
He aquí un fragmento extraído del libro de Verónica Oddó, aún no editado, acerca de su técnica de entrenamiento y que, por gentileza de su parte, hoy publicamos en el Magda.
Derechos reservados a V.O.
Ver Encuentro con Verónica Oddó publicado en abril de este año por Laura D´Anna.
EL TRABAJO SECRETO DEL ACTOR
(El entrenamiento físico como la clave del secreto)
INTRODUCCIÓN
Durante 25 años de profesión como actriz y como docente, he ido elaborando y reelaborando formas lúdicas de llegar al escenario con el cuerpo y la mente disponibles, sensible y emocionalmente, para emprender el juego de la interpretación. Como actriz he utilizado en ensayos y en el entrenamiento previo a cada función, lo que hoy me atrevo a publicar como una técnica, un sistema de aprendizaje que devuelve al cuerpo el protagonismo de la interpretación.
Como docente, lo he ido practicando durante todos estos años con mis alumnos de Venezuela, de Argentina, de Chile y en el transcurso del tiempo, he ido comprobando que ha dado frutos concretos y pruebas fehacientes de su utilidad para el actor, factor que fue definitivo para tomar la decisión de escribir esta guía orientadora. Ante todo para los eventuales actores interesados en renovarse y re-enamorarse de la interpretación como acto eminente creativo y absolutamente personal. Y en segundo lugar va dedicado a los docentes de Movimiento y de Actuación para aspirantes a actores. Con frecuencia se me acercan profesores de movimiento pidiendo consejos sobre literatura al respecto. No conozco libros orientadores en el tema específico de técnicas de trabajo físico que incluyan el lenguaje hablado, como lo requiere el entrenamiento integral del actor, del intérprete. Este libro pretende compartir mi experiencia de muchos años con colegas actores y/o docentes.
He diseñado su contenido con la intención expresa de que la lectura del libro contagie la necesidad de poner el cuerpo en acción para que la comprensión de cada ejercicio sea vivencial, se transforme en una experiencia de vida en el cuerpo. Trato de evitar que una práctica pueda petrificarse en cualquier forma de teoría. De alguna manera sería la negación de esta técnica en si misma.
Para eso he decidido dar a conocer la experiencia día a día, de tres talleres impartidos en Buenos Aires a grupos internacionales, los años 2004, 2007 y 2008.
En cada uno nos servimos de una obra del teatro universal; "Antígona Versión libre de la tragedia de Sófocles" de José Watanabe en el 2004, "Después de la Caída" de Arthur Miller, en el 2007, y "Cuadros de amor y humor al fresco", de José Alonso de Santos en el 2008. La elección la hice justamente por tratarse de tres textos completamente distintos entre si, que supondrían un abordaje diferente para cada uno, teniendo en cuenta el estilo literario de cada una. El lector podrá identificar las partes de la ejercitación que se repite en los talleres, y cómo la misma consigna de un ejercicio se adapta a la índole de la obra que se está trabajando y al actor que indaga su personaje en particular, ayudados y estimulados por el carácter de la música cuidadosamente seleccionada, para generar procesos e impulsos físicos que el actor, en su propio cuerpo y experiencia personal, va encontrando para el juego necesario de su personaje en cada caso. Ese es el objetivo. Encontrar en el propio cuerpo los impulsos físicos específicos para cada interpretación, de modo que cada momento de representación esté movido por impulsos que ocurran en el absoluto presente.
La música es imprescindible para la eficacia de esta técnica, pues necesariamente y de forma totalmente inconsciente nos modifica internamente, abriendo canales sensibles que potenciarán la palabra literaria de la obra, dándole "cuerpo". Más adelante me referiré específicamente a esto.
En definitiva, esta ejercitación es una manera de inducir a los actores a ofrecer al director, ojalá en el primer ensayo, un cuerpo que ya ha transitado algunas experiencias con el lenguaje del personaje, el que ha ido despertando en el camino hecho en el cuerpo del actor desde que supo que debía asumirlo, recorrido efectuado en la intimidad, antes que hayan empezado los ensayos. Necesariamente el que haga este recorrido, estará en mejores condiciones para evitar el sufrimiento que implica correr detrás de una imagen fantasmal, poco definida en adjetivos calificativos y/o metáforas de actores y directores que opinan sobre el "ser" del personaje. La creación del personaje literario materializado en el actor, sólo puede nacer de ese cuerpo.
RELATIVO AL ACTOR
En la formación de actores he visto con mucha frecuencia a alumnos dinámicos, creativos, libres, alegres y espontáneos en la práctica del movimiento y en el lenguaje hablado, hasta que llegaba la hora de ir al escenario a representar un personaje literario: todo eso desaparecía como por arte de magia, se transformaban en un cuerpo mecánico, muy poco expresivo y principalmente sin identidad clara, un cuerpo que "obedecía" ideas sobre el personaje habiendo perdido gran parte de su singularidad expresiva. ¿Dónde estaba la clave de esta transformación tan drástica, tan mecánica y poco interesante, tan "pensada"?
Esta es la pregunta que me ha orientado.
Creo haber encontrado algunas respuestas útiles, en el cuerpo, nada descriptivas ni teóricas. Estas se han ido conformando solas, sin una intención expresa de convertirlas en algo sistemático porque eso tiene sus riesgos. La técnica nunca puede reemplazar a un cuerpo vivo lleno de impulsos e intuiciones. Estas, las técnicas, ayudan a estimular eso, pero jamás lograrán reemplazarlo, y creo que ahí está el comienzo de un cierto malentendido en el cuerpo, que si no se supera, ahoga la auténtica expresividad de ese cuerpo imaginativo.
