domingo, 10 de febrero de 2013

UN VIAJE DESEADO. Sabrina Califano




PARTE I


“Me gusta Jujuy, mi Jujuy cuando llueve
y dejar que el recuerdo me lleve…”


 Habíamos comprado los pasajes en julio, deseando y creyendo en  este viaje ligado a mi infancia, con recuerdos  coloridos, cálidos de hogar jujeño.  
Llegamos a Pico, de allí a San Salvador  en  busca  de los lugares que había habitado.  En el trayecto sentí una mezcla de emociones:  estaba de vuelta.  Barrio Ciudad de Nieva: ¡encontramos la casa donde viví! Me sorprende que sea una de las que no se haya modificado. Está igual: sus muros blancos, portón amplio, pasillo de entrada y a los lados la tierra donde  hubo margaritas.  Pasamos la tarde recorriendo San Salvador: la escalera por la que bajaba y subía para ir a la escuela; al frente, la casa del profe de guitarra; al lado, la escuela de monjas.
Continuando nuestro viaje, decidimos pasar por Purmamarca para averiguar la fecha precisa del  “Encuentro de copleros”.  Otro lugar, otro recuerdo: el cerro de los siete colores, de ese gigante dormido me acuerdo.  El pueblo pequeño, conserva sus casas de adobe, la  plaza rodeada de puestos en los que se venden productos regionales:  tapices, mantas, guayabos, pullóveres, chalecos y medias de alpaca o lana, etc. Todo tan colorido y bello.
A la mañana siguiente nos dirigimos a Yavi. Como cambia el paisaje en sólo unos kilómetros: cerros verdes, luego bordeaux, distintas escalas del marrón, con cactus, sin cactus, derretidos, chorreados, firmes y altos, hermosos cerros. Y en sus laderas valles, lechos de ríos de chocolate.  No me alcanza la mirada, quisiera tocarlos… me siento feliz.
Entonces llegamos a este  pueblo con  una avenida principal de tierra y calles angostas con casas de adobe,  una o dos personas caminan por la avenida. Silencio… el casco de la estancia San Francisco de Acayte, la iglesia.  Se siente el viento soplar y mucha paz en el aire. Visitamos el río, casi arroyo y descansamos a  su vera. Dos nenes  bajan corriendo de uno de los cerros para venir a buscarnos y ofrecen  guiarnos: “¿los llevamos a la cascada? ¿O quieren ver los dibujos en las piedras?” – preguntan.   “Muéstrennos los dibujos, ¿les parece?”- respondemos.  Y nos llevan por un sendero para mostrarnos  dos o tres petrolitos. Los liberamos de su trabajo y seguimos nuestro recorrido.
Pasamos tres días en Yavi. Fuimos a Yavi chico que queda a 4 km de allí y volvimos caminando, se sentía la falta de aire al caminar, estábamos a 3.300 metros sobre el nivel del mar. En esta pequeña comunidad aborigen fuimos al museo “Mama Antonia” donde se encontraban objetos arqueológicos  recuperados del antigal que estaba cruzando el río, frente al pueblo.  El último día  nos sorprendió una celebración en la avenida: un grupo de padres y sus hijos estaban en la esquina del club. Dos chicas organizaban juegos con las nenas y nenes, juegos de carreras y quien llegaba primero tenía premio; claro era 6 de enero, día de reyes. Había cajas con camionetas y muñecas.
Al día siguiente partimos  rumbo a Humahuaca y de ahí a Iruya, en Salta.  No me cansaba de viajar, de ver los paisajes una y otra vez, queriendo ser parte de ellos.  La ruta hacia este pueblo es un sinuoso camino por los cerros; subimos alrededor de 3.000 metros  para luego bajarlos, viendo terrazas de cultivo, poblados pequeños, cruzando ríos angostos y ¡sintiendo el vértigo de la altura!
Iruya… pueblo en las laderas de los cerros, con el río dividiendo el poblado. Cerros coloridos redondeados, cerros espigados cual guardianes. El río que nos regaló su sonido arrullador  y los cerros sus texturas, colores, olores. ¡Toqué a estos gigantes dormidos!, sentí  sus pliegues y diferentes texturas: húmedo, seco, tierra que se resbala entre los dedos, rocas firmes. ¿Cuántos siglos hace que custodian esos lares?
El camping al costado de la ladera del cerro y al lado de un sembradío. Amaneceres fantásticos.
Retomamos andares y partimos hacia Purmamarca a unirnos al 30º Encuentro de Copleros.   Viernes  por la noche, apertura del encuentro con folkloristas del lugar hasta las 12 de la noche al lado de la plaza.