jueves, 15 de diciembre de 2011

MARISA NASPOLINI. Los sentidos de la Red


Un punto de vista brasilero sobre La Red Magdalena
(esto es parte de lo que habló Marisa en la Mesa Magdalena en el Encuentro Magdalena, 2 de noviembre, en Bs As)


Me gustaría, en mi presentación, reflexionar un poco sobre nuestra participación en la red (está aquí Barbara Biscaro, mi compañera de trabajo en Brasil). También pretendo exponer un poco de nuestra experiencia con Vértice Brasil, evento realizado en la ciudad de Florianópolis en 2008 y en 2010.

“Los sentidos de la red: un punto de vista brasilero sobre La Red Magdalena”, es el título que le di a la ponencia de hoy. La palabra "sentido" en portugués tiene por lo menos tres significados: 1) "sentido" como "rumbo", way; 2) "sentido" como "significado", meaning; 3) "sentido" como "sentidos" (visión, audición, gusto, olfato, tacto). Esto quiere decir que cuando diga "sentido", existen múltiples posibilidades de interpretación detrás de la palabra…

He pensado mucho en los varios sentidos de una organización en red, y en particular en la organización de La Red Magdalena, buscando entender cuáles son las fuerzas que tornan las estructuras en red tan poderosas y revolucionarias en el mundo contemporáneo.

Desde los ´80, cuando se habla en red, lo primero que nos viene a la cabeza seguramente es internet, la cual diseminó la noción de trabajo en red y posibilitó, por cuenta de la globalización y de la cultura digital, la creación de un sinnúmero de estructuras que dependen de esas facilidades para existir. Si no fuesen las facilidades de comunicación y la caída de fronteras propiciadas por la red mundial de computadoras, la propia Red Magdalena tendría un alcance y tamaño diferente al que actualmente posee. Pero una red es mucho más que eso.

Ya escuché algunas veces hablar a Jill sobre la estructura horizontal en la base del concepto de la Red Magdalena y de sus tentativas de dislocamiento del centro de decisión y poder. También he leído varios trechos sobre el Proyecto Magdalena donde aparecen de forma explícita las dificultades provenientes de esta descentralización y aparente disolución de comando.

Las dudas, angustias y hasta el cansancio que surgen en este contexto me parecen ser los propios del formato experimentado (el de la red), y lejos de ser una forma más amena o más fácil de coordinar un proyecto de esta envergadura, exige no sólo talento y capacidades particulares, como también un tipo de refinamiento que no encontramos en estructuras verticales.

La horizontalidad a la que Jill se refiere es una característica de las organizaciones en red en contraposición a la estructura piramidal, y es en parte lo que las define. Según Francisco Whitaker (miembro brasilero del comité gestor del Foro Social Mundial), en este tipo de estructura sus integrantes se ligan horizontalmente a los demás, resultando en una malla de múltiples hilos que se puede expandir indefinidamente sin que ninguno de sus nudos sea considerado principal o central. En una red todos sus integrantes son sujetos autónomos que participan por propia motivación, y no por obligación o jerarquía. Lo importante de la red es la distribución de responsabilidades. Más que la presencia de un “jefe”, existe un deseo colectivo por cumplir un objetivo común (WHITAKER, 1993).

Al terminar el encuentro realizado en el país de Gales, en 1986, que dio inicio al Proyecto Magdalena, las participantes dejaron claro el deseo y la necesidad de darle continuidad. Veinticinco años después las células que constituyen la red se han multiplicado, se han creado nuevas articulaciones, se ampliaron los flujos de conexiones, se fortalecieron recíprocamente y, de esta manera, fortalecieron el propio conjunto.

El sociólogo español Manuel Castells define a la red como “un conjunto de nodos interconectados”. Cada nodo de la red representaría una unidad y cada hilo un canal por donde esas unidades se articulan a través de diversos flujos. También está presente la idea de flujo en la descripción de Susan Bassnett, autora del libro “Magdalena – International Women’s Experimental Theatre”, cuando busca definir el Proyecto Magdalena: no hay fluidez de una masa amorfa suelta, pero sí una fluidez que es “un poder móvil que aumenta y disminuye con el poder psíquico del individuo y ha sido una piedra fundamental en la creatividad y en el pensamiento feminista”.

Un principio básico de esa noción de red es que ella funciona como un sistema que se autoreproduce, como un sistema autopoiético. La idea de una red que conecte grupos de un determinado movimiento social, en nuestro caso, mujeres que hacen teatro, es de que la articulación entre todos los movimientos de este tipo, junto con los intercambios que ocurren entre ellos, fortalezca cada movimiento en particular, y que ese fortalecimiento contribuya para que surjan nuevos movimientos en otros lugares. De esta manera el alcance obtenido por el conjunto de los movimientos ya organizados será mucho mayor (MANCE, 2000, p. 24).

