sábado, 12 de octubre de 2013

EL ABRAZO DE LA ILUSIÓN. Julia Varley


La ilusión
Mi rostro no se ve durante todo el espectáculo Ave María. Durante gran parte del mismo estoy escondida debajo de la máscara de Mr Peanut, una calavera, y durante el resto estoy cubierta por un velo y un gran sombrero negro. Represento la Muerte. No tiene que verse mi piel desnuda, me explica el director. Los espectadores nunca encuentran mi mirada y muchas veces cierro los ojos, concentrándome con esfuerzo para orientarme sin ver. Es un espectáculo que me deja exhausta, y sin embargo está animado por una necesidad vital. ¿Qué queda de una actriz cuando no está más? ¿Su huella en la historia dura solo el tiempo de sus espectáculos? ¿Cómo puedo luchar contra el olvido y mantener en vida a personas que han significado algo para mí, como por ejemplo María Cánepa? En el espectáculo en un cierto momento digo: "Puede ser que la actriz muerta tan amada por sus colegas haya encontrado una nueva vida. Yo no lo sé. ¿Quién podría saberlo? ¡Tal vez sea solo una ilusión!" Cada vez que presento el espectáculo tengo la ilusión de hallar una respuesta a estas preguntas.

María Cánepa
Conocí a María Cánepa durante una gira del Odin Teatret en Chile en 1988, eran los tiempos de la dictadura del general Augusto Pinochet. Algunos actores chilenos nos habían invitado aprovechando nuestra estadía en Perú. Organizaron nuestro espectáculo Talabot en una iglesia y nos hospedaron en sus casas. Yo vivía en el centro de Santiago, en el departamento de María y de su joven marido, el director Juan Cuevas. Comía con ellos todos los días antes de ir al trabajo. Me cuidaban. María era una actriz del Teatro Nacional chileno, acostumbrada a crear sus personajes a partir de un texto. Era católica, ordenada, grácil, delicada, emotiva, rubia, actriz de la cabeza a los pies: muy diferente de mí.
En Chile, entre 1973 y 1989, el teatro era una precaria isla de libertad. La censura del régimen no cerró todas las salas teatrales para evitar una reacción internacional: en el fondo, un espectáculo reunía pocas personas. El teatro no tenía la fuerza de combatir frontalmente la represión, pero estaba en condiciones de garantizar una cultura paralela como espacio de encuentro, memoria y diálogo. María participaba activamente en estas actividades, abriendo escuelas, enseñando, fundando grupos, haciendo espectáculos.
Era ya anciana cuando la conocí y sin embargo todo en ella me hacía pensar en una niña. Después de ese momento, la volví a encontrar muchas veces, en Chile y en Dinamarca. En sus últimos años para tener noticias de ella, mantenía correspondencia con su marido Juan.

El matrimonio de María

De: Juan Cuevas
Enviado: 04 Julio 2006 00:45
A: j.varley
Asunto: María

Querida Julia,
En estos meses María presenta un cuadro de Alzheimer bastante avanzado. No se ubica en el tiempo ni en el espacio, no reconoce a las personas pero cada tanto me reconoce. En cierta forma hemos tomado las precauciones necesarias, tenemos una empleada que vive con nosotros y una enfermera que la ayuda. Todas cosas de tipo práctico que recomiendan los médicos para volver soportable esta parte de la vida. Querida Julia cuéntale a Eugenio para que esté informado porque María los ha tenido siempre en su corazón. Quiero que sepan que incluso si esta enfermedad de María a veces me angustia, logro soportarlo y mis energías se concentran en hacer que ella esté lo mejor posible.
Los abraza con el afecto de siempre
Juan

De: Julia Varley
Enviado: 5 Julio 2006 15:55:08 +0200
A: Juan Cuevas
Asunto: RE: María

María y tú han estado y están siempre muy próximos. Sé que debe haber sido muy duro vivir con una persona querida que es la misma y es otra al mismo tiempo. La cosa importante es que no sufra, y que sea dulce como fue siempre. Iben ha terminado justo este año el espectáculo El libro de Ester en donde habla de su madre, una escritora que al final de su vida se volvió senil y ya no recordaba nada. Es un espectáculo conmovedor que espero podrás ver algún día. Escríbenos si podemos hacer algo. Una vez me hablaste de una alumna que quería hacerle unas entrevistas a María. ¿Ha terminado? Me gustaría traducirlas al inglés. Quisiera que también en Europa muchas mujeres puedan conocerla.
Esperando vernos pronto, un gran abrazo de
Eugenio y Julia

