
Estambul, un arco iris de sonidos, imágenes y recuerdos.
por Ana Woolf.
Había decidido quedarme por un buen tiempo en un solo lugar. En Argentina. Parar. Dejar mis valijas (algunas, no todas, el resto del resto sigue aún en Dinamarca e Italia). Clases, obra nueva para dirigir, estudios de yoga taoísta, taichi y otras cosas de este género de verdad FANTASTICAS. Magdalenas! Festival y Encuentro y … y… y…
Pero hete aquí que llega un email con signo rojo que significa “urgente”. Era de la periodista turca y defensora de los derechos humanos, Nadire Mater. Con Nadire integramos desde el 2000 la Red Voix de femmes, (red mundial de solidaridad de madres, esposas, hermanas, hijas y allegadas a personas secuestradas y desaparecidas) con sede en Liège, Bélgica. Desde hace muchos años Nadire intentaba llevarme a su país, a su ciudad, Estambul, con mi espectáculo Semillas de memoria, dirigido por Julia Varley. Habla de nuestra historia argentina y de sus ausencias, habla también de otras muchas historias en donde los crímenes de estado están aún sin juzgar, muchas veces sin siquiera haber salido a la luz, sin haber sido formulados en palabra-pública. Nadire trabaja desde sus inicios con las Madres de los Sábados, mujeres que consolidaron una Asociación como las Madres de Plaza de Mayo, con la particularidad que ellas se reúnen los sábados y como en sus inicios (en marzo de 1995) les prohibieron caminar en la plaza pública, ellas se sentaron en el pórtico Galatasaray y desde ese momento, cada sábado, regresan y realizan su acción contra el olvido.
Al final Nadire lo logró. Un teatro de Estambul llamado Garaajistanbul organizaba ahora, en mayo, un Festival Internacional cuyo tema era Teatro y Política. Me escriben, todo se arregla velozmente y allá partí por 4 días.
El encuentro con una cultura tan diferente a la nuestra es siempre interesante desde el punto de vista de “los puntos de apoyo”; de las equivalencias y comparaciones y asociaciones que podemos llegar a crear. ¿La cultura del café como en Argentina? Sí, pero en medio de un caos de coches y ruidos y bocinas y gente y gente y gente que circula incansablemente, vestida en su mayoría de otra manera. Debo confesar que descubrí muchas más mujeres con la cabeza cubierta y sobretodo tapando sus cuerpos, de lo que yo me esperaba. Una imagen con muchas imágenes: calle peatonal como Florida a cuyos laterales salen callejones en subida (Estambul es ciudad de 7 colinas), en cuyas callecitas se encuentran los cafés con sus mesas bajas (¡como se ve en las películas!), los vasitos de vidrio con el té, y el señor que prepara el famoso y exquisito café turco a un costado, delante de unas brazas calientes. Al lado de las mesitas el narguilé, y sobre algunas de ellas el backgamon. Las pausas largas de la gente en medio de un ritmo alocado. Los bazares donde todo se mezcla con todo, la gallina degollada con los olores de especias y los colores saltones y brillantes de los almohadones y el terciopelo de las alfombras... ¡Los vendedores! Expertos ABSOLUTAMENTE en leer los “sats”, pre-impulsos del cuerpo, abalanzándose para ofrecerte “todo”... Las mezquitas y el sonido de los rezos repetidos durante el día saliendo de los megáfonos de cada una de ellas, las palomas, la inmensidad y lo pequeño del ser humano arrodillado ante la divinidad... ¡la puerta a la Meca!... Las mujeres detrás de una pared hecha de madera labrada, con sus cabezas e incluso algunas de ellas –demasiadas- con sus rostros cubiertos...
Mi encuentro con las Madres de los sábados, y mujeres que trabajan en derechos humanos fue importante para intercambiar, una vez más, pasajes no resueltos de historias en común. Callejones que pretenden ser enviados al olvido. Arrumbados. El encuentro con el público luego de haber hecho mi espectáculo también fue una de esas situaciones en donde a pesar de provenir de culturas tan diferentes hay un lugar, en este caso la pérdida, el dolor y la experiencia del autoritarismo en donde comenzamos a encontrarnos y a dialogar. La situación de los derechos humanos y la investigación de crímenes de estado allí no tiene aún ninguna posibilidad de salir a la luz, al menos por ahora. Hay elecciones este año y se espera que vuelva a ganar el partido islámico. Muchas preguntas, mucha curiosidad para saber cómo se hacía para empezar a comunicar, a pasar información. Conocían también el libro Nunca más, de la CONADEP, y a eso aspiraban como primer movimiento, poder llegar a obtener una legitimación de las denuncias y a transformar las declaraciones al menos en papel escrito que se vuelva documento cierto, que genere memoria.
¿Qué otra cosa se puede hacer me preguntaban? Desde nuestro lugar, el que nos toque, el que hemos elegido, pequeñas acciones a través de lo que sabemos hacer... cine, documental, danza, teatro, música... ¿Se puede ayudar en algo? No lo sé con certeza. Esa es mi esperanza.
http://www.bianet.org/bianet/sanat/130187-son-kayip-bulunana-kadar
por Ana Woolf.