Cuando hablamos de red no nos referimos apenas a un diseño o a una composición formal diagramada en un espacio plano. La disposición en red no implica necesariamente una operación en red. Pero es preciso operar en red para que exista como tal. El periodista y consultor de gestión de redes y del tercer sector Cássio Martinho afirma que
“La horizontalidad es una especie de exigencia de un sistema con alto grado de empoderamiento de los actores y también es el resultado necesario de un sistema de ese tipo. Las redes son las que dan cuenta de articular – y de organizar con métodos y metas – actores sociales autónomos, diferentes y empoderados, que no admiten subordinación (el fundamento de la estructura vertical jerárquica), solamente cooperación y coordinación (MARTINHO).

Según Martinho, tanto la potencialización de la capacidad de intervención de esos actores sociales, como la promoción de sus acciones, dependería de la transformación efectiva de esos colectivos en red. Él destaca las características de plasticidad y dinamismo de la red, cuya configuración estaría regida por mecanismos de auto regulación.

Las redes no tienen un centro, quiere decir, cualquier punto de la red es un centro en potencia. Las redes son entidades fluidas, indefinidas (en un sentido deleuziano del término), o sea, no son delimitadas, no son circunscriptas, ni descriptas conforme las taxonomías existentes (en esto las redes son contemporáneas de la realidad virtual, de la androginia, de las llamadas culturas híbridas y de otros fenómenos sociales posmodernos) (MARTINHO).


También destaca su poder creador de nuevos órdenes y su carácter liberador de naturaleza democrática, abierta y emancipadora.
En “La trama de la vida”, el físico austríaco Fritjof Capra establece relaciones entre las redes presentes en los ecosistemas y las formas de organización humana. Según Capra, hay un padrón común de organización que puede ser identificado en todos los organismos vivos cuya propiedad más importante es la de ser un padrón de red. Donde haya sistemas vivos, sus componentes están ordenados en forma de red. “Siempre que miramos la vida, miramos redes” (CAPRA). O sea, para Capra las redes serían las formas más orgánicas de organización, marcadas por la falta de linealidad (ya que se extiende en todas direcciones), por la realimentación (la posibilidad de un camino cíclico que puede generar un lazo de realimentación a lo largo del recorrido) y por la autoregulación (aprende con sus propios errores y los corrige).
Para mí, lo más importante es pensar que los puntos de la red son las organizaciones, los eventos, los equipos, etc. Y las líneas son las relaciones que se crean entre estos elementos. Las líneas son más importantes. La red se ejerce a través de la continua implementación de las conexiones: sólo puede existir la medida en que se están estableciendo conexiones. No hay conexión, no hay red. Cada evento sirve como un facilitador de nuevas conexiones. Y mientras más conexiones, más compacto, coherente y orgánica es la red.

Pensando en estas cuestiones (¿Qué es una red? ¿Por qué una red? ¿Quién soy y quiénes somos dentro de la red? ¿Cómo se organiza? ¿En qué se parece o se diferencia de otras, la Red Magdalena?), intenté rehacer mi propio recorrido dentro de la red y pensar en cómo llegué hoy hasta aquí. En el 2003 recibí un email del Odin Teatret divulgando el Transit Festival que sería en Dinamarca en enero del 2004. Si bien nunca había escuchado nada sobre la Red Magdalena, lo que leí me llamó la atención, me interesó. En ese momento estaba pasando por un período de grandes transformaciones personales y profesionales, buscando nuevos desafíos y planeando montar un unipersonal. Había terminado una sociedad con dos hombres, que duró seis años, en los cuales produje, creé y dirigí y ahora me encontraba nuevamente sola y en busca de mis raíces. Mi madre estaba con cáncer de mama y se había mudado para así estar más cerca de mí. Toda esta situación, claro, me estaba afectando y mucho, sobre todo mi lado femenino (si es que se puede hablar de un lado femenino). Estaba viviendo a propósito un gran vacío y preguntándome quiénes eran mis madres en el teatro.

Fui seleccionada como suplente para el Transit Festival para el cual me había candidateado. Cuando ya no contaba más con la posibilidad de ir, recibí una correspondencia en la que me anunciaban que alguien había desistido. La respuesta tenía que ser inmediata por lo que respondí afirmativamente y después intentaría ver cómo haría para viabilizar el viaje. Iba a hacer un trabajo importante en la víspera de la Navidad, y decidí utilizar todo lo que ganase en el viaje (es válido aclarar que para una brasileña de clase media, viajar a Dinamarca a último momento, no es nada fácil). Mi idea original era economizar lo que ganase, pero crei que valía la pena gastar en el viaje. Era desde el punto de vista personal una inversión muy importante.

