domingo, 30 de marzo de 2014

ANDREA RABBIH, por Natalia Marcet

Imperdible!

Andrea Rabbih : La cotidianeidad del dolor, la belleza del amor realizado.

La recuerdo por sus piernas largas, sus ojos gigantescos, brillantes (nunca diferencié si grises o celestes), su elegancia casi radiactiva y su forma de entrar al salón de clase.
Me recuerdo escuchando sus palabras. Mirando su pasar y leyendo sus textos. Sabiendo que ella pertenecía a una jerarquía intelectual por encima de mis primeros pasos en el mundo académico.
Recuerdo sus poesías. Ella integraba un grupo junto a alguien, que por esos tiempos, acunaba mi corazón.
Pasaron los años. Le perdí el rastro.
A la vuelta de la vida, por un amigo en común, me entero de que Andrea ya no está con nosotr@s en este mundo. Una metástasis de un melanoma olvidado estalla  en su cuerpo, luego de un embarazo, y su  vida se esfuma en poco tiempo. No por ello deja de escribir… Me pregunto si la literatura habrá sido en esos momentos, su forma de intentar seguir por acá… Creando mundos que la alejaran del dolor cotidiano.
Ese mismo amigo me comenta que un profesor nuestro ha compilado su obra narrativa completa ( y no su poesía, pienso. Andrea era poeta). Y que uno de sus cuentos se llama ``Melanoma’’.
Me aterro y me tiento. Ella ha escrito sobre su dolor….
Me lanzo a buscar sus obras completas y las encuentro en una librería de Buenos Aires. Las devoro.
Encuentro allí, además de sus cuentos ya conocidos y premiados  (El polaquito, La diferencia, Claramente dormida), una escritura que me devuelve la frase de un maestro “que cuando narres, Natalia, tus palabras creen en la mente de quien te escucha o te lee, la película que querés transmitir”. Una escritura que se ocupa a la vez de temas como su enfermedad, pero también de cosas consideradas como “menores”, dentro de un canon literario  aún machista y homosocial: la depilación, la obsesión por la belleza, el cuidado obsesivo del cuerpo, el amor, la relación con la madre… la salud… Y una literatura que derriba mis clichés: en Todos contentos, Andrea me devuelve la comunión entre la felicidad y la belleza Literaria : se puede escribir bellamente sobre finales felices… Sobre el Amor realizado…
La escritura de Andrea, al decir de su prologuista y compilador, Carlos Gamerro, no cae en lo que él mismo ha llamado “la coartada moral”: esto es que un tema se basta a sí mismo por su peso e importancia. Su sintaxis, su música, sus palabras, la estructura y la resonancia de sus textos están trabajados como una orfebre pule su diamante. Con una ferocidad que nos obliga a ser feroces a la hora de la lectura, y no pactar con el empaste emocional con el tema y dejarnos invadir por el laberinto de su Literatura, que nos lleva al corazón del asunto, descarnadamente.
Una ferocidad que, por lo demás, espeja, en cada palabra cincelada por esta pluma de mujer, su  legado: la mirada acuñada por  el paso de su alma por esta vida
Andrea Rabbih nació en 1967. Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires. Sus cuentos La diferencia y Claramente dormida obtuvieron el Primer premio de la Bienal de Arte Joven y El polaquito en el Concurso de Cuentos “Eva Perón”.En el año 2000 la Editorial Slmung publicó Cera Negra donde la crítica halló una narradora excepcional. Murió de un melanoma el 10 de noviembre de 2001
Sus obras completas han sido publicadas por Editorial Eduvim, con prólogo de Carlos Gamerro.

Natalia Marcet


Para disfrutar y tentarse : dos extractos.

TODOS CONTENTOS
“…Imaginó una flor de loto gigante, los pétalos tersos e iridiscentes sosteniendo luces de colores y joyas lujosas pero no por eso carentes de delicadeza ; luego, el sonido arrullador de un campo de bambúes, el viento fresco, haciéndolos oscilar como dóciles bailarines. Sumido en el acompasado vaivén de un bote austero. Se dejó acunar hasta que, de pronto, el ritmo de Yi Hui se plegó a los acordes de una sinfonía eufórica y guerrera. Entonces, Eugenio conoció el vértigo. Ese desenfreno loco y egoísta  que ,al tiempo que nos hace perder la consciencia, nos transforma en puro cuerpo desbordado de placer .Y al vértigo le siguió un grito, acaso de intensa felicidad o de profundo dolor, pero no sabía bien, porque él también había gritado.
El eco de sus voces se fue disolviendo como la espuma, hasta confundirse con el sonido del viento que continuaba golpeando afuera; aunque quizás se tratara también, del ritmo acompasado de  sus respiraciones que, al aquietarse, remedaban el murmullo fresco de una cascada de agua …”

MELANOMA
Medusa
“… Marina pensaba en la metáfora de una casa. Antes, la muerte estaba en la habitación de al lado; ahora, se había alejado unos metros, esperaba en el hall de entrada, o un poco más afuera, en el angosto y vertiginoso hueco de los ascensores.
Con el correr de los días, las pelucas fueron transformándose en un estorbo: se caían al sacar un pantalón de una percha o al guardar un tapado largo. Como dejó de lavarlas y peinarlas, fueron cubriéndose de polvo. Ahora que las veía deslucidas e inmóviles sobre sus cabezas de telgopor, le parecía rarísimo que se hubiera atrevido a usarlas. Por momentos llegaba a pensar que no había sido ella sino otra persona, la que salía a la calle a veces pelirroja, otras veces rubia; otros días de rotundo negro azabache.

Las noches también fueron cambiando y paulatinamente, ganaron tranquilidad. La televisión encendida, la luz de los veladores guiando la lectura, el té de canela saboreando lentamente la charla cotidiana. Un día, sin embargo, quiso sorprender a Ramiro con la peluca pelirroja, pero estaba toda enredada, y, aunque se había pintado los labios, el efecto no fue el mismo. No se atrevió a aparecer. Se quedó en el baño y, mientras escuchaba la voz lejana del noticiero, se aplicó una espesa capa de crema de limpieza y retiró on cuidado los restos del maquillaje diurno, ya deslucido. Cuando se metió en la cama, la habitación estaba en penumbras y la espalda de Ramiro se movía pausadamente, incorporada de lleno al primer sueño, que en él era siempre el más profundo...”