sábado, 15 de septiembre de 2012

MI MAESTRA Y YO

Le pedí a Silvia que me relatara su relación con Isolda, su maestra, a quien desde hace 20 años llama por teléfono cada 11 de septiembre...


por Silvia Shejtman



Hola nuera!! Este año, quiero verla y mañana la llamo para combinar!! no sabés de qué te estoy hablando...?

¡Te cuento de qué se trata! 
La conocí cuando yo estaba en primer grado superior, y ella,  Isolda, entró como maestra de sexto grado, con una presencia impactante que imponía respeto tan sólo por estar, por decir "¡silencio!", no levantaba la voz, bastaba con que diera dos palmadas en el aire, para que se generara en toda la escuela "el" silencio, su actitud, su seguridad y su convicción en cada gesto, hicieron que ganara mi admiración desde ese entonces.
Se la veía  bastante alta,  muy delgada, de cabellos castaño claro, y un mechón rubio ( shhhh!!!... para mi? que era teñido!!...) los anteojos oscuros eran parte de su fisonomía, pero muchas veces se los quitó para hablarnos.
Cuando llegué a sexto a Isolda ya no la ví ni siquiera "bastante" alta, era menudita, bajita , y ¡claro que fue MI MAESTRA!,  era placentero escucharla, y aprender de su buendecir cada expresión, cada observación que hacía, cada definición, ... como cuando dijo "hoy, vamos a ver el sistema sexagesimal"... los chicos, nos miramos de reojo, porque nunca había dicho semejante palabrota... (dije lOs chicOs, pero debí de haber dicho lAs chicAs, éramos todas mujeres, NIÑAS dicho en el lenguaje de entonces).
Con la señorita Isolda, aprendimos, que se puede transmitir aprendizaje y sabiduría para la vida desde la serenidad, la sobriedad, la elegancia de una expresión clara, el lenguaje llano y directo, todo lo que ella usaba en lo cotidiano.
Pero... una vez me enojé con ella! te sintetizo: incidente en la escuela, vidrio roto, cero general a TODA LA ESCUELA!!... yo, había faltado ese día, pero, igualmente me encontré con la sorpresa del cero, que me dolió hasta en lo más hondo de mi dignidad... señorita, por qué me puso un cero, si yo falté??, y escuché la sentencia: "porque fue un cero GENERAL, y cuando sucede algo así, es para presentes y ausentes, suficiente con ser alumno de la escuela..."  no hubo lugar a reclamo, y lo tuve que soportar estoicamente, como los demás ausentes ese día.
Pasaron los años, y, cada tanto, aparecen como mojones en un camino, cosas que fui escuchando, aprendiendo, más allá de un programa educativo... por ejemplo, que en segundo grado, cuando llegamos al ejercicio ciento once, la señora Sara, nuestra maestra, nos trajo un bizcochuelo para festejar, también cuando a los diez años (la edad que hoy tiene tu nene), la maestra de cuarto, nos miró y dijo "ustedes son los hombres y mujeres del año 2.000" ... jajajaa!! no quieras imaginar la cara que pusimos porque supusimos que esa maestra estaba  sin un poquitito de lucidez... la entendí hace unos años... tenía una coherencia que no podíamos entender entonces...
Pero, Isolda, estaba en otra dimensión dentro de mis recuerdos, ella era la definición de MAESTRA DE LA VIDA y, hace , ¡qué sé yo! como veinte años?, que por un impulso busqué su nombre en la guía de teléfonos... y lo encontréeeeeeeee!!!... ni me detuve a pensar, porque era precisamente el Día del Maestro, y llamé... me tembló hasta el alma cuando esa voz que dijo "hola", me sonó exactamente a la de la señorita Isolda!!! claro!! si era ella misma!!... vos, podés imaginar esa emoción? síiiiiiiiiiiiiiii!!! claro que la imaginás!!!
 A partir de ese entonces, cada 11 de septiembre,  la prioridad absoluta es esa cita telefónica , porque ella, espera mi llamado: un año, dejó de encontrarse con amigas, porque yo no la llamé hasta las tres de la tarde, ahora, tengo la precaución de llamarla antes del mediodía, pero no taaaaan temprano como para despertarla... tiene sus años... sabés que si tu nene, mi nieto, tiene diez años, ya soy una señora grande.
Por último, importantísimo que lo sepas!!!, cuando hablamos el año pasado, simbólicamente y por teléfono, ME QUITÓ EL CERO GENERAL QUE SIEMPRE LE REPROCHABA!!!!


Después de haber escrito este mail, Silvia me confesó que este año se iban a encontrar, por primera vez desde hace 55 años... Quedaron en encontrarse en un bar, Silvia la pasaría a buscar por su departamento. Y así fue: Silvia llegó, puntualísima, nerviosa, con regalitos, tocó el timbre... e Isolda le pide subir para ayudarla no sé a qué, y cuando entra a su casa -y a su vida y a su imagen después de cincuenta y cinco años-, ve una hermosa mesa de té preparada para ella. Nada de bar. Allí completarían un ritual preparado durante veinte años de llamadas los 11 de septiembre...

Algo así de misterioso y amoroso tienen los lazos que establecemos con algunas maestras...


Laura D´Anna