Desde el viaje en tren, mientras intentaba reconocer quién iría al mismo lugar que yo, tuve una sensación que se fue fortaleciendo con el paso de los días, la sensación de pertenecer. Tal vez haya sido por causa de mi desarraigo, mi falta de raíces, o por el hecho de haber vivido en varios países, pero también por el tipo de teatro que allí se produciría y por el propio tema elegido aquél año por el Transit (Roots in Transit – Raíces en Tránsito), lo cierto es que me sentí en casa. “Encontré mi tribu”, pensé.
Ya de vuelta en Brasil, reuní cinco amigas artistas (tres actrices, una fotógrafa y una gestora cultural, además de mí) y promoví diversas cenas durante cuatro años con el fin de conversar sobre el proyecto Magdalena, para de esta manera levantar cuestiones sobre la mujer-artista y sobre nuestras referencias de mujer. Hablar de nosotras mismas, construir sociedades de trabajo y posteriormente comenzar a pensar en una versión local para el Proyecto Magdalena. En el 2008, Julia Varley estuvo en mi ciudad y en la universidad en la cual trabajaba, así que le pregunté qué sería necesario hacer para que nuestro encuentro tuviese el “sello” Magdalena.
A partir de sus indicaciones, comenzamos a diseñar un encuentro, el cual tuvo dimensiones mucho más grandes de las que habíamos pensado en un principio. En el 2008 realizamos la primera edición de Vértice Brasil, un encuentro y festival de teatro realizado por mujeres, que contó con la presencia de Jill Greenhalg y Julia Varley, además de varias artistas brasileñas. En un comienzo el objetivo principal era la propia realización del evento. O sea, dar el primer paso para reunir mujeres brasileñas en torno del proyecto y generar conexiones con mujeres veteranas dentro de la red. En el 2010, dimos un paso mayor: ampliamos considerablemente la participación de artistas internacionales, llevando algunas Magdalenas veteranas, además de nuevas artistas en la red y trabajamos con el tema Travessia, a partir de una perspectiva intercultural.
Para el 2012 nuestra propuesta es trabajar con foco en las Américas, estrechando vínculos con los países latinoamericanos, Estados Unidos, Canadá y otros países de América. Como todos saben, vivimos en un país, Brasil, que tiene dimensiones continentales y muchas veces articular relaciones dentro de nuestro propio país ya es una tarea gigantesca.
Estamos planeando publicar las ponencias y los artículos que fueron presentados en las dos ediciones anteriores como también documentos fotográficos de ambos eventos. Queremos realizar la primera etapa del encuentro cerca del mar, en un lugar bucólico donde las participantes tengan la oportunidad de ahondar en el trabajo. Además de los talleres y de algunos espectáculos, nos gustaría en este momento crear grupos de trabajo de acuerdo a las diferentes áreas de interés individual. Estos grupos irán posteriormente a compartir las experiencias ligadas a tres grandes temas: pedagogías teatrales, gestión de redes y colectivos, política y teatro. En la segunda parte del encuentro, de carácter más urbano y con una programación abierta a la ciudad, vamos a priorizar los espectáculos, demostraciones de trabajo y ponencias.
Nuestra presencia aquí – y el esfuerzo que hicimos para viabilizar nuestro viaje – está ligada no solo al deseo de querer estrechar las relaciones con las artistas argentinas, sino también buscar nuevos formatos de cooperación que nos ayuden a mantenernos trabajando e intercambiando experiencias artísticas. Hace poco leí la declaración de una integrante de la Red Magdalena que decía que en los encuentros del Proyecto, había comprendido que, más que intercambiar experiencias en el sentido de que, “yo doy esto y recibo aquello”, reina la idea de compartir. Cada uno pone sobre la mesa lo que trajo para el picnic y todos se pueden servir.
Al hablar sobre el legado y el futuro del Proyecto durante el Vértice realizado en 2010, Julia Varley dijo que el Proyecto Magdalena es el espacio creado entre los hilos de la red, el vacío del espacio. Que cada una debería colocar en ese espacio vacío aquello que precisa en el momento. De acuerdo con ella, la comprensión del legado, solo se da si la persona comprende lo que es importante para sí misma, para su trabajo. Y finalizó enfatizando que “todas tienen que hacer lo máximo posible. Ni más ni menos, sino lo máximo”.

En Brasil estamos intentando hacer algo que tenga sentido para nosotras, que sea importante para nuestro trabajo. Creemos que tal vez, de esta forma, nuestra contribución tenga sentido y pueda ser importante también para otras personas, y sinceramente espero que estemos dando lo máximo de nosotras mismas como lo sé que están dando lo máximo de ustedes acá en Argentina. Y sobretodo estamos muy interesadas en el fortalecimiento de estas conexiones.

Voy a pasar ahora un video de seis minutos que muestra, a través de una edición de fotografías un poco de lo que fue Vértice 2010 el cual infelizmente no pudo contar con la presencia de Jill, que tuvo que cancelar su viaje a última hora por problemas de salud.

Agradezco muchísimo la atención de todos ustedes.