De: Juan Cuevas
Enviado: 07 Julio 2006 00:33
A: j.varley
Asunto: RE: María

Querida Julia,
Gracias por tu pronta respuesta. Me preguntas si pueden ayudar de alguna manera y creo que sí. Por ejemplo se puede rezar por ella, se puede pensar en ella para ayudarla a alejar los miedos que a veces no la dejan conciliar el sueño, y se puede escribirle una carta que imprimo y ella lee. Si bien no recuerda exactamente ni asocia correctamente, esto alegra su corazón y en algún lugar percibe de dónde viene y siente el afecto. Es curioso, dices que conserve su dulzura y en gran parte es así. Todo el tiempo habla de su infancia, pero la cosa más curiosa es que también el poeta Neruda la llamaba "dulce María". Estos días estuvo tranquila y hasta divertida. El próximo sábado 15 nos casaremos con una ceremonia religiosa, aquí en casa, con dos o tres parientes y lo hará un sacerdote amigo nuestro desde hace años. (Comeremos antipasto y ravioles hechos en casa como pide la tradición, ¡ah! y una torta de piña). Los médicos me han advertido que esta parte de la vida es incierta, que su estado de deterioro progresa, no se sabe cuánto tiempo durará, podría ser semanas o años. Es verdad lo que dices, es todo muy difícil, pero para mí es un regalo tenerla cerca.
Con el afecto de siempre,
Juan

De: Julia Varley
Enviado: Vie, 7 Jul 2006 14:56
A: Juan Cuevas
Asunto: RE: María

Querida María,
¿Recuerdas cuando improvisamos juntas? Tú eras Sancho Panza en triciclo y yo Don Quijote. Te divertiste mucho. Fue durante el seminario de Eugenio en Puangue, organizado por Rebeca Ghigliotto y Raúl Osorio. Siempre admiré tu increíble capacidad de actriz combinada con tu humildad. Una lección tan importante para las jóvenes. Una de ellas, una australiana que hablaba solo inglés, saliendo de tu lectura de poesías en castellano durante el Festival Transit aquí en Holstebro, me dijo: "De ahora en más siempre daré el máximo y prestaré atención a cada detalle". Cuento muchas veces a los grupos de teatro que se dedican al training que tu preparación para el espectáculo fue ir a la peluquería. Las jóvenes se enamoran de ti. Te divertiste tanto durante la última noche del Festival, jugando a Pumpel og Pimp con Geddy y Juan, que te olvidaste de comer. Acompañada de tu Juan mucho más joven que tú, te volviste un mito. ¡Así debe ser!
Tengo muchos recuerdos que me unen a ti y me gustaría estar cerca tuyo para abrazarte y hablarte. Fueron ustedes dos, tú y Juan los que transformaron Santiago en una ciudad conocida y amada, a donde me gusta regresar. La primera vez me recibiste en tu casa, pasábamos muchas horas juntas hablando sentadas a la mesa. Invitaste a todo el Odin y festejamos toda una noche. Nos hiciste conocer al Padre Mariano Puga, el sacerdote en jeans que vivía y oficiaba misa en una barraca de un barrio periférico, con su iglesia simple y su enorme compromiso social. Nos acompañaste a la tumba donde se sabía que fue enterrado secretamente bajo nombre falso Salvador Allende. Sobre su tumba había claveles rojos: pusimos más. Juntas fuimos a ver la tumba de Pablo Neruda cuando aún no había sido transferido a Isla Negra, al lado de Matilde.
Me hiciste llorar durante una entrevista que me mandaste en un casete por correo hablando de los duros años de la dictadura y de la muerte del Poeta, Pablo Neruda. En la entrevista contabas también sobre tu trabajo enseñando a hablar a las mujeres de barrios carenciados con la voz alta y segura, dabas clase de dicción para que ellas pudieran aprender a tomar la palabra en público y hacer discursos, mientras sus maridos estaban en prisión. Desearía tanto que otras mujeres pudieran conocerte. ¿Y tu nueva aventura abriendo un restaurante que lleva tu nombre? Todavía no pude comer allí, pero puedo imaginarme cómo es.
Escucho tu voz aquí en Dinamarca con las poesías del CD que nos enviaste. Debes saber que del otro lado del mundo hay personas que te quieren muchísimo, que te piensan, que desean que puedas estar siempre serena, que puedas dormir tranquila cerca de todos los que te aman y que amas, que te piensan y protegen. Debes saber que tu modo tan dulce de hacer las cosas nos acompaña y que todo tu trabajo continúa viviendo dentro de muchas personas de todo el mundo. Les deseamos una linda fiesta el sábado a ti y a Juan, estaremos allí nosotros también degustando los ravioles y la torta.
Un gran, gran abrazo,
Julia y Eugenio

De: Juan Cuevas
Enviado: 11 Julio 2006 00:54
A: j.varley
Asunto: RE: María

Querida Julia
María ha leído tu carta en voz alta muchas veces. Su comentario fue agradecer a los que son tan importantes, que si vienen podrán conocer a nuestra Mamiña (nuestra gatita y su nombre en aymará que quiere decir "la niña de mis ojos"). Comentó también que ella no era una gran actriz, y lo único que hacía era obedecer al director. Después de estas breves observaciones volvió al tema de la gatita y no lograba recordar que estuvimos en Dinamarca. ¡Gracias! Con tu permiso leeremos tu carta el sábado en la ceremonia.
Un abrazo y saludos a Eugenio y éxitos con vuestros excepcionales espectáculos.
Juan y María

De: Julia Varley
Enviado: Vie, 14 Jul 2006 19:34
A: Juan Cuevas
Asunto: RE: María

Querido Juan,
claro que pueden leer la carta. Los pienso, un abrazo fuerte fuerte,
Ju

