jueves, 15 de diciembre de 2011

GABRIELA BIANCO. Festival de cultura sorda en Porto Alegre













Crónica de un bautismo y otras reflexiones


Teatro
“Teatro en grupo y con lengua de señas”. “Poética de la lengua de señas en escena y acción cultural inclusiva”. “Teatro Visual”. Formas de llamar a algo que, de todas maneras, no se deja atrapar por el nombre.
En estos días dos de nosotras nos encontramos leyendo casualmente el mismo libro de Eugenio Barba, “Quemar la casa”, el último de una serie de libros de este Maestro, Teatrista y Escritor, que consideramos imprescindible para nuestro oficio.
Una lo lee en el italiano original, la otra en una bella traducción de Ana Woolf.
Hablamos entonces de la herida que cicatriza y que late cuando recordamos el camino. Hablamos de la mirada que emigra del propio terruño, de la fe que mueve nuestros pasos para andar en el país del teatro.
Las valijas casi listas. Me pregunto si estoy en condiciones de viajar a un Festival de Cultura Sorda. No puedo dormir la noche anterior. Me invaden los fantasmas de la demolición que ocurrió cuando decidí soltar amarras y mirar a mi familia con ojos de extranjera. Pasaron casi 20 años. Como emigrante del país de mis padres, estaré volviendo a esa tierra de los orígenes, a ese pueblo sin fronteras que conforman todos los Sordos que habitan su comunidad en cualquier rincón del planeta. Conozco esta sensación de múltiples islas-familia. La heredé de mis padres y la elegí al situarme en un vórtice determinado en el arte y el oficio.
Más de 500 personas de todo el Brasil y de países próximos y distantes: Inglaterra, Portugal, Australia, Uruguay, Argentina. Todos convocados al primer festival en Brasil que tiene como objeto la propia Cultura Sorda. Artistas, investigadores, académicos, y futuros espectadores nos congregamos a la ceremonia fundante de un nuevo territorio entre islotes. Un campo diverso, opuesto, paralelo, y a veces complementario, empieza a desplegarse desde la primera noche.
En el escenario central, la danza de un maestro de ceremonia dándonos la bienvenida. Es Sordo. Doctorado en Educación, miembro de la Universidad que es sede organizadora del encuentro, la Universidade Federal Do Río Grande Do Sul – UFRGS. Pantallas gigantes reproducen la presencia permanente de los intérpretes de Lengua de Señas Brasilera – LIBRAS- y el GESTUNO - llamado lenguaje internacional de señas-. En las primeras filas con micrófonos en mano y sin ser vistos, trabajan los intérpretes que traducen a los invitados y participantes oyentes. Son la voz humana sin rostro, el eco de la sonoridad guardada. Porque si hay algo que recuerdo de mi infancia son las voces de los sordos. Mi memoria los evoca siempre como cuerpos sonoros extraños y metafóricos.
El Festival comienza con más de 1000 manos en alto aplaudiendo la iniciativa. Fiorella, la más extranjera de los cuatro, mira con su ojo alucinado en la cámara. Registra y respira su fascinación.
Es domingo de noche. Sergio Lulkin, nuestro amable anfitrión, nos propone ir a conocer la Cidade Baixa. Allí cenamos y convocamos la alegría del encuentro.
Lunes
Desayunamos los cuatro juntos. Damián está muy nervioso. Fiorella intenta serenarlo, lo abraza, lo besa, lo estimula a confiar. Natalia se ocupa de él como una hermana mayor. Se pelean, se ríen, se abrazan. Damián me mira esperando algo. No digo nada. Lo miro, sonrío y le propongo que entrenemos un ratito y que me muestre la narración que estuvimos preparando y que forma parte de lo que será CLASICOS A MANO, un nuevo espectáculo para chicos. Su presentación esta dentro de una sección que el Festival dispuso especialmente para niños y jóvenes sordos de la región.
Aquí la posibilidad de empezar a vislumbrar a los espectadores del futuro que estamos soñando.
Entonces, damos cuenta del bautismo. De la razón primordial de nuestro viaje y presencia allí: Damián sube a escena. Tiembla. Se ve pequeño en ese escenario inmenso.
Respiro con dificultad. Me pregunto si el camino por el que conduzco a este joven actor es correcto. Lo conozco desde que era chico. No es el primer trabajo que hacemos juntos.
Minoría en la minoría, pienso. El trabajo del autoconocimiento y la creación personal como sendero.
El camino más difícil que Damián parece transitar feliz mientras la duda empieza a trastornar mi ser como una alarma desvencijada. Dudo. De nuevo como hace 20 años. Recuerdo los fragmentos del Maestro Barba y percibo que la herida se abre y empieza a latir con fuerza.
Damián sobrevive a sus primeros minutos de fuga. Logra sostener su trabajo con precisión y coraje pariendo al Actor que quiere llegar a ser.
Lo abrazamos. Y al abrazarlo siento el hilo dorado que nos une. Tenemos mucho trabajo por delante. Su presencia reabrió la herida. Obstinación y sentido de trascendencia vuelven a ser veneno y elixir.
