viernes, 20 de enero de 2012

MI ENCUENTRO por Laura D´Anna

Jugar a encontrarse

Cuando éramos chicas, con mi hermana menor y dos amigas (una de ellas, Vivi) jugábamos a “encontrarse”. Así se llamaba el juego, que consistía básicamente en nuestra propia versión de las escondidas. Estábamos muy orgullosas de haberlo inventado, de haber cambiado las reglas del tradicional. Al igual que en aquel juego, alguien contaba y las demás se escondían. Pero a diferencia de él, las que se escondían no podían permanecer en el mismo lugar. Y las que buscaban podían (valía) distraerse en el camino (por ejemplo, dejar de buscar y ponerse a cortar hinojo de la cuneta para darle de comer a los conejos). El juego podía durar horas, el día entero, siempre Vivi con Andrea, mi hermana menor. Y yo con Mimi, la hermana melliza de Vivi.
Esto ocurría en Manuel Ocampo, nuestro pueblo de casi 3000 habitantes, cerca de Pergamino, allá por la década del 70.
Tan trascendental fue ese juego que hasta hace poco duró el secreto de los lugares secretos que cada dupla tenía. Nos divertíamos mucho y poco importaba perder o ganar. Perder singnificaba que ellas nos encontraran rápido y tener que contar y pasar nosotras a buscarlas a ellas. Y ganar significaba que no nos encontraran en horas, y en el interín, nos encontráramos nosotras mismas.
Nuestro lugar secreto –el de Mimi y mío- era la cuadra de la panadería que había en el corralón de nuestra casa: Mimi y yo trepábamos a lo alto de una pila de bolsas de harina que llegaba casi hasta el techo: allí, blancas de harina, nos contábamos cosas y si sucedía que abajo pasaran ellas, nos mordíamos de risa porque no sospechaban en absoluto dónde estábamos ni que las estábamos espiando… Un día se detuvieron justo allí abajo. Se sentaron: comentaron con bronca lo difícil que era ese día encontrarnos, comieron unas galletitas y se contaron cosas… Con Mimi no se nos movía ni una pestaña, no queríamos perdernos nada (y el palpitar de nuestro corazón casi no nos dejaba oir).

Los caminos de las cuatro amigas siguieron sus cauces. Y nos gusta decir que seguimos siempre jugando a encontrarnos.
Hoy Andrea se encuentra en mi mamá, que está enferma y vive en Rosario. María –porque Mimi un día tomó su verdadero nombre y se lo puso- se encuentra viajando por el mundo.
Las aguas de Vivi y mías corrieron cercanas, por Buenos Aires, por lo que nosotras dos pudimos seguir jugando juntas, acaso como representantes de ambos grupos, acaso por las nuestras. Porque además nos encontramos en los ríos de los oficios, plástica y teatro.

Todo para decir que en noviembre de 2011 jugamos a "encontrarse" con muchas más, hermanas y amigas. Pero esta vez fue en Dolores, otro pueblo.

Buscar. Buscar y distraerse en el camino. Encontrar en el distraerse. Contarse cosas. Hacer cosas. Esconderse. Cambiar de lugar. Esconderse para encontrarse. Espiar a las otras (ser espectadora). Encontrar-encontrarse.

Me parece que nuestro juego de infancia comparte todas estas acciones con el Encuentro Magdalena de Dolores 2011. Quienes más quienes menos ejecutamos algunas o todas de estas acciones con el objetivo principal de encontrarnos

Buscar
a quienes trabajan en condiciones parecidas y necesitan el aliento y la confianza y reafirmación de la fe en el oficio

Esconderse
Nos fuimos a Dolores. Algunas fueron desde otros países. Nos pusimos máscaras. Las quitamos.

Distraerse
A veces hay que ir para otro lado para encontrar

Cambiar de lugar
Tomamos seminario, damos seminario, somos espectadoras, protagonistas, servimos las mesas, nos encargamos del silencio, lavamos los baños, hacemos una torta, dirigimos, barremos el escenario
Y no tener nada por seguro, por dogma, más que el placer de trabajar.

Contarse cosas
Crear redes, conocernos, saber que a vos te pasó lo mismo que a mí. Joelma me dice “ahora entendí mi clown” y yo quedé sin palabras y debí haberle dicho “qué suerte, porque yo aún no encontré el mío!”

Espiar
Postales sueltas dictadas por mi corazón:
Marisi cantando “pur iso uma força…”
Lucia de la mano de Ya Ling, en el camino a la plaza
El mechón de León, amarillo de pintura
Los boy scouts parando el tránsito
Helen bailando en la calle, dirigiendo el canto
Marcet apoyando el acordeón en la tumba de Kungatá y de su hermanita
Marta cuchicheando con Patricia
El rubor de Patricia mientras traducía a Ya Ling con sus hongos
Lucia empezando su seminario con una canción
Las de Vuelos surcando las pampas con ese vehículo (que parecía tener alas)

Encontrar
Belleza. Dedicación. Exigencia. Amor al oficio. Tolerancia. Paciencia. Tanto trabajo. Sabiduría. Qué hacer con los sueños.

Encontrarse
Soy otra. Yo misma no puedo creer todo esto que pudimos hacer. Porque nos dejamos llevar. Porque confiamos. Porque trabajamos. Porque no tuvimos miedo. Porque amamos.

Gracias