
Parte I
Por Laura D´Anna
En 1993 tomo mi primer seminario con ella, se llamaba "Los sueños en el trabajo del actor". Un ENCUENTRO. Allí comencé con ella un camino lleno de cariño, respeto y entusiasmo. Con sus combinaciones musicales, sus ejercicios inventados, su energía, su poner el cuerpo, siempre me sentí en confianza y libertad de trabajar en el secreto, con mi materia verdadera, hecha de diferentes sustancias. Como un pez en el agua, una pájara en el cielo, una gata en el árbol. Lo que sigue es una parte de la charla que tuvimos hace unos días, MP4 mediante:
¿Cuál es el secreto del secreto del actor?
Yo hablo del secreto del actor para devolverle al actor el poder sobre su ser actor porque creo que los actores tendemos a entregar el poder, se lo entregamos a los directores, al que opina, al crítico, al compañero que dice "yo creo que…" o a alguien que viene y dice "no, el personaje no es así…, es…". Y estamos todo el tiempo como una hoja al viento. Y perdemos todo el poder sobre nuestra creación. Y nuestra creación es mi cuerpo, mi diseño, mis años, mi... El secreto del actor es traer todo el poder al actor, al cuerpo del actor y a toda la experiencia que el cuerpo del actor ha acuñado durante su vida. Si se apela a ese recuerdo que no es conciente, no es mental, es un recuerdo de las células, de lo vivido. Si se apela a ese recuerdo, y ese recuerdo surge en escena… Bueno, en eso consiste el secreto del actor. Eso que ocurre de vez en cuando pero que cuando ocurre es maravilloso, es un ser humano completamente transformado, a voluntad, en un hecho literario. Esto es a lo que yo aspiro.
¿Por eso vos hablás de la fe en el cuerpo?
Absolutamentente, esto yo siempre lo supe. Lo supe sin saberlo, sin poder decirlo. No se puede aprender a nadar si uno no se mete al agua, y esto es igual. Entonces yo prefiero meterme al agua, y de ahí, empezar a ver cómo es. Pero antes de meterme al agua, de que el cuerpo sienta la temperatura del agua y toda su presión en el cuerpo, no puedo aprender a nadar. A nadie se le ocurre aprender a nadar sin meterse al agua. Y sin embargo hay mucha gente que actúa y que quiere actuar sin meter el cuerpo, y esto no se puede. A todo esto hay un libro de Barba, del que no tenía idea cuando hice este taller. Un libro que se llama algo así como el secreto del actor. Hay alguna gente que llega al taller pensando que yo hago el trabajo de Barba, tal vez sea parecido, pero no es el trabajo de Barba. Es mi experiencia con el cuerpo. Yo creo que tiene que ver con el exilio. Este habitar mío en mi cuerpo creo que empieza a ser conciente en mí en el exilio. Cuando recién salgo de Chile, salgo a otro planeta… No tenía yo ninguna referencia de mí en ninguna parte, como que pierdes tu identidad al no reconocer el clima, los olores, los sabores, las calles, lo que ves, lo que oyes. Te cambia la música del idioma. Yo tuve la suerte de estar por lo menos en el mismo idioma…, no me quiero imaginar lo que debe ser estar completamente en otro idioma. Yo tuve una experiencia personal muy fuerte, al mismo tiempo terrible -parece que de las cosas terribles, profundas y hondas, es que uno logra crecer… Parece que es así, a los casi setenta años, puedo decirlo. Cosa que me rebela, me indigna, porque no quisiera, yo quisiera que la vida fuera una celebración permanente, y ver que uno tenga que tener estos coñazos terribles, estos tremendos golpes para crecer… Decía, una vez, en Argentina, acá, en una de esas crisis personales producto de tener todo desbaratado, desparramado, me acuerdo que me paré en una calle, y dije: es igual que yo camine para allá, para allá, en cualquier dirección, era exactamente lo mismo. No tenía ningún lugar adonde ir, para qué ir. Y a partir de ese momento yo me podía llamar de cualquier manera. Y a la primera persona a la que tuviera que presentarme