De: Juan Cuevas
Enviado: 18 Julio 2006 15:27
A: j.varley
Asunto: RE: María

Querida Julia,
te cuento: éramos alrededor de quince personas entre familiares y amigos, el sacerdote, nuestra Mamiña y muchas flores, flores para María... María recibía a los invitados, no sabiendo bien quiénes eran, pero su modo reservado bastaba para transformar la situación preguntando según los casos: "¿cómo va el trabajo?" o "¿cómo está su señora?" o bien comentando "así van las cosas en nuestro país". Todo estaba bien planeado, la entrada del sacerdote con su hábito fue ceremonial y esto ocasionó durante algunos segundos un leve temblor y silencio, luego nos pidió que nos sentáramos. Las palabras del sacerdote eran afectuosas y cálidas para los presentes hasta que llegó el momento en que preguntó a todos: "¿Qué dirían ustedes a María y a Juan?"
Tú conoces el carácter del chileno, no es uno que de repente se pone a hablar, así que el sacerdote debió insistir: "Yo sé lo que debo decirles, pero ustedes ¿qué les dirían?” Así comenzaron los testimonios hasta que el mismo sacerdote pidió a uno de sus asistentes que leyera vuestra carta. En aquel momento ustedes estaban allí de verdad, con nosotros y María y yo nos tomamos las manos y ella me dijo al oído "son nuestros amigos más queridos, Julia y Eugenio". Julia, por unos segundos no he podido contener las lágrimas. Vuestro regalo fue maravilloso.
Luego el sacerdote hizo brevemente las preguntas del caso y de nuevo María respondió: "Sí, prometo cuidar y amar a Juan por el resto de mis días. Y que continuaremos haciendo cosas juntos, ¡siempre que estemos de acuerdo!" Este agregado desencadenó un aplauso, el sacerdote concluyó la ceremonia e invitó a todos a disfrutar los ravioles y la torta. Luego contamos anécdotas, hablamos, reímos, y pasamos un día de verdad lleno de felicidad.
Gracias, Julia, y nuestro afecto a Eugenio.
Juan

