jueves, 15 de diciembre de 2011

NATALIA MARCET. Crear un punto



Crónica del Encuentro

2 de Diciembre de 2011. Luna en cuarto creciente. Hace un mes, a esta hora, estaba esperando en Dolores la llegada del primer contingente del Encuentro Magdalena “Mujer Teatro y Oficio”, Estación Dolores. ¿Mi estado en ese momento? El de una liebre constelada con 32 manos. Saltando de aquí para allá. Cada mano atendía una constelación, que tenía un planeta central. Me refiero a: mientras saludaba y agradecía al Intendente, llamaba a Elena, la directora de los Scouts, compraba los dos kilos de pan que usaría mi mamá para cocinar el budín de pan, controlaba los dormis y les ponía sahumerios, abrazaba a Teresa por la comidita que estaba preparando, me peleaba con el técnico de luces del teatro quien me reclamaba que en media hora él no podía hacer milagros con dos puestas de luces tan disímiles, recibía un llamado del conductor de la combie que traería a las artistas invitadas diciéndome que la escenografía de los brasileros no entraba, a los cinco minutos otro llamado comunicándome la solución -gracias a la presencia del Secretario de Gobierno de Dolores. Y recibía a otra combie que había dejado dando vueltas a otra gente, más un llamado de Lucho -el Director de la Juventud, que posibilitó todo esto- retándome y anunciándome la solución, más otro llamado de Ana que me decía “está todo bien todo solucionado… Laura reparte budines” y me contaba que mientras acomodaban la escenografía en una de las combies ,subían y bajaban invitadas de un auto a otro. A la vez de todo eso, trataba de conseguir dos reproductores de CD, realizaba una nota para una radio, hablaba con el encargado del Club Social donde se realizarían los Talleres (que me lo había conseguido mi primer novio), llamaba a un Astrónomo dolorense en La Plata que me daba las coordenadas horarias de salida del Sol en los próximos días, e iba a la depiladora. Todo por hacerse… y una ansiedad…
Una espera típicamente femenina, Una espera a ‘’lo Lucre’’, mi madre. Quien, desde siempre, hizo su mítico budín de pan, mientras nos cantaba canciones de María Elena Walsh, tendía la mesa, llamaba a su mamá, se ponía los ruleros para esperar linda a su marido, cortaba el pasto, sonreía a todas las vecinas que pasaban por nuestra vereda y corregía los exámenes de sus alumnos de la Escuela de Fruticultura.
Salto en el tiempo. Voy un año hacia atrás. Solos Ferteis, Brasilia. Ana Woolf y yo en el cierre. Ana diciendo quiero Magdalena Segunda Generación en Argentina…’’Yo también quiero’’ dije en ese momento… Quería recibir a nuestras amigas de todo el mundo. Quería ofrecer nuestra casa. Pero, ¿dónde?
Dicen los karatecas que sólo se trata de crear un punto. De crear un punto, darle forma, sustancia, y allí, luego de años de crearlo, poder partir la mesa de madera con un sólo golpe. Lo leo hoy por la mañana, antes de sentarme a escribir, en un libro de Jodorowsky.
Llegada a la Argentina, me había quedado sin casa propia en Buenos Aires… Donde estés, a fin de año, sembrarás. Me dijeron por allí.
Fin de 2010. Pasé las fiestas con la familia: el 25 en Dolores, el 31 en Cipoletti. Fui a Chimpay a ver el Santuario de Ceferino y allí arrojé una piedrita al Rio pidiendo “que se manifieste lo mejor’’.
En febrero, esperando el Corso, al calor de las tardes dolorenses, en El Cóndor, Centro Municipal de la Juventud recuperado, hablando con Lucho Franco (mi amigo, Director de la Juventud), le dije ‘’hagamos un Encuentro Magdalena’’, ’’¿qué necesitás?’’ “Lo tenés. Lo hacemos.’’
Allí comenzó todo. Luego los correos. La profunda necesidad de que sucediera, porque nacía del deseo. Deseo de recibir para intentar retribuir algo de todo lo recibido durante estos años.
¿Por qué en Dolores? Para llenar sus calles de alegría, de tambores, de canciones, de cuerpos felices danzando. Para recibir el sol, para meditar desde la práctica, para compartir. Y, por sobre todas las cosas, para volver acompañada, transformar el veneno en alimento y cumplir uno de mis sueños: tocarle el acordeón a mi abuela Kungata en su tumba. Ella hubiera querido tener uno. Yo se lo quería mostrar. Y quería ir a ver a Bertha, la mítica santa de los enamorados en Dolores -una prostituta rescatada por un comerciante- que se suicidó por amor.
Porque cuando yo tenía 16 años, estos espacios nos faltaron a muchos, y ahora comienzan a existir. Para sostener desde la práctica la construcción de un mundo más inclusivo, menos feroz. Una profunda necesidad nacida de la convicción interna de que, despejados los demonios que plagaron de alambrados pinchudos nuestra infancia, en la casa de una, en el lugar de origen, está la tierra calentita donde se pueden apoyar los pies para volver a levantar vuelo. Como las golondrinas que observo todas las primaveras y todos los otoños llegar y partir.
