domingo, 23 de octubre de 2011

BIENVENIDAS

por Ana Woolf

Diseñando sobre la arena
¡Al fin!
Acá estamos mirándonos las caras.
Llegamos.
Llegamos a encontrarnos acá en nuestro país, Argentina. Seguiremos encontrándonos en Junín y en Dolores.
Sean bienvenidas.
La mujer de Taiwán, la mujer de Reino Unido, las mujeres de Brasil, la mujer de Perú, las mujeres argentinas. Comienza la gran fiesta.
Una fiesta del teatro, nuestro espacio de libertad.
Una fiesta de nuestro oficio: el arte escénico.
Una fiesta de nuestro género: el arte de ser mujer en este oficio nuestro del teatro.
¿Por qué una fiesta? Porque es algo que comenzamos a organizar con mis colegas Natalia Marcet, Laura D’Anna, Natalia Tesone, Marcela Brito, sin obligación de ningún tipo, con el deseo de compartir buenos momentos, aprender, intercambiar, bailar, hablar, escuchar, cansarnos en actividad, conocer artistas de otras culturas… Es algo que comenzamos a organizar sin obligación pero con las ganas de “hacer algo nuevo” y de crear un espacio en donde “nos pase algo distinto”. Y este encuentro es un espacio distinto.
¿Por qué en el marco de nuestro oficio?: porque es lo que somos entre otras tantas identidades. Un fragmento de nuestra identidad, pertenece a este oficio que elegimos, o que algunas están comenzando a elegir. Este oficio que es lo que nos protege hoy del fast food como antes nos protegía de las interpretaciones unívocas de otras instituciones (recuerdo a la Iglesia que prohibía incluso que los actores y actrices sean enterrados en campo santo (Molière de esto sabe bastante)
En esta carrera del fast food en donde hay que correr para que la comida –de plástico - no se enfríe, en esta carrera por la autopista de la hiper-información y competencia, con un tránsito agobiante y cada vez más “fast” y menos “food”, el oficio se vuelve un espacio casi surrealista, nuestro espacio de resistencia donde pararnos con todas las reglas aprendidas y aprehendidas y desde allí decir NO.
NO es posible el “fast” en nuestro oficio teatral, no hablamos solo de oficio hablamos de un microcosmos con reglas propias que han sobrevivido siglos y que nos han permitido y permiten vivir –jugar otras vidas. Transmitir experiencias y esto no puede ser contado en 140 caracteres (tweets). El riesgo es la pérdida de significados, muy informadas poco pensadas, dijo un filósofo actual. Este ejercicio obligado de constante indagación, detectivesca, esta necesidad obligada de adquirir una técnica en el oficio, técnica que no puede ser suplantada por tecnología, en ningún caso la máquina reemplazará ni el cuerpo ni la imaginación del ser humano en las artes, este ejercicio diario de conocimiento – de autoconocimiento – nos preserva y enriquece. No nos permite olvidarnos de la otra. No podemos seguir por la autopista solas y a máxima velocidad observando al pasar los carteles y publicidades que intentan comunicar algo de manera concisa, breve, simple y sobre todo veloz y que se quede “pegado” al cerebro que sin pensar comienza a repetir el slogan que “en passant” se le encoló. No podemos seguir con ese tiempo fast del tránsito fugaz, casi pornográfico diría, en donde aceptamos lo que se nos va adhiriendo. El oficio y la consciencia del oficio nos hacen detener. Nos hacen entrar en otro tiempo que es el del artesanado, el de la construcción y obsesión por el detalle. En el tiempo del desperdicio. Del desorden en donde el orden llega luego de un gran derroche de tiempo. Nos detenemos voluntariamente y conscientemente para buscar, indagar, para ir en el otro sentido al cual veníamos andando, nos detenemos porque aún tenemos preguntas sin contestar o que necesitan muchas palabras y acciones para ser contestadas, entramos en el tiempo inservible en el mundo fast, en el tiempo basura de donde saldrá el gran reciclaje, el gran nacimiento de algo nuevo encontrado removiendo y removiendo lo viejo, no aceptándolo como desperdicio, como basura. Entre búsqueda y búsqueda, entre viaje al interior de nosotras mismas, entre tacho y tacho vamos anudando relaciones, de nosotras con nosotras mismas, entre actor y espectador, entre tiempos pasados y presentes, entre personas y personajes, entre intenciones y acciones, entre los que estamos y los que ya partieron o no sabemos dónde están. Entre tacho y tacho vamos recordando nuestra biografía para entramarla con otras experiencias, para no olvidar de dónde venimos y a dónde queremos ir de verdad, vamos transitando lo visible con la ilusión de tocar aunque sea un segundo aquello de lo cual tanto leímos: lo invisible. Entre tacho y tacho caminamos en ese otro tiempo derrochado buscando perfeccionarnos siempre y soñando que algún día encontraremos al Duende.
