lunes, 8 de abril de 2013

VOZ & SILENCIO, por Natalia Tesone


Fragmento de vida

A partir del reencuentro en Vértice Brasil con Luciana Martuchelli, ésta me pide que escriba sobre la voz y el silencio para Sólos Ferteis… Me invaden las preguntas y comienzo la búsqueda de lo que para mi pueden ser respuestas…
Lo primero que hago es buscar el significado de Voz en el diccionario de la Real Academia española:
Voz. (Del lat. vox, vocis). Sonido que el aire expelido de los pulmones produce al salir de la laringe, haciendo que vibren las cuerdas vocales. Calidad, timbre o intensidad de este sonido.
Entiendo entonces que produzco voz según el mecanismo fisiológico de mi cuerpo… ¿Cómo es? ¿Cómo es mi voz? ¿Cómo es escuchar mi voz? Mi voz sonora. Las preguntas me llevan a detenerme en algunos instantes de mi biografía.
Soy hipoacúsica.  Tenía 6 meses. Tuve una escarlatina que me afectó el nervio central auditivo. Comienzo a percibir el mundo a partir de lo visual como primera herramienta, de modo que mis ojos no solo cumplen su función de mirar y ver sino que son ellos los que escuchan: luces, movimientos, bocas que se mueven. ¿Y mis oídos qué escuchan en realidad?: sonidos sólo sonidos distorsionados que no comprendo de dónde vienen ni qué significan. Hago un esfuerzo, infiero, completo, y mientras, sumo: imagen + el movimiento de una boca = palabra, a veces comienzo a comprender, otras hago como si comprendiera.
Tengo ocho años. Es de mañana. Estoy por partir a la escuela. Breve diálogo con mi madre, muchas veces repetido ya:
Yo: Má ¿no te canso cuando hablo?
Madre: No (dirigiendo hacia mi una mirada tierna y una sonrisa de costado)
Yo: a mí sí. Yo me canso de hablar…
Respirar mal hacía que produjera una voz nasal y monocorde. Durante muchos años me cansé de hablar, mucho o poco no importaba, era un esfuerzo. No fue  genuino en un principio hacer que vibren mis cuerdas vocales, era un esfuerzo.
Cuando no necesitaba comunicarme con el exterior, invocaba un mundo de fantasía en el que sólo prevalecían las imágenes vinculadas al mundo de las hadas, a los bosques. Un mundo de magia y calma. Recuerdo el recorrido del agua: allí era de muchos colores y su cauce, lento y agradable de observar.
Tengo 9 años. Mis primeros audífonos. De repente “todo”  tiene presencia sonora, ¿eso? ¿eso qué es? y ¿eso otro? No. No entiendo ¿¡cómo!? si el reloj sólo se mueve, ¿ahora también hace ruido? NO soporto el sonido del segundero… el mundo en el que acontecía la calma, mi más preciado tesoro, como una burbuja de jabón se evaporaba para dar lugar a lo que el afuera me pedía, no quedarme sola.
Latiguillo social constante para disimular en la conversación sino había comprendido algo o una situación: Preguntar ¿cómo?
La norma: ser parte del común denominador. Comunicarme hacia afuera como y con el resto de los iguales, “ser igual”. Entonces fui siendo lo que se esperaba de mí: alguien que escuchaba un poco, que podía insertarse en cualquier conversación y en cualquier lugar…
Si callo quedo sola en el mundo de la magia, en el agua de colores…
Tengo la sensación de haber callado por siglos. En todas las lenguas, en ninguna.
Hago teatro desde los 11 años y como sólo nos salva lo que amamos, es donde soy en todas mis formas y colores. El trabajo actoral y la técnica vocal fue disipando la niebla de mi voz, la voz con la que no sólo actuaría, sino la que años más tarde pondría en juego en los medios de comunicación, la tele y la radio. Porque estudié comunicación. Comunicarme: un hecho.
23 años, el encuentro con la identidad.
Estoy en un colectivo. Tengo puesto los audífonos. Estoy en mi rol: en el rol de la que sólo escuchaba un poco, no importaba cómo.  Un joven que estaba a mi lado, Sordo[1] me habla en LSA (Lengua de Señas Argentina), respondo con mi   “gran voz”. No me comunico. No nos entendemos. Llanto. Los audífonos no me funcionan en esa situación. Por un instante no hablo, no puedo hablar. Mi “voz” vuelve a ser nasal aún más profunda. No comprendo qué me pasa.
Comienza una búsqueda, una necesidad, ¿quién soy? ¿dónde me encuentro? ¿qué es LSA?
Lengua de Señas Argentina, una lengua visuo-gestual  que no depende de ninguna otra, con todos los componentes que el concepto de lengua requiere, en la que puedo comunicarme libre, sin esfuerzo, bailar, crear, actuar y recuperar mi mundo de colores sin quedarme tan sola, ahora también en una comunidad minoritaria: la Comunidad Sorda, con una lengua, una cultura, donde el silencio tiene que ver con la quietud y el sonido con el movimiento expresivo y voluptuoso en un cuerpo presente, donde también el ruido es producido y comprendido visual y sonoramente. 
Tengo 32 años, como Freya, una guerrera  con la sabiduría y energía de encarar cualquier proyecto, y  estar en cualquiera de las mitades que representa: la estrategia o el amor y la magia. Y yo, como ella, puedo estar en dos mitades, en dos culturas, en la voz sonora y en la voz dispuesta cuerpo. En mí.
Natalia Tesone



[1] Sordo/a. Escrito con mayúscula. Reconocimiento de la Comunidad Sorda como comunidad socio lingüística, con  identidad, cultura y lengua propia, la lengua de señas argentina. (LSA)