta de su encierro, de como su ukelele, la deja salir del encierro de su cuerpo y deja que su voz, su hermosa voz, nos inunde de belleza. Tatiana se emociona. Tatiana florece y ellos, que son en edad sus pares y solo los diferencia un contexto, le abren el corazón. Tatiana canta y luego cantamos El Pescador, juntas, y terminamos con una cumbia en el acordeón, Negrito. Y todos se paran. Y bailamos. Baila Silvia. Baila Tatiana con alguien bello que ha mirado todo, todo el tiempo abriendo su alma. Tatiana baila y todas y todos bailamos y cantamos. Y por un momento siento que cruzamos la  frontera. La primer frontera. La frontera del cuerpo. Por un momento siento que la piel se cae y la cambiamos y hacemos una nueva piel, una piel que es más profunda y trasciende las circunstancias. Una piel universal y que es la piel de la almas. Esas porciones extraidas al Alma Infinita que nos conecta. 
Se tienen que ir a estudiar. 
“Nos  vemos pronto, en otro lado”, les dice SIlvia: esperanza,  les da la esperanza. Los mueve a salir y a  salir bien. 
El abrazo es único e infinito. Un segundo. Una eternidad finita que nos sobrevuela.
Conmovidos recibimos al otro grupo.
Son tres. 
Hay uno que no quiere escuchar. Tiene su tereré. El que está a su lado le discute y lo intenta animar a que escuche. Lo reta porque me ha saltado en la ronda del tereré pero él le explica que yo ya le he hecho señas de que no quiero. El del medio todo el tiempo lo insta a que escuche, hasta que Silvia lo detiene: “si n oquiere es porque no quiere, no lo fuerces”, le dice. Y seguimos.
Marcelo cuenta su cuento del anillo. El se anticipa diciendo que lo sabe pero Marcelo le retruca diciendo que no es el del origen del ajedrez sino otro, el que termina con “esto también pasará”.
Sigue Silvia. De anillo en anillo. El anillo encantado de la Andruetto. Morimos de risa y amor todxs. Y culmino yo con la leyenda de Galahad.
Los del otro grupo van y vienen todo el tiempo por fuera y se apoyan para escuchar. 
Tatiana nuevamente canta. Abre su voz, su corazón, rompe su encierro y traspasamos otra frontera. Cantamos y Silvia por lo bajo me dice un mantra. 
Y llega “Caro dolce”. Les cuento la historia de cómo me llegó Caro Dolce. Se las canto y les ofrezco enseñárselas para cantarla juntos.
La cantamos. 
Por un momento se detiene todo. Algo se congela en el Universo y siento que si el papá de Francesca estuviera vivo me hubiera gustado contarle ésto. 
Silvia les habla. Les dice “si quieren decir algo”... entonces salta el que estaba sentado en el medio, Matías,  y dice: “quiero decir algo : vuelvan”.
“Vuelvan”, nos dice. Y nos emocionamos. Nos abrazamos, nos despedimos. Nos tenemos que ir. Estamos todxs en estado de flotación. 
Otra frontera que se atravesó.
Esta mañana las palabras con su voz disolvieron las diferencias  entre vos y vos. Hoy, una única voz, la voz del alma, cruzó las fronteras entre vos y vos y vos y yo. Nos hizo, por un segundo más allá de todo: nosotrxs.
Infinitas gracias