Entonces la fiesta comenzó. La falta de agua (a veces no hay presión en el pueblo), las corridas, los Talleres funcionando. El grupo amateur que dirijo allí, esperando luego de un día de trabajo, para mostrar a las invitadas su espectáculo, defendiendo su propuesta con dignidad. Ya Ling caminando por el pueblo. Helen Chadwick, saliendo de una heladería con una cara de felicidad inusitada. Lucia Sander, el día de la conferencia de prensa, con su camisa vaquera, y yo diciéndole que parecía un mantel… y ella usándolo como disparador para su discurso. Natalia Tesone presentando su trabajo en lengua de señas y paralizando literalmente el mundo en ese momento (qué orgullo) Mis palabras sosteniendo un volcán de emoción presentando a todo el mundo (preocupada a la vez por nimiedades de logística), olvidando de presentarme yo misma, y la cara amorosa de Laura D’Anna, Marcela Brito, Natalia Tesone. Ya Ling hablando con una sensibilidad estremecedora y donando el primer ‘’ladrillo simbólico‘’ a Ana para construir su Teatro. Ana mirándome y diciendo ‘’¿y vos?’’ y hablando de mi devolviéndome una imagen que me cuesta incorporar de mi persona. Y Lucho junto a Elena, desde atrás, acompañando, hablando. Todos esos cuatro días hasta la Fiesta Final. Ana Tamagno cantando en la conferencia de prensa con amplificación (porque no se sentía segura). Y VIAJERAS abriendo en el Hogar San José: calentando la voz siguiendo a Marcela, que lograba en ese instante una síntesis perfecta entre la novicia rebelde y una canción cantada por Helen en la apertura junto a mi acordeón, la sonrisa de Emilia (Laura D’Anna) en el medio de Viajeras cuando Kungatá (yo) le menciona que se puede viajar en un ‘’elefante en patineta’’
Helen cantando en el Salón Blanco Municipal, donde se reúnen los concejales. Luciana Martuchelli y Juliana Zancanaro con su bellísimo espectáculo traducido al portuñol , donde Luciana dirige a su papá, Juliana acompañada por su marido quien la quiere ‘’ver actuar en portuñol haciendo su rito de pasaje”. Las dos haciendo su rito de pasaje: ya no van a los Magdalenas como organizadoras, sino como artistas. Luciana diciéndomelo varias veces con lágrimas en los ojos. Verónica Meos Laos, de Dolores, haciendo su visita guiada al cementerio (ella es especialista en cementerios, nos recibe con Funebria su personaje), Ana Woolf haciendo su demostración de trabajo, estrenando en Dolores, Argentina. Y dándome el bastón... (cuando lo hace en escena escucho la risita amorosa de Laura D’Anna, compañera de camino, VIAJERA) Laura y su Ofelia, su ansiado working progress, allí. Y Sabrina cantando, Marcela cantando. La cámara de Fiorella registrando amorosamente todo. La comida. La luna. Blanca interrogando subrepticia e inteligentemente a los señores del patriarcal Club Social “¿y ustedes, qué hacen acá, a qué se reúnen? Y ellos morían por saber que hacían esas mujeres allí…
La toma del pueblo. La entrada al Cementerio. Yo vestida de novia. Diez llamados telefónicos de mi mamá preguntándome si había pedido permiso, recomendándome respeto por el dolor de los presentes, induciéndome a detener la acción. Cincuenta compañeras de todo el mundo diciéndome ‘’acá estamos’’, Elena de los Scouts diciendo “nosotros paramos las calles’’. Mi mamá finalmente llevándonos en el auto. Y Anita Mosca, mi Bernarda Alba, la viuda que me seguiría por el cementerio, hablándole a mi mamá de la belleza de lo vivido. Y mi mamá, como siempre, ayudando como puede (ya había hecho dos mágicos budines de pan), mi papá desde un costado, no queriendo protagonismo, habiendo realizado los souvenirs de obsequio para las invitadas internacionales (sus grandiosas conservas de morrones rojos), pero acompañando y al pie del cañón por cualquier cosa que pasara. Yo hablando con el encargado del cementerio, poniendo una escalera en la muralla de la tumba de Bertha Smith practicando formas de subir y bajar. Ana diciéndole ‘’nos guiás pero no te metas en la performance’’ y él, “estaré adelante. Me iré poniendo delante para que me vea sólo usted’’. Asu vez, él diciéndole a mi mamá que empezáramos, que a las 18:30 hs sonaba la sirena y cerraba el cementerio hasta el día siguiente. La ronda a la entrada del cementerio. Ana diciéndonos “no vamos a hacer montaje aquí. Sólo acompañar a Naty a hacer su ritual, a homenajear a su abuela. Y a Bertha Smith”, la mujer apasionada que se suicidó por amor…