La voz de María
Siempre me ha golpeado la combinación de ingenuidad y astucia, dulzura y decisión de María. En particular me conmovían las entonaciones, el ritmo y el calor de su voz que expresaba estas características. Tenía la voz segura de una actriz que creía en el valor del teatro. Sentía una unión profunda con ella, admirando la simplicidad con la cual me explicaba hechos históricos de su país y con la cual dedicaba también una grabación de poesías a su gente querida y a sus amigos.
En escena, su voz tenía algo de retórico, como las voces de los actores de otros tiempos, y a pesar de esto le creía. Sabía convencer y hacer aceptar la ilusión del teatro, transfigurando la exaltación de los sentimientos y los excesos de la teatralidad. Enunciaba con sinceridad desconcertante frases rebosantes de afecto y pasión que yo no tendría el coraje de pronunciar. Afirmaba que tenía fe en el ser humano, mientras yo, muchas veces me refugio en el escepticismo general que me circunda. El prodigio de María era permitirnos a nosotros que la escuchábamos, creer en un futuro mejor, al menos por el tiempo que duraba su declamación.
Cada vez que escucho su particular acento español regreso a Chile, recordando el shock del golpe de estado del 11 de septiembre de 1973. Mientras María recita poesías de amor, yo pienso en los años de desesperación, de la esperanza, de la victoria y de las desilusiones que me habían empujado incluso en 1974, actriz apenas principiante, a hacer un espectáculo en Milán con el Teatro del Drago, antes de unirme al Odin Teatret. También me vienen a la mente los techos de metal colorados de Valparaíso, la mujer de Allende, el gran amor de los Versos del Capitán, las canciones de Violeta Parra, las mujeres de los barrios carenciados que plantan flores delante de sus casitas de piso de barro, las escuelas de teatro popular para jóvenes, las iglesias desnudas de los sacerdotes de la teología de la liberación, los murales variopintos, los flamencos rosados del desierto de Atacama, los paisajes patagónicos de Torres del Paine, el pájaro que alimenta a sus pequeños sobre un nido pegado a la escollera en el estrecho de Magallanes, las esculturas de terracota y de rafia del mercado de Temuco, el glaciar con forma de caracol que resbala sobre el lago Grey, el silencio del Valle de la Luna, el funicular sobre el monte San Cristóbal, las joyas de lapislázuli que usaba en Talabot, los cantos mapuches, la historia de la mujer torturada que, descendiendo los escalones que llevan al sótano de su nueva casa, reconoce la prisión en la que siempre había estado vendada...
María murió el 27 de octubre del 2006. Un año después, mientras estaba de gira en Montevideo, Juan llegó de Santiago y me dio el tailleur gris-perla que María había usado para recibir el Premio Nacional de las Artes en Chile, para recitar las poesías durante el Festival Transit, y para casarse por segunda vez pocos meses antes de morir. Me sentía responsable ante esta herencia, pero jamás hubiera podido usar el vestido: María era mucho más pequeña que yo.
Había tenido la suerte de experimentar la fascinación de María como actriz, su generosidad y dedicación para con el oficio teatral, su toma de posición que se revelaba a través de pequeñas acciones. ¿Cómo hacer para que su belleza continuara existiendo y su sabiduría continuara inspirando? Decidí preparar un espectáculo sobre ella. El tailleur gris-perla sería el primer objeto de este espectáculo.
Matando el tiempo
Emilio Genazzini, director de Abraxa Teatro, me había invitado a un festival que organizaba en un parque de Roma en septiembre del 2009. En ese mismo período otro amigo, Bruno Bert, un crítico y director argentino que vive en México, me había pedido algunas escenas con mi personaje de la cabeza de calavera, Mr Peanut, para el Festival de teatro de calle que dirigía en Zacatecas. Me puse a trabajar durante mis vacaciones de verano.
Tomé como punto de partida una procesión que había hecho para la Festuge (semana festiva) de Holstebro. Durante el recorrido de Mr Peanut cambiaba su traje: de mujer se volvía hombre y luego esposa; de rojo a negro y a blanco, de alegre a aterrador y ritualmente solemne. Pensé incluso en un espectáculo del Theatrum Mundi, Ego Faust: Mr Peanut, vestido de esposa, ofrece a Margarita una piedra para matar a su niño. Todavía tenía en mi armario todos los vestiditos que aparecían en la última escena. 
Preparé una secuencia con fragmentos grabados de la ópera Fausto de Charles Gounod, usando los cambios de vestuario de la procesión de la Festuge y la piedra y los vestiditos del Ego Faust alternados con varias danzas de Mr Peanut. Mostré este montaje de alrededor de media hora a Eugenio Barba. Faltaban dos semanas para el festival de Emilio Genazzini en Roma y necesitaba que me ayudara con la dirección.
Eugenio reaccionó mal en relación a la música: no se comprendían los textos cantados, no tenía ritmo, no le generaba asociaciones. Salió de la sala y le pedió a Donald Kitt, actor del Odin Teatret que pasaba por casualidad, que le llevara inmediatamente algunas muestras de su música preferida. Uno de los CD de Donald era con Miles Davis. Escuchamos algunos fragmentos y Eugenio escogió uno. Comenzó a adaptar los pasos de una de mis danzas al ritmo de esta nueva música. Todo debía ser lentísimo. Además, después de cada paso, tenía que inserir pausas: para mí, una novedad absoluta. Habituada a transformar el peso en energía y a valorizar variaciones y cambios de tensión, me resultaba difícil transmitir la sensación de cansancio que el director me pedía. La Muerte está exhausta, repetía. No lograba pensar en la carga de trabajo de la Muerte, sino solo en mis tareas de actriz. Era obvio que el director no perseguía una fatiga sin vida, interrupciones inanimadas y un no-hacer pasivo: debía crear una expectativa comprometiendo todo el cuerpo. Pero debía lograrlo de una manera totalmente diferente a la habitual.
El primer día de trabajo juntos, a parte de la música del Fausto, Eugenio había eliminado también el traje rojo de Mr Peanut que le había presentado en una escena con un vals: se parecía a escenas ya vistas antes. Sin embargo, para la escena en que Mr Peanut estaba vestido de esposa, eligió el Ave María de Schubert. También con esta música debería esforzarme por alcanzar la lentitud extrema de cada mínimo movimiento, desde amarrar la falda hasta poner el velo, desde la forma de caminar hasta la de sentarme; desde el uso de los objetos hasta dejar correr un largo hilo dorado. Para salvar a la mujer de rojo y a su danza veloz, logré convencer a Eugenio con una música del Penguin Coffee Orchestra como contraste con Miles Davis y Schubert. Me hizo improvisar entonces una secuencia de trabajos domésticos -planchar, lavar platos, espolvorear, barrer- manteniendo siempre una caminata ondulada y juguetona.
Luego de haber cambiado la música, Eugenio quiso colgar uno de los vestiditos de bebé del Ego Faust que, en mi propuesta, había golpeado con una piedra. Me hizo tender una cuerda y colgar el vestidito con unos broches. No sabía qué necesidad estaba satisfaciendo y qué era lo que él estaba pensando. Tal vez solo quería ir en la dirección opuesta hacia la cual lo guía su intuición cuando no sabe qué hacer: transformar la seriedad de mi historia de Fausto y Margarita en algo divertido. Así fueron introducidos la cuerda para colgar la ropa, los calzoncillos de hombre y la bombacha, una plancha y una mesa de planchar, y luego una muñeca y un pequeño ataúd.
En los espectáculos del Odin Teatret, muchas veces Mr Peanut se presenta con un pequeño esqueleto: la Muerte acompañada por su niño. Es una convención que nuestros espectadores conocen. Ninguno esperaría que aparezca una muñeca con rasgos humanos que el tiempo transforma en esqueleto. Mr Peanut debe aprender ahora a comportarse como madre, acunando la muñeca, jugando con ella, vistiéndola y poniéndola en la cama, en el pequeño ataúd. No era fácil: me concentraba para que no se me enganchara el traje en la mesa de planchar, la mesa de planchar en los velos, los velos en los dedos, los dedos en la tapa del ataúd, la tapa del ataúd en el hilo dorado que dejaba correr por entre las manos. Siempre con extrema lentitud y sin ver casi nada.
Luego de una semana, el nuevo montaje de las tres escenas -el hombre de negro, la mujer de rojo y la esposa de blanco- se transformó en el espectáculo Matando el tiempo - 17 minutos de la vida de Mr Peanut listo para partir a Roma. Nunca hubiera podido imaginar que era el inicio de otro espectáculo, Ave María.