yo le hubiera podido decir Rosa Pérez, y no tenía por qué no creerme. Y yo podía pasar a ser Rosa Pérez, porque todo lo que yo era en el mundo era un cuerpo en el espacio. Creo que a partir de ahí, es que el cuerpo empieza a estar habitando en el cuerpo de una manera distinta. Yo tenía en ese momento 30 años. Y todo lo que hice desde entonces es corroborarlo*: cómo este cuerpo es el que genera relaciones o no las genera, y qué clase de relaciones, qué hace que este cuerpo esté en permanente crecimiento de su mundo. Es el cuerpo el que lo hace. Uno no tiene plena conciencia, es el cuerpo el que sabe. Y yo empecé a usar esa frase: "deja, el cuerpo sabe", y efectivamente creo que fue una intuición muy poderosa de que el cuerpo sabe. Es mi experiencia. Hoy, más que nunca digo, "es el cuerpo el que sabe". Después de haber estado enferma y de haberle dado todo el poder -aparte de entregarle todo el poder a los tratamientos- le di el poder de sanarse, me entregué a lo que el cuerpo sabe. Yo todos los días le decía, "eres tú el que sabe, yo, no sé nada, yo estoy a tu disposición y tú haz lo que sabes hacer". Y a partir de allí visualicé el proceso de mi sanación. Creo profundamente que ayudó mucho, no sé si del todo pero sí ayudó mucho. Hoy he tenido una yapa de vida de la que llevo dos años. Le creo más que nunca.
Contáme de Bodas de Sangre, ¿cómo es actuar en Bodas después del "peligro"?
Por lo mismo, es infinitamente más placentero. Estoy haciendo una disciplina diaria de agradecer lo normal, lo que uno da por hecho, y creo que es una equivocación darlo por hecho, eh. Uno se tiene que dar cuenta de que si está en un lugar cerrado, protegido del frío y del calor, de la lluvia, tiene para comer, y ve y oye y se puede mover, es algo digno de ser agradecido todos los días. Bueno, esto lo sé yo ahora… seguramente cuando era más joven, uno no tiene tiempo… pero me resulta indispensable este agradecimiento diario. En el escenario es igual. Entro al escenario y digo, otra vez en el escenario, qué maravilla. Entonces, si me equivoco, no importa, no tengo la menor tensión. Si me como una frase, pues me la comí, no pasa nada. Entonces entro con seguridad, con alegría, con solvencia, y con mucho amor por esta madre (la de Bodas). Me lo "sufro" todo gozosamente. Sabiendo durante toda la función que es un juego amoroso entre nosotros y el público. Y cuando siento que el público lo recibe, ay… yo siento que de allí sale una especie de… de cápsula en expansión, de reconocimiento, de amor, de celebración, de… Bueno, me gusta pensar en esas cosas. Pienso y materializo, corporizo, estas ondas que espero que ocurran, que creo que ocurren, que todos sabemos que ocurre. Las materializo, y siento que es el único aporte que puede hacer uno… Así lo vivo. Y hago la madre como cualquier otro personaje. Y creo que la gente lo percibe, creo.
¿Qué te parece lo esencial para ser docente de teatro, para poder transmitir esto?
Yo no creo que ser actor sea una sola cosa, yo no creo que se pueda definir. El teatro es un territorio tan pero tan grande, tan grande. Es como hablar de la medicina… ahí, como que a uno las neuronas se le ubican más fácilmente, uno dice, ah, la medicina cura a la gente, pero para eso la gente tiene que estar enferma… Entonces no se habla de la medicina como una forma de vida para prevenir, para no enfermarse. La medicina es curar a la gente enferma, y no se toma mucho en cuenta que es prevenir a la gente para que no se enferme Pero los dos conceptos están contenidos en la medicina Con el teatro pasa algo parecido, ojo esto no es más que lo que yo creo, no está avalado por ningún pensador importante. Yo creo que se piensa que hacer teatro es mentir, y se deja de lado o no se tiene en cuenta que hacer teatro es estar allí, con toda la verdad.
¿Qué papel juega la música en tu vida?
