martes, 23 de julio de 2013

AGUA, TEATRO Y SOL EN PARIS. Por Leila Schmukler


¡Hola!
 Desde la mismísima Francia, Leila.
                Vinimos a París cuatro de los jóvenes organizadores de Vamos que Venimos, Festival de teatro Adolescente en Buenos Aires. Nos invitó IDEA, una red mundial de arte-educación que hace un congreso cada tres años. El congreso dura, depende de la versión, entre 7 y 10 días. Pero, además existe Joven Idea. Un hermoso desprendimiento de esta organización que reúne jóvenes arte-educadores. La idea es que los jóvenes estemos trabajando desde antes, encontrando  e intercambiando nuestras prácticas. La versión anterior, de la que participé hace tres años, fue en Belém-Brasil. Este año, ¡París!
                Durante las dos primeras semanas que llegamos, estuvimos entrenando en el laboratorio de Young Idea 2013, organizado íntegramente por un grupo de jóvenes mujeres francesas. 39 Jóvenes de 11 países laburando todo el día en una preciosa sala de París. Cada uno vivía en la casa de algún amigo de la organización, toda gente copadísima que quiso ayudar a que este proyecto se realice. A las 9:30 teníamos que estar en la MGI, buceando por el enorme mundo subterráneo de París para llegar. Los países que participamos fueron Croacia, España, Holanda, Corea, Hungría, Filipinas, Colombia, Usa, Taiwán, Argentina, Sudáfrica y Guinea Ecuatorial. Por  día, a dos equipos les tocaba hacer lo suyo, uno por la mañana y a otro por la tarde. Tres horas para realizar una presentación teatral basada en una fábula que nos habían mandado hace un par de meses, un taller y un debate. 
La fábula: dos peces jóvenes que se cruzan con un pez mayor en el océano y éste les pregunta: -Jóvenes, ¿cómo está el agua? Los dos peces siguen nadando y al rato se miran y se preguntan: -¿Qué demonios es el agua?
Se hablo del agua, claro. ¿Cuál es el agua en la que estamos nadando? ¿Cuáles son las cosas que queremos preguntarnos sobre el fluir de ese agua? Entonces, mientras iban pasando los distintos países, hablamos del sistema; pero no todos poníamos el eje en las mismas características de este gran sistema acuoso. Entonces hablamos de la tecnología, los celulares, la sexualidad, el amor, las convenciones artísticas, la rutina, los mandatos, la vejez, la experiencia, la juventud, la escuela, los sueños, el sistema educativo, la medicina, el lenguaje, los rótulos, las categorías...
Pero como la práctica teatral es educativa en sí misma (dije esto una vez en un debate y no pude parar de repetirlo), no sólo hablamos de los temas que queríamos tocar. Nos desafiamos con las dinámicas grupales, las formas de dar devoluciones, las formas de opinar, la construcción del grupo y el respeto de las individualidades. Nos preguntamos por la forma y el contenido. Desafiamos las barreras de la lengua, hablamos todos el mismo idioma del arte. Nos preguntamos por la educación, por la creatividad, por el uso del tiempo. Trabajamos dialógicamente, generando preguntas y respuestas entre nuestros trabajos.
En lo personal, me di cuenta de que creo profundamente en lo que hago. Que artista y educador para mí van de la mano. Que creo en la experiencia teatral como una experiencia profundamente educativa. No necesito abandonar la búsqueda artística para transmitir grandes mensajes. Creo que la forma artística siempre tiene contenido. Me sorprenden las definiciones de los arte-educadores europeos sobre drama, teatro, arte y educación. Su necesidad de separar categorías me alarma un poco. Somos muy distintos en el manejo del tiempo también. Admiro su responsabilidad y su don de prevenir.  Admiro su búsqueda de organizar porque quieren ser productivos. Extraño los divagues e irse por las ramas. No le tengo miedo a no saber de qué estamos hablando siempre y cuando nos estemos escuchando y respondiendo. No quiero hacer listas ni sistemas para el pedido de la palabra. No quiero escribir previamente las preguntas que voy a hacer. Quiero confiar en el diálogo y dejar que fluya. 

Todo esto paso durante la primera semana y la mitad de la segunda. Después nos dividimos en grupos para trabajar en distintos proyectos que íbamos a realizar en el congreso, la tercera semana. Los proyectos eran: la noche de la apertura, el cierre y la recolección de palabras de todos los congresistas, la organización de una Jam de improvisación, y una serie de talleres para niños franceses. En ese último me anoté yo. Y fue una experiencia hermosa de mucha armonía. Un equipo de 9 talleristas para planificar tres talleres. Elegimos una fábula Filipina y nos dividimos en tres grupos. Planificamos por separado pero compartiendo con todo el grupo los lugares a los que íbamos llegando. Mi grupo, Noemi de Bélgica y John de Filipinas, fue pura armonía, esa es mi palabra. Y la experiencia fue mágica, divertida, sin entender el idioma de los niños pero jugando con todo el corazón.

En cuanto a lo social, el picnic es la que va. Todos los días hay grupos de jóvenes en la costa del Sena comiendo pan y queso y tomando vino. Empieza de día, termina de noche. Todos toman vino, todo el tiempo. Pero son señoritos franceses, no dejan nada de basura ni se andan peleando. ¡Es muy lindo! Hay distintos lugares de picnic con distintas ondas, pero picnic, queso y vino...siempre.

Otros títulos del viaje: quise teñirme de rubia, le pedí ayuda a una croata muy fashion y terminé más oscura y medio pelirroja. Fui al teatro Du Soleil y estuvimos charlando con el asistente de dirección de Ariane Mnouchkine. Cuando llegué a la casa donde nos tocaba quedarnos la dueña era Elena, una española que había conocido en el encuentro Magdalenas en Dolores, así que estuve feliz y como en casa. Viví dos Jams impresionantes donde me sentí libre y feliz. Una en la que había artistas convencionales y no convencionales improvisando juntos y otra en la que éramos mucha mucha gente muy distinta y de todo el mundo. El congreso de la tercera semana no me gustó…después de hablar de tantas preguntas sobre el agua, ellos eran pura agua en cañerías.

Espero todos anden muy bien. 
Amo Buenos Aires, el teatro que tenemos allá y la gente hermosa que me rodea y me enseña tanto...

¡Abrazos de una Leila Feliz en el Sol de París!