Entonces… comenzar a caminar el sueño. Acompañada. Porque como dice mi personaje Kungatá en VIAJERAS “yo no soy sola, soy acompañada’’. Acompañada por mis hermanas del Magdalena, mi mamá, mi papá, 50 mujeres de todo el mundo, la gente que honraba a sus muertos. Y los Scouts. Uno de ellos me llevaría el acordeón y me ayudaría (después nos contaría que hasta ese momento él no quería entrar al cementerio porque lloraba recordando a su abuelito muerto, y que gracias a esto había podido hacerlo). Llegar a la tumba de mi abuela, con la presencia permanente de Anita Mosca vestida de negro, panteón donde también esta mi hermanita y mi abuelo Kunkún. Y sólo poder tocar frágilmente una línea melódica, mientras todo mi primer año de vida se resignificaba en mi memoria. Cerrar el acordeón y mostrárselo a Kungatá (¿acto psicomágico? Desde ese momento no paro de componer música). Partir hacia la tumba de Bertha, doblar por una esquina y abrazar movida por el viento con mi tul de novia los hombros de Ana Mosca. Sentir la presencia de las 50 mujeres allí, el calor de la comunidad individuada. Llegar a la tumba de Bertha, subir, sentir el sol sobre mi cuerpo mientras una “mm’’ dirigida por Helen Chadwick brotaba de la boca del cortejo. Despedir al hombre… con una mano… Y ver la mano de Ana Woolf, sonriente directora, que me hacia señas de cerrar, cerrar. Salir caminado por el cementerio, ver a l@s dolientes a nuestro paso. Salir caminando del cementerio y ver cómo, en la puerta, Ya Ling dirigía su ritual.
Allí, en ese momento, sonó la sirena de cierre del cementerio. A una seña de Ana comenzaron los tambores, y la caminata hasta la toma del pueblo por la calle Olavarría se inició. Paradas en esquinas, paradas en casas abandonadas, performance de Blanca Rizzo, las Gertrudis, las Ofelias… Helen desatada cantando por las calles, revoleando un pañuelo celeste. Ana Tamagno cantando a boca de jarro, a canto pelado, sin amplificación… Mis alumnos en la plaza sentados a la mesa de su espectáculo comiendo báquicamente fideos que sacan de un balde mientras Ya Ling conduce un ritual, le da barquitos a mi papá y a mi mamá ( que ell@s aún hoy guardan en un lugar de privilegio en la casa). Las miradas de felicidad…
Caminar esas calles. La novia que llevaba puesta yo… l@s llevaba….cada una de nosotras las llevaba…las llevamos aún hoy (tantas son… La palabra es injusta, a la hora de registrar todo lo sucedido, no existe ’’le mot juste’’ que logre volcar tanta belleza traída a este mundo)
Me dijeron por ahí que cuando saludamos al sol, mientras sonaba mi tambor, detuvimos la lluvia. Leo por allí tantos mensajes, tantas palabras, que intentan reacercarnos a lo vivido. Pido disculpas por escribir tan desde mi ‘’yo narrativo’’.No, mejor, ’’mi yo elegiaco’’. Pido disculpas por escribir tanto y no reflejar todo (¡Ay!!!!!)
Magdalena Segunda Generación MUJER-TEATRO-OFICIO. Budines de Laura. Alegría de Ana. La experiencia y la inspiración de Ana, lógica comunicacional impecable de Natalia Tesone, tambores de Marcela Brito, energía de Blanca Rizzo, apoyo de Cecilia Ruiz. ¡ay! tantoooo… Gabriela Urrutibehety y Milagros Moreni Nimer haciendo Prensa en medios locales y regionales… Antes de comenzar el Encuentro, leo que la dirección de la Juventud lo pone al Encuentro como un Proyecto a realizarse anualmente hasta el 2015. El pueblo diciendo, “era más de lo que pensábamos…’’ Yo diciéndole a mi mamá, ’’no importa cuant@s lo vieron, fue sólo la excusa para que sucediera y comenzar a construir la leyenda…’’
Leo el escrito de Bárbara Biscaro. La recuerdo cantando con su voz de ángel junto a Ana Tamagno y Helen Chadwick. Ellas deben saber lo que significaron para Ana en ese momento, lo que la ayudaron a levar anclas…
Sonrío. Se trataba de encontrar el lugar propicio y de construir un punto, un acto psicomágico que opere como un rito de pasaje… ¿verdad, Luciana?
Cada Encuentro Magdalena necesariamente despierta en cada una de nosotras alguna de las tantas mujeres adormecidas que anidan en nosotras. Nos miro. Nos veo. Nos siento a cada una de las que estuvimos allí. Nuevas...
Se trataba de construir un punto… pero no somos karatecas... entonces no rompemos la mesa de madera, la preparamos y tod@s junt@S invitamos a tod@s l@s comensal@S a compartir el alimento.
Magdalena Segunda Generación, Mujer-Teatro- Oficio… ¡Chin chin!!!! Levantamos la copa por lo vivido… y lo que viene para vivir...
Gracias, amig@s del camino.
Natalia Marcet
Mar del Plata, 2 de diciembre de 2011