domingo, 30 de marzo de 2014

TANGO, por Ana Woolf

Tango, lo que hay detrás o 
Dime lo que danzas y te diré quién eres 

                                                                                  
Tomo el texto. Leo:

Personajes:
ÉL - ELLA

UN HOMBRE Y UNA MUJER SENTADOS FRENTE A PÚBLICO. PERMANECEN INMÓVILES.

Estas son las únicas indicaciones de la autora a lo largo de todo el texto.
Lo demás es silencio, danza pura a través de la palabra pero, sobre todo, a través de lo no dicho. En las primeras frases del texto se define todo, las cartas están en la mesa y los jugadores, El y Ella, ya están jugando. EL, marcando el paso (normas), ELLA, aceptando la marcación-la mano.

ELLA: Hace calor.
ÉL: Los brazos forman un arco.
ELLA: ¿Podrías abrir la ventana?
ÉL: Entra corriente. No dobles el codo.
ELLA: Tengo miedo.
ÉL: Dejate llevar. Como un trapito.
ELLA: ¿Y si te piso?
ÉL: Atenta a mi mano.

Bailo tango. Lo bailo cuerpo a cuerpo, regla a regla- mano izquierda a “seguí la marcación nena”. Cada vez que entro a un salón dejo mi cabeza afuera (¿se puede?) Y decido bailar. Jugar el juego barajado por EL. Sé que una vez allí adentro del abrazo, el juego no puede ser interrumpido. Una vez comenzado el baile o el duelo “sexual” como dice Zangaro, tiene que seguir hasta acabar  EL, tango, hasta el “máteme” y “muero”, hasta la unión de pasión y muerte, hasta el encuentro trágico en el delirio del éxtasis de la danza que se vuelve bacanal.


Planteando preguntas

¿Por qué me quedo?
¿Por qué ELLA se queda? ¿Por qué nos quedamos? ¿Cuáles son las estrategias de “enganche” que nos hacen saber que ahí está la puerta y no podemos salir.
Lo llamado sexo
Lo categorizado género
   Lo recibido
Lo consumido
       Lo no pensado
Lo aceptado         Lo consumido
Lo que creemos “natural”
tiene su origen. Su genealogía. Su momento de construcción.

¿Quién construyó las reglas del tango en su pasaje de danza de hombre con hombre a mujer con hombre?
Los roles son trampas que nos agarran fuerte.

Y había una vez “la tradición”.
La palabra proviene del sustantivo latino traditio traditionis (entrega transmisión): apunta a lo que se entrega o transmite de una generación a otra, y en su raíz está el verbo tradere, «entregar».
“Tradición es cada uno de aquellos acuerdos que una comunidad considera dignos de constituirse como una parte integral de sus usos y costumbres” – dice el diccionario.

Lo dijimos ya: ninguna mujer osaría en ese cuadrado que es el mundo –pista, interrumpir un tango y salirse del área. Esta sería una traición ¿a quién? ¿A la tradición?

Pero la tradición contiene a la traición: de la misma raíz tradere, entregar, pero en este caso algo o alguien al otro bando, al enemigo.
¿O sea que podemos?

Dime lo que danzas y te diré quién eres
O Somos lo que danzamos

Nacemos (o incluso antes con la ecografía) y de la categoría “bebé” pasamos a ser “es una niña”, “es un niño”. La denominación es un modo de fijar una frontera y también de inculcar repetidamente una norma, dice una estudiosa del tema: Judith Butler.

En el TANGO como danza, la tradición debe ser mantenida, así como la transmisión de los roles de género fijada, inamovible. El sexo (que ya trae consigo la identidad de género) determina el rol que se va a jugar y cómo se lo va a jugar, en el tango y más allá del tango. Lo masculino y lo femenino están diseñados como categorías con funciones estáticas, imposibles de cambiar y cualquier intento terminará en punición. Codificación de gestos y acciones. Codificación de modos de vincularse y de una forma de establecer una relación. Desde lo pequeño, desde lo micro: “la danza de dos” hasta lo acro. 
Bailar el TANGO es también una manera de ser latinoamericana. Una manera de crear relaciones entre hombres y mujeres no solo durante los instantes de la danza sino más allá de una  pista de baile.
Somos lo que danzamos sí, pero sobre todo somos lo que está más allá de lo que decidimos danzar. Somos lo que está en el espacio del abrazo entre EL y ELLA, en esa resonancia que se nos queda dentro en forma de sentimiento/pensamiento que nos suscita el escuchar: “déjese llevar como un trapito”. Somos lo que queda en esa resonancia que queda en la zona de nuestras tantas cosas no dichas. Tanto para EL como para ELLA, estamos todas y todos en el entramado de la araña-social.


¿Será que comprendiendo/viendo/ mostrando lo que está en el silencio de la danza, entre un enganche, un amague, entre un ocho y otro ocho, entre un gancho y un boleo,
podemos seguir danzando sabiendo qué bailamos cuando bailamos?
Sabiendo con consciencia -de quien baila en la pista y de quien baila sentado-sentada en la mesita del salón que, en esa zona donde la tradición llega a su cúspide, el juego tiene un tiempo de duración determinada y una puerta de entrada y salida.

Las reglas son históricas pero no historia desde siempre y fija por la categoría “naturaleza”. Dancemos con la consciencia de que somos transmutables, transformables, construcciones efímeras que pasan por un salón de danza llamado “vida” solo por el instante que dura el tango -la marcación- que hemos escogido seguir, danzar.




Me gustaría que nuestro TANGO de Patricia Zangaro, pero danzado por Tina-Roberto Gutto y yo, pueda decirles mientras lo danzamos con ustedes:
Hay un campo del discurso y del poder que orquesta, delimita y sustenta aquello que se califica como  “lo humano” (Judith Butler)

Cuestionemos pues la misma “humanidad”.



Ana Woolf