sábado, 11 de agosto de 2012

HUMANAS



Historia de esta dramaturgia                                               Foto: Fiorella Corona
por Laura D´Anna


Los pasos encontrados
Primero una sigue un impulso, una intuición. Es convocada. Convoca. Acompaña, mira, propone, disfruta. Conduce el barco con todo el cuerpo. Las pequeñas libretas llenas de anotacionens se amontonan. Las ideas. Las danzas. Los cantos.
Al principio, no saber adónde vamos. Pero viajamos.
Aparece el primer sueño revelador: hablar de la  propia vida perdida. Ahora bien, la vida perdida ¿no está acaso perdida?, ¿cuál era yo cuando me perdí?
¿Tendrá que ver con el destino…?

Después, una certeza insiste: se trata de lo que hay que enterrar y de lo que hay que resucitar. Porque hay que salir de la esfinge. Hay que actuar.
Para dar coraje, para juntar los huesos.

Hubo caminos o técnicas mayeúticas: secuencias de acciones con el cuerpo y con la voz. Mantras sonoros, danzas. Ejercicios de impulsos. El trabajo de las acciones físicas.
Trabajo con la voz, con el sonido, con el ritual.

Encuentro con la esfinge
Una mujer en busca de. Vagabunda, perdida, campesina. Una mujer viajera en el tiempo, dentro de sí. Atrapada en el tiempo, enojada, peleando. Escribe la historia pegando los restos, los despojos, los fragmentos, lo que queda de ella. Con tinta, con sangre, con bilis, con lágrima.
Otra mujer buscada. La juntan. Literalmente, la levantan del suelo, y sin apearse del caballo. La llevan a cruzar la frontera. Se queda del otro lado,
atrapada, perdida, desaparecida. Esta mujer tiene mucho para contar, pero no ha contado. Resucita, se transforma, elige.
A las dos las separa el tiempo. Ambas vienen desde el fondo de la historia, del inconsciente de país, de la ausencia de relatos.

El mito de la cautiva
Una cruza la frontera y se queda del otro lado. La otra vive en la frontera, siempre.
Definiciones de Todorov: bárbaro es el que no reconoce la plena humanidad del otro. Civilizado es el que reconoce plenamente la humanidad del otro aún cuando el otro sea diferente de sí.
Lo que nos queda: abrirse a lo otro que uno. El movimiento hacia el otro
Y apareció el mito de la cautiva (¿inconsciente colectivo?). En esta madeja infinita descubrimos un hilo que nos une a nosotras y nos compromete. Mito “importante”, constitutivo de nuestro país en el siglo XIX.
 “El lugar de la memoria es como un templo… Me acerco a las cautivas con la certeza de que todo es simbólico y significante, hasta el silencio que las rodea.”[1]
Leimos a Borges y a Aira, a Echeverría y a Mansilla. A Susana Rotker. A varias otras mujeres que también se dedicaron al tema y nos dieron alas[2]. Olga Orozco y Alfonsina Storni. Clarissa Pinkola Estés.
Textos que generaron un entramado dramatúrgico para contar una historia (o dos): una mujer que se recupera y otra que sigue muriendo. Una, cautiva, y otra, guerrera. Como en un tiempo sin tiempo una se descubre y se libera. Y otra lucha sin tregua, ¿hasta morir?
Salir del paradigma de mujer víctima para concentrarnos en mujer buscadora, pensadora, autónoma, como una humana puede llegar a ser. Libre.
Elegir la propia vida, esa es la pregunta.
                                 

[1] Susana Rotker, Cautivas, olvidos y memoria en la Argentina, Ariel, Buenos Aires, 1999.
[2] María A. Semilla Durán.  “Variaciones y recurrencias. El eterno retorno del mito de la cautiva en la literatura argentina” (Université Lumière Lyon 2); Lea Fletcher (compiladora) MUJERES Y CULTURA EN LA ARGENTINA DEL SIGLO XIX, Feminaria,
[3] Jorge Luis Borges (El guerrero y la cautiva), César Aira (Ema, la cautiva), Esteban Echeverría (La Cautiva), Lucio V. Mansilla (Una excursión a los indios ranqueles), Pinkola Estés (Mujeres que corren con los lobos), Alfonsina Storni (Irremediablemente), Olga Orozco (Juegos Peligrosos)





Los domingos 5 y 12 de agosto, a las 20 hs.

se presenta en Travesía Teatro (El Macurú 162, Bo. Alas, Ciudad Evita)



h u m a n a s,  con Sabrina Califano y Marcela Brito.



Arte visual y vestuario: Viviana Posincovich. 

Asistencia y producción artística: Sandra Califano.

Dirección musical y arreglos: Sebastián Camacho.

 Dramaturgia y dirección: Laura D´Anna.