sábado, 14 de abril de 2012

MUJERES SINGULARES: Cristina Briante





por Sandra Califano







“Mi Paisito es un juego circular de dolores y alegrías”

Plateó nuestros cuerpos
el campo, la casa
jugamos a ser chicos
escondidos en el follaje
evitamos los rayos
indiscretos
caminamos pastos de plata
cegados en espera
de su cosecha
invocamos a la luna
en un abrazo infinito,
piadosa
dejó sentir logradas,
nuestras urgencias

Qué mejor que La Luna redonda una poesía de Paisito, su último libro, la presente. Invoco su magia para dejar caer sólo algunos datos sobre Cristina Briante. Nació en General Belgrano, provincia de Buenos Aires, es madre y abuela, fue docente, y una mujer que desde el tango, el teatro y la literatura se fue plantando en el terreno del arte.
La cautiva el sabor de la manzana y la canela juntas. Si tuviera que guardar un recuerdo, elige para llevarse un verano en Sierra de la Ventana cuando tenía 18 años. Entre los anhelos pendientes, se ilusiona con enamorarse de un hombre posible.
Hoy, Cristina amasa poesías y sueños siempre nuevos. Sus sueños la llevaron a publicar Paisito en 2010, a integrar la antología Sin fronteras editada por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, México en 2011, a ser semifinalista del concurso “Reunión de Voces”, que se hizo en Buenos Aires en ese mismo año, y a tener entre manos un libro de poesía para chicos.

¿
Cómo se fue dando tu acercamiento a la poesía?
En la escuela primaria tenía contenidos de poesía y sus géneros. Casi siempre, los libros de lectura tenían con una parte dedicada a la poesía. Tuve que memorizar autores como Lugones, Mistral, Becker, Storni, Rojas. Güiraldes, Hernández, Blomberg, y Macedonio Fernández. En casa, mi mamá sabía y recitaba poesías casi como jugando. Lo mismo pasaba con las letras de los tangos.
Hice el secundario en la escuela parroquial Nuestra Señora De Fátima, de Del Viso. Como era una escuela en formación, la mayoría de los profesores eran muy jóvenes y cursaban los últimos años de sus carreras de grado. Tal vez por casualidad, se dio que los profesores de castellano, literatura, historia y filosofía tenían una fuerte inclinación por la poesía.



¿Cuáles fueron los autores que te motivaron?
Con mis amigas leíamos Sor Juana, Lorca, Machado, Alberti, Neruda, Martí, Salinas, Hölderling, Michaux. Por mi hermano llegué a Tejada Gómez, Girondo, Borges, Neruda, José Castilla, Viel Temperley y a Gelman.

¿Qué recuerdos de la infancia te acompañan en este camino?
Mi vida en el pueblo, las siestas en la quinta de mis tíos, jugando con mi hermano Miguel y mi primo. El cementerio de los pájaros y los sapos que encontrábamos muertos y a los que les hacíamos sepulturas con piedritas y ramas. Los ligustros cortados en forma de animales…
También recuerdo la separación de mis padres cuando tenía ocho años, la venida a Buenos Aires y el ingreso a un colegio de monjas, pupila. La soledad y la figura de una madre, siempre muy valiente y creativa.
Un dato curioso es que después que murió mi papá encontramos muchos textos poéticos de su autoría.


¿Cómo te afectó la figura de Miguel en tu proceso?
Fundamentalmente en la selección de la lectura. Yo no compartí su mundo para nada. Sólo fuimos juntos a algunas presentaciones o conciertos. Miguel era muy cuida y nunca me integró a sus salidas. Solía pasar por las redacciones y allí conocí a sus amigos y a algunos compañeros como Juan Gelman, Aguya, o Pichón Rivière.
Lo visitaba todos los miércoles cuando era Director del Centro Cultural Recoleta y tomábamos un café para hablar de la familia.
Miguel era un crítico implacable, durante años escribí sin compartir mis textos. Tenía la certeza que el lugar de la escritura en la familia le pertenecía. Tomé atajos diferentes. El no supo de mis poesías. Como marca me quedó el ser hipercrítica con mi escritura y el respeto por los textos.
Cuando el murió yo tenía material como para un libro y no me animaba a publicarlo. Hilda Cañeque, que lo había leído, me alentó a publicarlo. Yo trabajé durante años el tema de mi apellido ya que me parecía que publicar después de su muerte podía ser visto como un oportunismo. Tardé quince años en tomar la decisión y después de ganar varios concursos me sentí habilitada.

¿Cuál es el aporte de la poesía a los tiempos que vivimos?
Para mi la poesía es un camino de ruptura, de molestia, de inquietud. Es una manera
bella de conectarse aún con lo siniestro. Es un puente de ida y vuelta entre el goce y el dolor.

¿Cómo nació Paisito?
Como anticipé, Paisito fue de parto largo. El nombre me lo dio mi nieta Renata, nacida en Mallorca. Alguien le preguntó por su acento y ella dijo “…y vivo en otro paisito”
Mi paisito puede ser mi país, mi pueblo, el lugar de cada uno. Es un juego circular, de dolores y alegría, de muertes y nacimientos, de amores y desamores. De la vida a panza abierta.

¿En qué proyectos estás trabajando?
Tengo en corrección un libro de poesías para niños y otro para adultos. Terminé la obra de teatro “Me falta un nombre”, sobre el tema de la identidad en coautoría con Mario Cóccaro y estoy trabajando en cuentos y micro relatos.