Un día trajeron a la casa un tocadiscos porque la Jimena, mi hermana mayor, tenía que practicar un número de danza… Yo era muy chica, la Jimena debía tener unos 10 años, y yo unos 7, y le tocaba bailar en un … en algo de la oficina de mi papá, no recuerdo bien. Y la Jimena iba a bailar… y yo me moría de la bronca. Y para que la Jimenita ensayara, un amigo de mi papá le presta un tocadiscos. Yo no me voy a olvidar nunca de la magia de haber estado delante de un tocadiscos amarillo, haber puesto un disco y que el disco sonara… Era un polonesa de Chopin, que era lo que Jimena tenía que bailar. A mí, el momento de poner el disco no se me olvida jamás. Después resultó que empecé yo a tener clases de danza con la misma profesora…, a quien llegué sola, por una música. La música otra vez. Todo empezó así: en el patio de mi escuela oigo una música y me acerco a la ventanita de donde venía. Era chiquita y daba a un sótano. Me asomo, y veo que pasan unos angelitos bailando, sí, los angelitos eran unos niñitos del Liceo que estudiaban danza. Resulta que en el colegio enseñaban danza, y yo veía unos angelitos en el subsuelo. el mundo dado vuelta, los angelitos en el subsuelo…
Todo esto va formando mi mundo con la música, y el cuerpo y la danza. Es imaginativo.
Recuerdo un sueño de niña: yo estaba bailando delante de todo el colegio, y me despierto en la mitad, ¡sin poder terminar mi baile! Me volví loca. Cerré los ojos, los apreté bien fuerte y seguí soñando, y terminé de bailar.
De todas estas experiencias nace todo lo que he hecho. Sospecho que es así siempre. Sospecho. Entonces la música tiene ese valor para mí, pero es para mí. Ahora bien, yo trato de contagiar eso. Y en algunos casos lo consigo, porque la música es muy poderosa y es muy misteriosa: entra por el oído y se apodera de las neuronas y de las hormonas. O sea, se apodera del cuerpo, si uno la atiende; si no la atiende es puro ruido, puro sonido. Pero si tú la atiendes te modifica interiormente, y esta modificación interior es la banda de sonido de tu vida. Todas las vidas creo que tienen una banda de sonido, aunque no estén conscientes.
Te da bronca cuando en los ejercicios los alumnos son tan libres, tan espontáneos, tan que pueden usar esa memoria del cuerpo pero esto no pasa allí, en escena, al servicio de una obra. Todo desaparece como por arte de magia, ¿es una cuestión de no tomar las riendas, de no apropiarse, no darle poder?
Exacto, la palabra una vez más es el poder… hay una palabra, que la tomé prestada de una disciplina terapeútica que se llama la programación neuro científica, que es la palabra “ceencia”, me parece útil. Tal vez no esté hablando en rigor, pero la palabra me resulta útil en este caso: la creencia de la preponderancia de la mente es tan profunda es tan grande, nos han enseñado tanto que somos dos cosas: mente y cuerpo, y con suerte un espíritu y un alma.
El cuerpo sería como una caja de Pandora…
Personalmente yo no creo que el cuerpo sea una caja de Pandora, porque si fuera como una caja de Pandora, terminas por saber qué es lo que hay adentro, lo ves. Salen maravillas y salen sapos, culebras, etc., per se ve, terminas por saber. En el cuerpo nunca vas a saber lo que hay adentro. Ahí creo que está la mayor diferencia.
Creo que el cuerpo es una forma de vida que todavía está vedada a nosotros que somos eso. Entonces todas las disciplinas del hombre, y todas las tecnologías, surgen a partir de ese enorme misterio que todavía no se devela. Entonces apelar al misterio del cuerpo es mucho más invitante que apelar a la caja de Pandora. Y esto es todo es una cuestión de palabras, dependiendo cómo trato de ir, y esto sigue respondiendo a cómo un profe de teatro transmite esto: creo que es muy importante aclarar a qué se invita. Primero entregarle el poder: si tu eres buena actriz, eso lo sabes tú, única y exclusivamente, nadie te lo puede decir, te lo pueden reconocer pero nadie te lo puede decir ni otorgar a menos que tu otorgues el poder. Entonces, que el poder vaya para ti, que tu sepas que tu eres una actriz y que tu cuerpo está en permanente modificación, que sabe un millón de cosas que tu no “sabes”. Empezando por mantenerte sana y equilibrada, que te funcionen todos los sistemas, todos los diálogos internos que hay adentro de tu cuerpo, las relaciones del píloro y el duodeno, qué sé yo…
Al terminar la charla con Vero, y ya a punto de irme, le hago escuchar en el MP4 "Why wait" de la banda de Aprile de Nanni Moretti (la musica del antológico baile del panadero trotskista). Vero lo escucha y se empieza a mover: "¡Ah! Esto es de mi época, se bailaba así:" y me agarra y me lleva a hacer figuras y vueltas en el living de su casa -medio auricular para cada una, el MP4 esgrimido en el medio de las volteretas.
