miércoles, 9 de febrero de 2011

MARÍA ELENA









He aquí pedacitos de María Elena que tenemos dentro:


nuestras palabras entrelazadas para darle un saludo de despedida, de agradecimiento, de homenaje (nuestras palabras o nuestras señas...)



Abusar del tiempo irrita al público

de Marcela Brito
María Elena Walsh (1930-2011), nutrió la infancia de por lo menos tres generaciones con sus canciones y sus textos. Coloreó la vida de los adultos durante toda su existencia y lo seguirá haciendo. Escritora, poeta, dramaturga, cantante, compositora. Escribió mas de 50 libros y publicó más de 20 discos. La fotógrafa Sara Facio compartió su vida durante los últimos treinta años.
“A levantarse dijo la rana mientras espiaba por la ventana” cantaban las madres corriendo las cortinas del cuarto y supimos que como Juan teníamos un ángel guardián que enviaba San Pedro para cuidarnos y hacer que nos portáramos bien, que podía existir un mundo del revés donde cabía un oso en una nuez e imaginarnos que tomábamos el té con una vajilla de porcelana. Vimos al mono Liso cazando viva una naranja, a la reina batata abatatándose ante la presencia del cocinero; a Manuelita, toda una precursora del lifting de la actualidad, yendo a que le plancharan las arrugas en París para enamorar a su tortugo. La frase “En el país de no me acuerdo doy dos pasitos y me pierdo”, podría ser atribuida a Dory de la película Nemo. Dailan Kifki acotaba: le ruego no se espante porque soy un elefante.
Allá por los 50, junto a Leda Valladares, hacían folklore del norte argentino. Pobre mi negra siempre la han visto llorar, puede que llore una culpa que anda queriendo olvidar, decía una copla. Juntas grabaron un disco de canciones españolas que se llamó “Canciones del tiempo de Maricastaña”,
Después vinieron, “El valle y el volcán” junto a Jairo, donde los enamorados eran dos para jugar a encontrar el mundo en una flor; los ejecutivos tenían la sartén por el mango y el mango también; para las palomitas sin palomar la Plaza de Mayo no era un buen lugar, un buen día les tiraban bombas y al otro día migas de pan; en el 45, el que te dije, salía al balcón. Pedía que la sábana y el mantel no le faltaran a nadie en este mundo tan cruel e invitaba a la señora justicia de ojos vendados a q bajara de sus pedestales y mirara cuánta mentira. Cuando el presidente Menem quería instaurar la pena de muerte, dijo: Cada vez que se acude a éste escarmiento, la humanidad retrocede en cuatro patas. Otras veces dijo que éramos un país jardín de infantes, que había que educar en el amor, que ella era mansa pero cansa, que donde no hay libros hace frío.
“Enciéndanse las nuevas luces del viejo varieté. Puede volver el bailarín q imitaba a Fred Astaire. Hoy como ayer, necesitamos olvido y el placer de ver a los artistas, esos ilusionistas, que hacen al mundo desaparecer..... A escena los artistas, mientras el mundo exista, no se suspende la función”.


¡Arriba los corazones!
de Mariela Díaz

¡Recuerdo que en el año 1978 estaba cursando el segundo grado de la escuela primaria en Paraná. Nuestro libro de lectura era “AIRE LIBRE”, de María Elena Walsh. La autora nos presentaba a la familia de un niño llamado Luciano Montes (¡cómo olvidarlo!): Mamá, Papá, la Hermana menor, el perro, y…La Abuela.
Página a página íbamos conociendo episodios de la familia Montes, mezclados con poesías y canciones. En una de las lecturas finales, la familia de Luciano “cae en desgracia”. Desconocidos habían destruido la casa de los Montes, que con tanto sacrificio estaban construyendo. Recuerdo la ilustración que acompañaba el texto: lágrimas gigantes, rostros apenados. De pronto…la Abuela dio el grito de batalla: “¡ARRIBA LOS CORAZONES!”, dijo. Y así, volvió a empezar la construcción.
Esa frase fue el primer legado de M.E.Walsh. Cuando me enteré de su muerte, sentí tristeza. Más, duró poco tiempo, porque, en un instante misterioso, retornó a mi presente la imagen de esa abuela, que, como un trueno, soltó su arenga: ¡ARRIBA LOS CORAZONES!
Los corazones de millones de argentinos te agradecen, abuela María Elena W. la poesía, las imágenes, la música y la magia que pobló de cálidos personajes nuestra infancia.