Ángeles
Mucho antes, en el invierno del 2008, durante los ensayos del espectáculo de grupo La vida crónica, Eugenio nos había pedido a los actores que preparáramos una escena titulada: “la lucha con el ángel”. Decidí que mi ángel era María Cánepa. No luchaba con ella. Al contrario, tenía la sensación de que ella me protegía como un ángel de la guarda siempre a mis espaldas. Lo hacía con delicadeza, como cuando me ofrecía de comer en el comedor de su ordenada casa de Santiago, o fingiendo que era ella la que necesitaba protección como cuando trabajábamos juntas.
A veces, en sus escritos, Eugenio llama al actor “ángel”, tal vez por sobrentender a un ser con el cual debe luchar para dejar emerger la forma de un espectáculo. Hay muchas anécdotas sobre esta confrontación y disputa entre actor y director. Por ejemplo, Eugenio me había dicho que si quería contar la historia de María, debía darle esta tarea a otro personaje y no representarla directamente en escena. Durante los ensayos de La vida crónica, contaba la vida de María a través del Tío de América, adaptando para este personaje masculino que había creado algunos de los episodios que Juan, el marido de María, había escrito para mí. El Tío de América hablaba de una mujer que emigró a Chile, nacida en Italia y loca por el teatro. En mi nueva propuesta, María era la cabeza rubia de una marioneta que se transformaba en una pequeña calavera.
Cada día llevaba a la sala dos bolsas llenas de fotografías de María, artículos de diarios, poesías, textos de canciones en castellano, las cartas de Juan, el CD de poesías recitadas por María con la dedicatoria final a los amigos, biografías descargadas de internet, mis artículos, viejas ideas de espectáculo que trataban el tema de la voz, de mujeres veladas e hilos dorados. Las cartas se mezclaban con las telas, las tijeras, las barajas y los cuentos del Tío de América que cada tanto hablaba incluso de la gran actriz chilena. Los materiales que al final se transformarían en dos espectáculos diferentes se confundían entre sí. Al final, desarrollando una puesta en escena del personaje para La vida crónica y la escena de la lucha con el ángel, tenía cerca de una hora de material. Nunca fueron usados. En La vida crónica, el Tío de América se transformó en una mujer, olvidó cada referencia en relación a Chile y al castellano, y aprendió a hablar checheno. En Ave María fue utilizada solo la grabación en que María cuenta su vida y recita dos poesías, y las páginas de un diario de Santiago con dos artículos, uno sobre su matrimonio y el otro sobre su funeral titulado: “Final de partida”.
Quedó también un recuerdo: refiriéndome al día en que las cenizas de María fueron lanzadas al Océano Pacífico, al final de la escena de la lucha con el ángel, cortaba una cinta, me tiraba sobre los pies gotas de agua salada y terminaba recostada en el suelo. Esta posición la recuerdo aún hoy cada vez que en Ave María me tiendo al lado de Mr Peanut cubierto por las páginas del diario. Ahora el gran sombrero me obliga a mantener alzada la cabeza, sin poder extenderme y reposar sobre el fondo del mar.
Como consecuencia de este trabajo, Eugenio quedó convencido de que una profunda motivación me empujaba hacia un espectáculo sobre María Cánepa. Había expresado este deseo muchas veces, pero durante los tres años en que como grupo estábamos obstinados en terminar La vida crónica, tenían prioridad otras tareas. En ese momento Eugenio no me dijo nada, pero después contó varias veces en público que mi motivación había sembrado en él como director la necesidad de enfrentar una vez más la confrontación con el actor. Apenas fue posible me propuso retomar el trabajo.
La sorpresa fue que el punto de partida para el espectáculo sobre María Cánepa no era la escena que había preparado, sino el montaje de las tres versiones de Mr Peanut en Matando el tiempo. Me costaba creer que un espectáculo sobre María pudiera tener algo que ver con la Muerte que se transforma de hombre en mujer y en esposa, pero continué haciendo lo mejor que podía para seguir y satisfacer los pedidos del director. Usaba el ejemplo de María que en la parte final de su grabación de poesías contando sobre su vida, había afirmado que el afecto recibido se intercambia solo con afecto, que ella siempre había trabajado, obedecido al director e interpretado sus roles, y que, después de sesenta años como actriz, si se lo preguntaran, respondería que habría vuelto a hacer lo mismo y de la misma manera.
Creo que Eugenio estaba en realidad fascinado por el desafío de medirse con el personaje de la Muerte. ¿Sería capaz de sorprenderse a sí mismo y a los espectadores? ¿O bien fue la cualidad de la voz grabada de María lo que lo convenció? Sentía que María continuaba protegiéndome como un ángel de la guarda.