*En su libro (próximo a salir) Verónica Oddó cuenta su camino como artista: "...A los 5 años de edad descubro a Yerka Luksic maestra de danza recién llegada a Chile de la entonces llamada Yugoeslavia, bailarina excepcional influida por Isidora Duncan, reñida con la Academia en la medida que ésta se traga la libertad del cuerpo en pos de la técnica en si. Mi primera felicidad total, a los 5 o 6 años, fue bailar en su grupo en un estadio inmenso siguiendo sus instrucciones y la música por los altoparlantes de esa inmensidad. En la adolescencia descubro el folklore y la tierra. Violeta Parra y Víctor Jara son, entre otros, los que me conducen por ese camino. El baile folklórico y la guitarra se convierten en una de las pasiones de ese momento. Es el trabajo docente que hago con el folklore el que me hace llegar a la Escuela de Danza de la Facultad de Ciencias y Artes Musicales y Escénicas de la Universidad de Chile y ya es plena época de cambios en mi país. Allí aprendo todas las técnicas más frecuentes de la formación de los bailarines: técnicas Académica, Moderna, Contemporánea. Y me convierto en la Ayudante de Cátedra de la Materia de Metodología Específica, que impartía la extraordinaria maestra y bailarina Joan Turner. Ahí es exactamente el lugar y el momento en que empiezo a desentrañar el movimiento, convirtiéndose en materia viva de todo lo que he hecho posteriormente. También es ahí donde conozco a Patricia Stokoe, en una visita que hace a nuestra Escuela de Danza, y después de un tiempo me ofrece una beca en su Escuela de Expresión Corporal en Buenos Aires, que acepto encantada. Ya se ha desencadenado en mi país el golpe de Estado que derrocó al Presidente Allende y nuestra Escuela pasa a ser uno de los tantos lugares devastados por la dictadura que se instalará por 17 años... Salgo hacia Buenos Aires. Si cito estas circunstancias es porque ahora, muchos años después, me doy cuenta que al perder mi casa y el entorno que me identifica, es mi cuerpo el que se transforma en casa: lugar donde vivo, que me acoge, que me identifica, donde reside la memoria de quien soy y quien fui, es donde me siento protegida y donde puedo ser libre. Así es como derivo naturalmente en Profesora de Movimiento para distintos grupos de personas interesados en él: profesores, psicólogos, estudiantes de teatro, actores, bailarines, mimos. Al mismo tiempo ejerzo como profesora de música para niños de preescolar y primaria, en las que apelé a mis recuerdos del Método Orff, Kodaly que había aprendido en el Escuela de Danza; este sistema de aprendizaje temprano de la música, recurre fundamentalmente al sentido rítmico y desarrolla muchos juegos de percusión en los que se involucra al cuerpo y se lo pone en movimiento. Conozco la técnica del mimo. Comienzo a participar como intérprete en la Compañía de Mimos de Venezuela, en Caracas en el año 1976, en la que permanezco hasta 1980. Al Teatro me acerqué en esta etapa con la intención de vivenciar las necesidades del actor para ejercer en libertad y en un presente absoluto la ficción de un personaje escrito. En esta indagación, en la práctica diaria y de manera totalmente natural, como una proyección natural del movimiento, me convierto en actriz ejerciendo la profesión por más de 25 años. Como tal, empiezo a desarrollar una manera de entrenar antes de empezar un ensayo convencional. Va naciendo una técnica. La docencia la ejerzo simultáneamente al trabajo como actriz ( y muchas veces como directora y dramaturga), formando actores en Venezuela ( CELCIT, 1980 a 1992), Argentina (CELCIT BUENOS AIRES 1993 a 2011) y desde 2002 agrego Santiago de Chile (Escuela de Teatro de la UNIVERSIDAD FINIS TÉRRAE)."