María Elena...salvaste mi infancia!
de Ciela Asad

La noticia de la muerte de María Elena Walsh, además de la tristeza, me llevó a colgar casi inmediatamente en ese lugar rarísimo que es “facebook” la frase del título de esta nota...y me sorprendió a mí misma.
Como si lo escribiera en un pizarrón, con tiza, y sabiendo que a tu espalda, muchos te están mirando.
Es que volví inmediatamente a mi infancia, una infancia que no fue fácil, pero que tuvo el privilegio de estar acompañada por las letras de un manual que en segundo grado se convirtió en una especie de Biblia, en el juguete más maravilloso que podría haber llegado a mis manos...y de la mano, nada menos que de mi amada maestra, la señorita Elba.
Recuerdo vívidamente cada fotografía de ese manual, los poemas, los cuentos, y por mucho tiempo sentí que conocía muy bién a esa familia allí dibujada, y me la apropié, la familia de “Luciano Montes”, el protagonista del manual, era también mi familia.
Palabras como cooperación, solidaridad, aventura, amistad, disparate, desbarajuste, vuelo, se incorporaron a mi mundo solitario y fantasioso.
Luego vinieron las canciones, el mundo del revés, y la certeza de que mi vida iba a estar unida a todo esto.
Mi primer poema lo escribí a los 8 años, y en mi hogar no había abuela cuentacuentos, ni libros al alcance de la mano, eso llegó mucho después, y eso solito es un testimonio del poderoso influjo que M.E.W. dio a mi generación, a las siguientes, y no dudo que a las venideras...
Por eso GRACIAS por dejarnos aquí a Manuelita, a Titina, al Mono Liso, a Dailan Kifki, y tantos otros para seguir jugando, creciendo, creando...

Tan cerca y desde hace tanto
de María Rosa D´Anna
… tan cerca… y desde hace tanto tiempo…
Te conozco, María Elena
Vos, tan del 30 como mi mamá
Vos, tan acuariana como mi Facundo
Vos, tan llena de palabras, de sonidos, de colores, de jazmines, de fábulas urbanas, de alarmas clandestinas
Te conozco desde que… “un pájaro responde con brío debilucho y nadie sabe dónde…”
Jugaba a las rimas con mis hermanas menores… “no importa, yo te escucho”
Y entrábamos al almacén cantando “todo esto y mucho más quiero comprar”, creyéndonos Osías
Cuando yo "no podía más de adolescente” te me apareciste, antes que otros poetas, con Hecho a mano y Otoño imperdonable. En mi primera carta de amor, cómo te copié…:
"quiero tener empleo
de suavísima permanencia
dentro de tu corazón
coser con lágrimas y arrimo
toda fatalidad que te amenace
con botones caídos o desgracias"

En los 70 le cantaba con vos al de “turno” en el balcón, o por cadena nacional.
En los 80 festejo recuperarte para mis alumnos y mis hijos, con mímica o teatralizaciones, entre chauchas y palitos, tortugas, brujitos o diablos ingleses.
Hoy, seguís siendo mi compañera de ruta, la que me auxilia con palabras, metáforas, disparadores, certezas, pensamientos coherentes, alegrías

Señores ángeles, perdonen
su involuntaria intromisión.
Cuídenla mucho y
que ninguna espina la roce
(tal como ella lo decía)

María Elena de la mano de mujeres
de Laura D´Anna
2011. Me puse a llorar cuando me enteré que María Elena se había muerto, me acordé que mi hermana María Rosa nos cantaba para que nos levantemos el Tira con tirita y ojal con botón... y que yo nunca supe -aún hoy- si el zapato era del pajarito o mío, si el pajarito me lo estaba buscando a mí, en mi pieza o en su nido. Tanto el canto se mezclaba con el sueño en las mañanas de la infancia.
Sí, primero fue mi hermana María Rosa, la negra (la que escribe más arriba). Mi hermana mamá. La maestra y decoradora de interiores, que tiene 5 hijos. Nos cantó todas. Después yo le afanaría los libros de poemas, Otoño imperdonable y Hecho a mano, dos joyas que la Walsh escribió entre los 14 y los 18 años. En el afán de internalizar lo que las hermanas mayores dejaban a su paso (los libros afanados estaban todos marcados: mi hermana había agregado estrofas escritas por ella misma, le había respondido a María Elena, le había escrito sus secretos…), me los devoraba de tal manera que aún hoy les puedo recitar una fábula urbana, y dos o tres poemas. "Tengo la edad de la melancolía y el corazón apenas destrozado."

Después venía de Córdoba mi prima María Eugenia, para Navidad, se sentaba en medio del patio de mi casa allá en mi pueblo y, guitarra en mano, cantaba La pájara Pinta, la canción más bellatriste del mundo. "Al que mata a los pajaritos, le crecerá en el corazón una bala de hielo negro y un remolino de terror."