-ROL DE LA IMAGINACIÓN EN EL MOVIMIENTO
Cuando hablamos de imaginación, hablamos de recuerdo. Nadie inventa nada. De lo que conocemos y tenemos registrado en nuestra memoria del cuerpo, surge la capacidad de recrear la realidad conocida. De esa imaginación hablamos. Para el trabajo físico del actor, es imprescindible nutrirse de ella para la ejecución de los ejercicios. Sólo así dejarán de ser puro trabajo muscular y de coordinación.
Todo lo que se haga con el cuerpo pasa a ser experiencia y el cuerpo lo guarda, lo asocia, lo recrea, puede recordarlo. La experiencia que vivimos cuando soñamos, pasa a ser experiencia de vida. Todos "sabemos" cómo es volar, sin embargo, nunca lo hemos hecho. Es nuestra imaginación la que ha juntado lo que conocemos conceptual, sensible y sensorialmente como "volar" la que nos permite volar en sueños, simplemente lo hacemos, sin ningún juicio previo. Lo hacemos y no lo cuestionamos y lo mejor, lo incorporamos como vida vivida.
Para estimular y nutrir la imaginación recurro a la música, previamente elegida y seleccionada para cada ejercicio.
ROL DE LA MÚSICA EN EL ENTRENAMIENTO
La música tiene un rol muy activo en este entrenamiento; sus estímulos van directo al inconsciente, su lenguaje habla al hemisferio derecho del cerebro, y lo mantiene activo, a la par del hemisferio izquierdo, que es el que recuerda la letra del texto, las reglas del juego de cada ejercicio, (en ensayos, las indicaciones del director) y todo aquello que ha sido aprendido. Lo que la música despierta en el cuerpo, es absolutamente imprevisible y totalmente personal. Es aquí donde reside parte de "el secreto del actor". La música es el vehículo que nos ayuda a llegar a él, a identificarlo.
EL SECRETO
Lo que considero un verdadero tesoro para el actor, es toda la experiencia acumulada en el cuerpo a través de su vida. No hablo de aquello que se recuerda y se puede contar como sucesos, que también me parecen invaluables, sino de la memoria que guarda el propio cuerpo de episodios difusos en el recuerdo, pero que despiertan rápidamente a los estímulos sensibles. Aquellos que reviven a través de los sentidos. Lo que se oye, lo que se toca, lo que se huele, lo que se mira. Si el actor se vuelca hacia esa memoria de su ser, a esa experiencia particularísima que le dejó un sello personal ante un gusto, un aroma, un olor, un sonido, o una imagen, estará entrando sin vacilación al camino que lleva a "encarnar" un personaje.
LA ACCIÓN DRAMÁTICA ES EL CENTRO DE ATENCIÓN.
Cuando iniciamos nuestra vida docente en Buenos Aires en el año 1993, Juan Carlos Gené y yo ya teníamos varios años en Caracas experimentando juntos en la docencia, compartiendo la conducción de clases, en sesiones de 4 horas cada una, en las que dividíamos el trabajo en dos partes: la primera a mi cargo que consistía en dos horas de entrenamiento colectivo e individual de ejercicios de movimiento, de texto, combinaciones de ambos que detonaban imaginativa y sensorialmente la necesidad de emprender acciones. En la segunda parte Juan hacía el trabajo de comprensión y estudio de las escenas parte por parte, unidad por unidad, para que el alumno finalmente hiciera la síntesis de ambas vías. Tanto en la primera como en la segunda parte, ambos nos ocupábamos de que el alumno se orientara a partir de "lo que tienes que hacer", encaminándolos a la acción dramática.
Básicamente esa es la idea de este libro-apunte. Una serie de "quehaceres" descritos en cada ejercicio, diseñado para disparar impulsos corporales que generarán acciones precisas. Ese cuerpo dispuesto a la acción, es el logro de un entrenamiento adecuado.
EL LIBRO
Transcribir literalmente los apuntes que hice clase a clase del desarrollo de tres talleres impartidos en Buenos Aires durante los años 2004, 2007 y 2008, en los que los resultados quedaron a la vista de todos y cada uno de los participantes, fue la vía de exposición escrita que se me ocurrió, haciendo todo lo posible por evitar que un libro convierta en teoría una práctica que sólo al ejercerla provoca consecuencias ineludibles en el cuerpo del actor.
El primer taller trascripto (2004) fue un Intensivo de 10 días consecutivos, 4 horas por sesión. Los Talleres del 2007 y 2008 se desarrollaron en 12 sesiones de trabajo, de 4 horas cada una, distribuidas en una sesión semanal desde abril hasta junio de cada año.
La elección de estos seminarios en particular se debe a que, en cada uno de ellos, se trabajó con una obra de teatro como mapa indispensable para llegar al territorio y éste, el territorio, en cada una de ellas, presentaba dificultades completamente diferentes entre sí. La primera, tragedia. El segundo, realismo del siglo XX y la tercera, comedia negra española de última generación.
Mi intención es brindar al interesado que lee estas líneas, la oportunidad de darse cuenta que el género de la obra que representaremos, no interfiere con este tipo de entrenamiento. Al contrario, facilita al actor la capacidad de juego, bajando la presión del género literario de la obra.