Había decidido quedarme por un buen tiempo en un solo lugar. En Argentina. Parar. Dejar mis valijas (algunas, no todas, el resto del resto sigue aún en Dinamarca e Italia). Clases, obra nueva para dirigir, estudios de yoga taoísta, taichi y otras cosas de este género de verdad FANTASTICAS. Magdalenas! Festival y Encuentro y … y… y…
Pero hete aquí que llega un email con signo rojo que significa “urgente”. Era de la periodista turca y defensora de los derechos humanos, Nadire Mater. Con Nadire integramos desde el 2000 la Red Voix de femmes, (red mundial de solidaridad de madres, esposas, hermanas, hijas y allegadas a personas secuestradas y desaparecidas) con sede en Liège, Bélgica. Desde hace muchos años Nadire intentaba llevarme a su país, a su ciudad, Estambul, con mi espectáculo Semillas de memoria, dirigido por Julia Varley. Habla de nuestra historia argentina y de sus ausencias, habla también de otras muchas historias en donde los crímenes de estado están aún sin juzgar, muchas veces sin siquiera haber salido a la luz, sin haber sido formulados en palabra-pública. Nadire trabaja desde sus inicios con las Madres de los Sábados, mujeres que consolidaron una Asociación como las Madres de Plaza de Mayo, con la particularidad que ellas se reúnen los sábados y como en sus inicios (en marzo de 1995) les prohibieron caminar en la plaza pública, ellas se sentaron en el pórtico Galatasaray y desde ese momento, cada sábado, regresan y realizan su acción contra el olvido.
Al final Nadire lo logró. Un teatro de Estambul llamado Garaajistanbul organizaba ahora, en mayo, un Festival Internacional cuyo tema era Teatro y Política. Me escriben, todo se arregla velozmente y allá partí por 4 días.
El encuentro con una cultura tan diferente a la nuestra es siempre interesante desde el punto de vista de “los puntos de apoyo”; de las equivalencias y comparaciones y asociaciones que podemos llegar a crear. ¿La cultura del café como en Argentina? Sí, pero en medio de un caos de coches y ruidos y bocinas y gente y gente y gente que circula incansablemente, vestida en su mayoría de otra manera. Debo confesar que descubrí muchas más mujeres con la cabeza cubierta y sobretodo tapando sus cuerpos, de lo que yo me esperaba. Una imagen con muchas imágenes: calle peatonal como Florida a cuyos laterales salen callejones en subida (Estambul es ciudad de 7 colinas), en cuyas callecitas se encuentran los cafés con sus mesas bajas (¡como se ve en las películas!), los vasitos de vidrio con el té, y el señor que prepara el famoso y exquisito café turco a un costado, delante de unas brazas calientes. Al lado de las mesitas el narguilé, y sobre algunas de ellas el backgamon. Las pausas largas de la gente en medio de un ritmo alocado. Los bazares donde todo se mezcla con todo, la gallina degollada con los olores de especias y los colores saltones y brillantes de los almohadones y el terciopelo de las alfombras... ¡Los vendedores! Expertos ABSOLUTAMENTE en leer los “sats”, pre-impulsos del cuerpo, abalanzándose para ofrecerte “todo”... Las mezquitas y el sonido de los rezos repetidos durante el día saliendo de los megáfonos de cada una de ellas, las palomas, la inmensidad y lo pequeño del ser humano arrodillado ante la divinidad... ¡la puerta a la Meca!... Las mujeres detrás de una pared hecha de madera labrada, con sus cabezas e incluso algunas de ellas –demasiadas- con sus rostros cubiertos...
Mi encuentro con las Madres de los sábados, y mujeres que trabajan en derechos humanos fue importante para intercambiar, una vez más, pasajes no resueltos de historias en común. Callejones que pretenden ser enviados al olvido. Arrumbados. El encuentro con el público luego de haber hecho mi espectáculo también fue una de esas situaciones en donde a pesar de provenir de culturas tan diferentes hay un lugar, en este caso la pérdida, el dolor y la experiencia del autoritarismo en donde comenzamos a encontrarnos y a dialogar. La situación de los derechos humanos y la investigación de crímenes de estado allí no tiene aún ninguna posibilidad de salir a la luz, al menos por ahora. Hay elecciones este año y se espera que vuelva a ganar el partido islámico. Muchas preguntas, mucha curiosidad para saber cómo se hacía para empezar a comunicar, a pasar información. Conocían también el libro Nunca más, de la CONADEP, y a eso aspiraban como primer movimiento, poder llegar a obtener una legitimación de las denuncias y a transformar las declaraciones al menos en papel escrito que se vuelva documento cierto, que genere memoria.
¿Qué otra cosa se puede hacer me preguntaban? Desde nuestro lugar, el que nos toque, el que hemos elegido, pequeñas acciones a través de lo que sabemos hacer... cine, documental, danza, teatro, música... ¿Se puede ayudar en algo? No lo sé con certeza. Esa es mi esperanza.
http://www.bianet.org/bianet/sanat/130187-son-kayip-bulunana-kadar