Volvemos al hotel. Hay que preparar la intervención que haremos en la mesa Teatro. Represento no solo a la Compañía Artes & Señas sino a una decena de personas que no viajaron y que son las que hacen posible nuestra presencia allí. Son quienes, desde diferentes áreas de la asociación, mantienen viva la llama de la misión que nos convoca: Intérpretes, docentes, investigadores y artistas repartidos por distintos puntos de nuestro país. Las chicas colaboran para que las cuestiones técnicas de la presentación sean impecables. Damián toma fotos y sonríe. Está contento en su pertenencia a un grupo que no se define por la sordera sino por un camino de oficio, teatro y poesía que incluye la lengua de señas. De eso hablo en los 20 minutos que me tocan el martes a las 11 hs.
Martes
Empiezo a referir la alegría de estar convocados por el teatro, la pedagogía y la investigación escénica. Deslizo brevemente lo nuevo que nos convoca junto a la Danza Odissi. Lo hago en mis dos lenguas de forma consecutiva a riesgo de tener menos tiempo para la exposición. Podría no hacerlo así. Descubro, en este hacer, una metáfora del exilio, no de la extranjería. Entonces, la respiración se aquieta. Los hombros bajan un poco. Puedo sonreír. La herida permanece despierta, sin demasiado dolor.
Luego, la tarde entre operadores técnicos, mates y desesperaciones varias como suele ocurrir en los montajes en gira. Extrañamos a Ricky, nuestro iluminador y jefe técnico. Tengo que reemplazar su solvencia y experticia. Fracaso en esto, por supuesto.
Nati y Fiore repasan sus partes, entrenan, ensayan. Damián va y viene con agua, prepara mates, toma fotos, se encuentra con algún colega sordo brasileño y desaparece un rato.
El auditorio no es el lugar indicado para el espectáculo que vamos a ofrecer.
BichiCletta & Maravilla es una propuesta de cámara que resiste un máximo de 150 espectadores ubicados cerca de la escena.
Me hiere. Un bebé solo en el desierto, me digo.
Soy responsable, aunque hayamos convenido una concesión.
Estamos contribuyendo a la fundación de un espacio, nos dijimos.
No. Ahora pienso que estas concesiones hieren demasiado a la vida del espectáculo. Sobre-expone a los actores y a las historias que decidimos contar.
Las actrices, se deslizan como cisnes en un cielo abierto. Superan la adversidad de forma temeraria.
Nuestra presencia allí plantó una bandera multicolor. La de nuestra fe.
Luego, lo de siempre. Felicidad y cansancio.
Miércoles
Volvemos a nuestro ámbito de trabajo cotidiano en Buenos Aires. Dedicamos un rato a charlar estos y otros temas. Nos miramos. Damián ceba mate y observa nuestra reflexión que es en castellano y a veces en lengua de señas.
Natalia y Damián son los que comparten la experiencia con los participantes de los talleres de arte en ADAS. En la mesa, frutillas para compartir mientras conversan y miran fragmentos del evento.
HUBO UNA VEZ
Hace 20 años, en una reunión, se desatan los hilos de este futuro.
Un grupo de personas que enseñan la lengua de señas desestiman la importancia del trabajo corporal y expresivo con los futuros intérpretes de lengua de señas, desestiman la necesidad de desarrollar técnicas de trabajo motor para la comunicación física.
Luego de un año de trabajo casi a ad-honorem, mi presencia es rechazada aludiendo a que no pueden contratar a dos profesores para, textualmente, “áreas complementarias a la enseñanza concreta de las señas”. Me despididen y se quedan con él.
Decido alquilar una sala y desarrollar un espacio de transmisión de la lengua de señas, considerando las variables centrales del desarrollo motor y expresivo. Como estudiante y novata del teatro no puedo concebir una vida sin cuerpo pero sobre todo, no puedo concebir a las personas sordas sin esa danza permanente del lenguaje.
Consigo que 3 estudiantes de fonoaudiología se animen a la aventura. En realidad son ellas las que me animan a mí. No prometo nada. Nada me es negado Somos 4 en un territorio oscuro, llenas de entusiasmo por descubrir como aprender-enseñar la lengua de señas.
Al otro año, ya son 20 las personas que vienen a la sala. Un rumor de excentricidad y desparpajo es el amparo en el que sobrevivimos. El teatro me habla de mi lengua materna como si fuera la hermana mayor.
Ahora volvemos a ser 4 los que emprendemos esta aventura. Otros 4 y otra aventura. Paradójicamente distinta e Igual a sí misma.
Carlos Skliar fue el profesor que quedó en aquella escuela donde mi propuesta fue rechazada, impartiendo clases teóricas sobre aspectos de la sordera y otros temas. El mismo Carlos que 20 años después, y habiendo pasado muchos años trabajando en la Universidad en Porto Alegre, recomienda a la organización que nos inviten a este Festival.
Tengo que agradecerte, Carlos. Por aquel rechazo, que no fue tuyo sino de la circunstancias en las que nos vimos implicados, y por este presente, que tampoco nos pertenece del todo.
Es la urdiembre de un destino sin tiempo.
Me siento agradecida por aquel momento fundacional y considero éste un buen momento para compartir las condiciones iniciales que nos impulsaron.
Se cierra un círculo y, por la rendija, se abre otro mayor.
No tenemos casa para quemar pero mantenemos las heridas latiendo. Surcos que nos hacen parte de una patria sin tiempo ni espacio, ligera y permanente en su mutación constante.
Gabriela Bianco
Noviembre 2011