Después mi mamá, Dora Juana, que me ayudaba a preparar la muestra de fin de año de expresión corporal (mi mamá, mi primera directora teatral). Había que elegir una canción o una música y hacer algo con eso, no me acuedo qué. Ella, mi mamá, la había elegido y era ella también la que quería bailarla… Y yo la bailé con orgullo, por mí y por mi mamá, la eterna soñaDora
"Al loco le doy razón
y al bárbaro le doy paz
mi canto y mi corazón son son son
para los demás"

Después yo misma, que le di de beber a mi hijo, casi con la teta, sus cuentopos y sus canciones. Aún no sabía hablar pero pedía con insistencia que le hiciéramos escuchar la voz de María Elena contando El diablo inglés (maravilloso relato de las invasiones inglesas. Nunca supimos por qué Manuel prefería ese...) . O el cuento que tanto jugamos también con mis alumnos de teatro, La Sirena y el Capitán (maravilloso relato sobre la conquista española)
Las canciones de María Elena cuentan cada una una historia y entran por la música, las palabras, la belleza.

Yo, cuando era chiquita, amaba La canción del gato que pesca. Y lo que más me gustaba, era creerme ese gato, a la hora de la siesta, sentada en mi ventanín…

Hojeando de nuevos aquellos libritos (que volví a afanarle a mi hermana) reencontré este tesoro:
"Canto, desesperadamente canto
Con voz de tinta y letra de agonía,
Rota por dentro, loca por fuera.

Me duele ya la eternidad de tanto
Predecir con furiosa rebeldía:
“mañana cantará mi calavera.”"



María Elena
de Ana Woolf
De chiquita fue Manuelita, el mundo del revés, Osías, La vaca estudiosa (mamma mia! Qué ejemplo!!!) y el jacaranda y Dailan y más por todos lados y por suerte. Ahora también me sigue acompañando, su música es una de las infaltables en mi valija de mundo. Está en todos mis lados. Siguen siendo.
Eligiendo algunas ahora, de grande, y en este momento preciso, diría que sigue siendo Manuelita la tortuga, quien emprendía un viaje por amor, que quería ser diferente a lo que era, “transformarse” demasiado tal vez, eso de plancharla del derecho y del revés… mmmm, eso de la peluquita y los botines en los pies mmm, tal vez haya sido mucho… y entonces Manuelita regresó… a su lugar de origen, a su tierra.
De grande también sigue siendo el mundo del revés con sus propias “otras” reglas, donde dos más dos puede ser tres!!! Qué locura y por qué no… como en el teatro, donde los muertos se ponen de pie (Cocteau, no es mía).
De grande sigue siendo también Osías, el osito en mameluco y con él yo camino por las calles y con él repito entrando en un bazar que quiero tiempo pero un tiempo no apurado tiempo de jugar que es el mejor suelto y no enjaulado… ah! y cuentos, historietas y novelas… de la mano de una abuela…
Pero por sobre todas las cosas quiero más Maria Elena Walsh para que me ayude a no aceptar y a no rendirme tan fácilmente a la idea de que podemos ser ese país del no me acuerdo donde dar un pasito para acá y otro para allá daba/da/ tanto miedo.
Buen viaje y gracias todavía.

El día que murió María Elena

de Natalia Marcet

El día que murió María Elena, yo acababa de regalarle a mi sobrina mayor la colección completa de sus discos y sus libros. No sabía que ella estaba grave. Pero, preparándome para ir a visitarla al Sur, donde vive, pensé que ella era, como hermana mayor, la encomendada de leerle los cuentos y cantarle las canciones a su hermanito menor, Pedro. Así como lo había hecho mi mamá conmigo. Así como lo hice yo con mis hermanos.
María Elena, sin saberlo, durante toda la infancia, se ocupó de llenar la distancia que había entre mi mamá y yo. Mi mamá trabajaba todo el día de profesora de literatura y cuando llegaba, con una mano en el portafolio lleno de exámenes para corregir y con otra cortando zapallitos verdes para rellenarlos…, nos cantaba canciones de María Elena Walsh.
Gracias a eso aprendimos a cantarle a la vida a través de historias sencillas que hablaban de cosas más profundas que las que me contaban con palabras complicadas. Aprendimos a aceptar ser invitados y a invitar a tomar el té, con o sin tetera de porcelana aunque no se viera aunque no supiéramos por qué.
Descubrimos que en la vida habría un "bru que a toda la población embrujaba sin ton ni son". Pero que siempre llegaría un doctor con "la vacuna de lalunalu". Y si nos paseábamos “de la sala al comedor", como la naranja, seguramente podríamos llegar a la Quebrada de Humahuaca montadas en un elefante de colores llamado Dailan Kifki para ser las más sabias del lugar.
Hoy Paloma, mi sobrina, le canta a Pedro, mi sobrino. Así como lo hacía mamá conmigo. Asi como lo hacía yo con mis hermanos.
María Elena cantaba y nos traía la caricia de nuestra mamá mientras ella estaba trabajando.
Pero por sobre todas las cosas, María Elena nos dio la parte más linda de mamá. La que cuando arrecia el temporal, prevé el rayo de sol que sucede, mediante arcoiris, a todas las tormentas.