El artista es un intelectual. Debe serlo. Por eso vive en contra de la corriente de sus tiempos. Debe vivir de esta manera. Y si es verdad que el arte desafía a la muerte, hoy debe desafiar a la ficción comunicativa: la muerte hoy es la incomunicación vendida como comunicación. La comida ya deglutida, la pastilla-dieta del astronauta que deja sin trabajo a una maestra de la cocina, a una cheff. El artista es un intelectual cuyo trabajo es poner en tela de juicio lo que se nos vende como verdad absoluta, llevar los argumentos hasta el límite. Tenemos la fortuna de que en nuestro oficio teatral se hallan las reglas de sobrevivencia para no morir arrollados por el tránsito y circulación infernal de esa autopista: podemos estar en “cofradía” y mantener nuestra individualidad, aprendemos el concepto de oposición, en nuestro arte no puede haber verdades absolutas, solo hay una pluralidad de voces; el de resistencia e incomodidad, el de constante adaptación a las circunstancias dadas, porque ¡hay circunstancias dadas y éstas varían!; aprendemos a estar presentes aquí y ahora y a reaccionar a estímulos constantes y diferentes con acciones diferentes y respondiendo con estímulos diferentes; aprendemos a abrir nuestra mirada hacia un más allá que se llama espacio, contexto, colega, mi personaje, el/la otra; aprendemos a “experimentar múltiples muertes y a entrenarnos para sobrevivir a nuestras pérdidas… aprendemos a acontecernos” como dice Lucia Sander en su libro sobre Susan Glaspell: “en la platea de teatro eu no comando ne soy comandada, me rendo e me transformo sin querer queriendo, no toco en nada y soy profundamente tocada, no hago acontecer eu me aconteço.” Aprendemos a preguntar y a buscar e indagar, a sumergirnos en los porqués interminables, por suerte, que nos permiten que nuestras aguas sigan fluyendo. Agua que no ha de fluir se estanca. Y el agua estancada tiene, como sabemos, olor a podrido.
El Arte y el oficio deben defendernos del estancamiento y del olor a podrido. Y deben por esto ser defendidos a muerte, como el último reducto de humanidad posible. Reducto hecho de aguas que corren in aeternuum, en flujo continuo. Pasando piedras, escollos, ramas y troncos del camino, pasando, circulando. Mañana no estaremos pero la ambición de dejar impresa una huella en el gran libro de nuestro oficio nos impulsa a seguir intentando una y otra vez atravesar esa autopista.
Y para terminar, tomando otra vez a Lucia Sander como inspiración: Hacemos este encuentro también porque tenemos una ambición mayor. La ambición de evocar imágenes de mujeres ausentes, de sacarlas del sótano, del cuarto y del cajón, de trazar una diagonal férrea en las lecturas e interpretaciones rectilíneas hechas a tantos textos escritos por mujeres, la ambición y necesidad de volver visible lo invisible porque “la invisibilidad duele”.
Diseñamos en arena, lo sabemos. Pasa la ola y nuestro diseño se torna invisible. Pero quien lo vio sabe, como dice Lucia que “la invisibilidad no significa necesariamente ausencia”. Un segundo atrás estaba. Haciendo muchos diseños en arena, cada vez más resistentes, tal vez logremos que alguno sobreviva a la ola marina.
Esto es nuestro Magdalena 2ª Generación, un diseño en la arena. Encierra esperanza y certeza. Esto es Teatro- Mujer y Oficio.
Que ese diseño de hoy quede incrustado en los ojos de quienes se detienen durante un momento invirtiendo sus energías y su dinero en este tiempo que pasaremos juntas. Un tiempo desperdicio, de derroche, bacanal y de fiesta. En donde deseamos que lo invisible sea nuestro invitad@ de lujo. Que se haga la luz entonces. A jugar en cuerpo y alma.
Sean bienvenidas. Las mujeres argentinas, la mujer de Perú, las mujeres de Brasil, la mujer de Reino Unido, la mujer de Taiwán. Comienza la gran fiesta.
Buen banquete Magdalena.