Neti-neti
Otro proceso de trabajo estaba comenzando, pero las características del inicio continuaban persiguiéndome. Desde el primer día en que Eugenio quiso que siguiera el ritmo de la trompeta de Miles Davies con una lentitud exasperada, se inició su secuela de neti-neti que me han acompañado hasta el final de los ensayos del espectáculo que tres años después se llamaría Ave María.
Para fijar la relación con la música, las diferentes secuencias de improvisaciones, el modo de decir el texto, el director me guió movimiento tras moviendo y palabra por palabra. Yo repetía, pero lo que hacía nunca estaba bien y debía cambiar: una nota de la música y un paso, tres notas y otro paso, un tono alto y alzo el brazo, una seguidilla de notas bajas y giro la cabeza para mirar… Alzo el brazo y digo tres palabras del texto, muevo un dedo y una palabra… La primera frase en tono bajo, la segunda alta, la tercera lenta, la cuarta con una pausa… Muchas instrucciones para cada escena de pocos segundos, muchos neti-neti del director para mis intentos como actriz.

De: Julia Varley
Enviado: 15 julio 2012 13:02
A: Eugenio Barba
Asunto: ensayo abierto

Quería contarte las reacciones después del ensayo abierto de Ave María en el Festival Vértice aquí en Brasil. Me parece divertido que ahora, a diferencia del ensayo abierto en Cardiff en agosto del año pasado, todos piensan que el espectáculo trata de verdad sobre María Cánepa. Especialmente las chilenas, se emocionan y se sienten orgullosas. Verónica Moraga me dijo que le gustó ver la escena de la señora de rojo porque parecía que ahora María tenía un niño y podía divertirse con él. Muchas me preguntaban sobre María, cuál era mi relación con ella. La imagen final golpea siempre, pero nadie menciona la Muerte, ni como tema, ni como personaje. 

De: EB
Enviado: 30 julio 2012 18:11
A: Julia Varley
Asunto: RE: ensayo abierto

Sufro viéndote afligida mientras trabajamos sobre Ave María, pero el ángel vendado dentro de mí (o el caballo ciego) sabe la dirección justa, incluso si no sé decírtela con palabras. Nos guían hacia un espectáculo zen, y al final la actriz querrá de nuevo al director.

De: Julia Varley
Enviado: 31 julio 2012 15:54
A: EB
Asunto: jardines zen

Yo te quiero siempre, solo que el trabajo es de verdad duro. ¡Lamentablemente no basta que el espectáculo sea bueno para querer hacerlo! Esta mañana me vino otro pensamiento mientras repetía el texto de Ave María en inglés tomando sol: ¿si el espectáculo debe volverse un jardín zen, es necesario sembrar, hacer crecer, cuidar un rico jardín tropical para luego arrancar de raíz todas las plantas? ¿No sería mejor recoger pequeñas piedras? ¿Es verdaderamente el sufrimiento ocasionado por este desarraigo lo que da la cualidad al jardín zen?
De: EB
Enviado: 31 julio 2012 19:06
A: Julia Varley
Asunto: RE: jardines zen

No hablo de jardines zen, sino de espectáculo zen. Comprendo tu dolor por el proceso de lo que llamas desarraigar. Pero si debo guiarte hacia algo inefable, difícil de explicar y que se vive como plegaria, poesía y amor, podemos solo seguir la vía del NETI-NETI, no esto, no lo otro.

De: Julia Varley
Enviado: 1 agosto 2012 16:00
A: EB
Asunto: RE: jardines zen

¿Neti-neti? ¿Puedes explicar a la ignorante?

De: Eugenio Barba
Enviado: 1. agosto 2012 19:43
A: Julia Varley
Asunto: RE: jardines zen

NETI (sánscrito) significa NO, en el hinduismo es el camino que se sigue conceptualmente para llegar a la experiencia del Ser Supremo. ¿Dios es un caballo? NETI. ¿Dios es un no-caballo? NETI. ¿Dios es un asno? NETI. ¿Dios hace el bien? NETI. ¿Dios hace mal? NETI. Julia hace esto. NETI. Julia hace esto otro. NETI.

Seminarios
Desde hace ya algunos años Eugenio y yo dictamos un seminario en el campo en las afueras de Brasilia. Se llama “El arte secreto del actor” y lo organiza la directora Luciana Martuchelli con su grupo YinsPiração. Cada año tratamos de desentrañar para nosotros mismos y para los participantes las particularidades de la ficción teatral, de eso que llamamos “pensar por acciones”. Eugenio recuerda las invenciones técnicas fundamentales que hemos usado en nuestro trabajo: la segmentación de Stanislavski; un comportamiento que no corresponde al texto de Meyerhold (el desarrollo de una partitura física y de una vocal para montar juntas sucesivamente); y el proceso de reducción de acciones del Odin Teatret.
Durante una sesión ejemplifiqué el proceso de segmentación levantando una silla. Subdividí la sucesión de acciones en bajar, acercar los brazos a la silla, tomar las patas de la silla con las manos, apretar los dedos, mirar a un lado, regresar a la posición conveniente para levantar el peso, levantar la silla poniéndome de pie. Fijé la secuencia con la silla, luego la hice sin el objeto manteniendo las variaciones y las tensiones de las pocas acciones que tenía.
Para demostrar la potencialidad expresiva de esta secuencia tan simple, Eugenio me pidió que improvisara ante los participantes. Improvisar en el sentido de variar: debía cambiar la amplitud de las acciones, su ritmo, permaneciendo en el lugar, usando toda la sala, dirigiéndome a diferentes puntos en el espacio, explorando todas las direcciones, avanzando con la secuencia y retrocediendo imprevistamente y luego continuando la sucesión de las acciones, repitiendo a veces alguna acción, siguiendo las acciones solo con el torso, el rostro o las manos, bailando con una actitud extrovertida o introvertida, siguiendo diferentes asociaciones. La improvisación duró unos veinte minutos y fue grabada en video. Ante el desconcierto de los participantes, Eugenio me pidió que la aprenda de memoria.
No fue nada fácil y me llevó mucho tiempo. Los cambios de tensión eran continuos y mínimos, dictados por la búsqueda de variaciones aquí y ahora, pero lo que hacía era solo levantar una silla. No tenía ninguna imagen que me ayudara a recordar. Leía en mis apuntes “alzo el brazo izquierdo y luego el derecho”, “me inclino a la derecha y miro”, “doy algunos pasos y me inclino”, sin lograr distinguir la parte de la improvisación a la cual me refería. Era incapaz de anotar los cambios que ya resultaban difíciles de reconocer en el video. Luego de estar casi a punto de renunciar, resolví la tarea aprendiendo sintéticamente la improvisación y agregando, cada vez que la repetía, la tensión y la energía particular de una improvisación hecha por primera vez. Transformaba las acciones en reacciones a alguna cosa que inventaba en aquel instante.
En las sesiones de los años sucesivos del seminario “El arte secreto del actor” en Brasilia y en otras ocasiones de trabajo en público, Eugenio se obstinó en trabajar sobre la improvisación de la silla. Trataba de desarrollar mis materiales de actriz sin que repitiera tendencias y manierismos, montándolos en escenas para Ave María. Estábamos en medio de un intenso programa de gira con La vida crónica. Aprovechábamos los seminarios en diferentes lugares del mundo para encontrar algunas horas y trabajar en el espectáculo. Eugenio aprovechaba para mostrar la “complicidad” o el trabajo “real” del actor con el director.
Tuve que adaptar la improvisación de la silla a la música de una marcha fúnebre, repitiendo hasta el infinito las numerosas variaciones de la forma de bajar, detenerme imprevistamente, mirar hacia diferentes direcciones. Volvía a comenzar una y otra vez desde el inicio para avanzar segundo a segundo y fijar cada acción sobre las notas, insiriendo pausas y aceleraciones inesperadas. Luego de varias fases de elaboración Eugenio me puso en mano una fotografía de María y me pidió que la rompiera. A parte de recordar la improvisación, y cómo cada acción estaba fijada sobre la música, cantar algunos fragmentos con la música una octava más alta, luego más baja y luego riendo, ahora tenía que recoger del piso los numerosos pedazos de la fotografía que había roto. Cinco pasos un pedazo de carta, ocho pasos dos pedazos… Tenía que lanzarlos en el aire, hacer dos bollos y sujetarlos en los puños, pisarlos, esconderlos detrás de mi espalda… Todo esto mientras la única imagen que me acompañaba era levantar una silla: ¡una verdadera tortura!
Para ejemplificar a los participantes la creación de acciones partiendo de un texto, transformé incluso cada palabra de un fragmento escrito en una secuencia física, luego cada acción física en acción vocal y cada acción vocal en una forma de decir el texto. Al final debía danzar la partitura al ritmo de una alegre música brasilera recordando todas las acciones que se sucedían de manera muy veloz. Creé nuevas escenas partiendo de otros textos y me inspiré en imágenes para encontrar acciones vocales. Todo era improvisado, fijado, repetido, montado y elaborado con objetos y vestuarios a lo largo de pocas horas, para demostrar a los participantes del seminario un recorrido creativo desde los primeros pasos hasta los primeros resultados posibles. Trabajar en público es útil, pero extenuante. Lo que durante los ensayos puede llevar meses en ser incorporado y elaborado, en situaciones públicas debe coagularse en pocos días para dar la sensación a quien observa que, a pesar de la aspereza, el camino abre perspectivas inesperadas.
Durante otra sesión de “El arte secreto”, siempre fuera de Brasilia, el Requiem de Mozart fue el punto de partida de una serie de improvisaciones. Aquí el director pide violencia y fuerza. Buscaba soluciones para la escena en que me saco la máscara de Mr Peanut. Durante mucho tiempo esta escena partía el espectáculo en dos. Cambiaba la convención teatral y se necesitaba crear continuidad. Sin embargo Eugenio comenzó tratando de subrayar la ruptura. El director me sugería imágenes como “la muerte de San Sebastián”, “caballos salvajes”, “lucha entre gladiadores”. Los resultados que iba fijando me dejaban sin aliento a causa del esfuerzo. Al año siguiente el director me pidió que transformara estas secuencias separadas en una única escena: la ternura de una madre que protege a su niño. Y me alentaba: “puedes reducir y cambiar el ritmo”. ¿Cómo explicarle que todo se puede cambiar, menos la esencia de la acción?
Luego del cansancio de crear, aprender y cambiar, terminaba por querer al material incorporado, pero cada vez que todo era arrojado a la basura, debía aceptar recomenzar desde el inicio. Después de haber hecho espectáculos sola y con el grupo durante tantos años, me confrontaba con la necesidad de no repetirme, pero el equilibrio entre la necesidad de encontrar algo nuevo y sentir cancelada la propia personalidad es sutil. Para Ave María la colaboración entre actriz y director fue difícil, espinosa y muchas veces dolorosa. En vez de estímulos recíprocos se instauró en ambas partes una falta de confianza. El director se entusiasmaba proponiendo soluciones técnicas y siempre más objetos, mientras yo oponía resistencia pensando en una futura gira. El director protestaba contra esta censura que limitaba su creatividad, yo lo acusaba de haberse vuelto impaciente y de querer tomar atajos.
Detrás del velo que cancelaba mi cara, lloraba intentando contener la necesidad imperiosa de protestar. Pero también estaba feliz porque el velo y el sombrero escondían mi expresión, sobre todo a los espectadores que seguían el proceso. Como actriz con los unipersonales El castillo de Holstebro y Las mariposas de Doña Música había conquistado mi autonomía. Con Ave María volvía a ser principiante. Era como si el espectáculo se construyera fragmento por fragmento mediante las indicaciones minuciosas del director, en un proceso que me recordaba mi primer espectáculo con el Odin Teatret, Cenizas de Brecht. Era como si la madurez debía revelarse aceptando volver al inicio.

El abrazo
Mis inicios en teatro están marcados por Chile. Cuando era adolescente comencé a hacer teatro en Italia al lado de exiliados latinoamericanos. Con ellos aprendí las primeras técnicas del oficio y junto con ellos me acerqué al Odin Teatret. En aquella época, cuando aún vivía en Milán, uno de mis primeros espectáculos fue una protesta contra el golpe militar del 11 de septiembre de 1973 en Chile. Salvador Allende, Augusto Pinochet, Víctor Jara, los Inti Illimani, Pablo Neruda eran nombres familiares para mí, joven militante de la izquierda extraparlamentaria.
También Mr Peanut se acuerda de Chile: fue a darle un pedazo de pan con forma de corazón a los pájaros delante de la Moneda, el palacio donde el día del golpe de estado en 1973 murió Salvador Allende y donde se instaló Augusto Pinochet. Mr Peanut trepó el recinto del césped: sostenía en alto el corazón de pan, comenzó a desmenuzarlo. No sabíamos que esa misma mañana se había realizado una manifestación y que por esto el reparto anti-tumulto de la policía había sido llamado al palacio presidencial del dictador. Tiraron a Mr Peanut al piso, lo golpearon y arrastraron. Trataron de arrancarme la máscara atada debajo del mentón y me cargaron levantándome de los zancos y tirándome los cabellos. Solo la intervención de algunos actores chilenos amigos nuestros, entre ellos la conocida actriz de televisión Rebeca Ghigliotto, y de la Embajada de Dinamarca, nos sacó de la estación de policía. Logramos que nos devolvieran la máscara y el traje. Luego del miedo, la Muerte volvió a sonreír entre mis brazos. Era 1988 y el régimen militar todavía estaba en el poder.
En el espectáculo del Teatro del Drago sobre el golpe en Chile, en 1974 en Milán, en un determinado momento, llevaba una máscara de la muerte para representar la Democracia Cristiana de ese país que apoyó la huelga de transporte que saboteaba al gobierno de Salvador Allende. Hoy, casi cuarenta años después, Ave María me vuelve a llevar a Chile con otra máscara de la muerte.
¿Quién narra la historia de María? ¿Puede la Muerte ser un personaje que narra la vida y sus transformaciones? Mientras los primeros espectadores de Ave María se conmueven por la dulzura y la alegría de María, yo cierro los ojos bajo el velo y el sombrero. El mundo se restringe alrededor mío y se vuelve oscuro. Trato de trabajar, obedecer al director e interpretar mi rol escuchando las palabras de María. Espero que los estratos de neti neti tejan el velo de la ilusión teatral y que los gestos, silencios y palabras hagan reír y permanecer finalmente en silencio a los espectadores. Sé que un día abriré los ojos de nuevo y recuperaré la energía del espacio alrededor mío.
En el verano del 2012 asistí a una conferencia del escritor italiano Erri de Luca. Contaba entre otras cosas acerca de un poeta de Sarajevo al cual se le había muerto la mujer. En las poesías de amor que le había dedicado se encuentra este verso: “tres trillones de mujeres en el mundo y tú no estás”. Y “deja que te abrace con esta poesía”. Si la poesía es un abrazo, también un espectáculo puede serlo.
En el espectáculo Ave María reviven en mí Salvador Allende y Pablo Neruda, Rebeca Ghigliotto y María Cánepa. Me abrazan y yo los abrazo. El abrazo es una ilusión porque dura solo el tiempo de un espectáculo que desaparecerá conmigo. Pero la ilusión es el arte del teatro: volver vivo lo que no está; dar sonido y presencia a palabras que están sobre el papel; hacer hablar y accionar a quien es solo recuerdo. Hacer un espectáculo para mantener en vida a María es mi ilusión vital de este momento, hasta que me tocará, también a mí, ser abrazada por una señora de rostro velado que lleva un elegante sombrero negro.

Traducción: Ana Woolf