domingo 7 de noviembre de 2010

PROYECTO MAGDALENA

De dónde vengo y a dónde voy…
Primera parte

Por Ana Woolf.

Legado y desafío es el tema del libro que el Magdalena Project sacará a luz en agosto del 2011 con motivo de sus 25 años de existencia. El nombre es Legado y desafío. Este es una parte de lo que será publicado en Gales. Tal vez algunos conceptos estén ya vertidos en otros escritos míos, pero pienso que de todas maneras es bueno refrescarlos, releerlos, reescribirlos.
Para las viejas y nuevas lectoras entonces, un poco de historia.

Primera parte
Proyecto Magdalena significa para mi Teatro, Mujer y Política; o Teatro y Mujer Política; o Mujer que a través del Teatro puede realizar una acción política. Siempre es teatro y siempre mujer. Teatro entendido como acción política que posee el poder de la metáfora y tiene la cualidad de ser bella, encerrada dentro de propiedades estéticas.
1995: conozco por primera vez a Jill Greenhalgh (Gales), Julia Varley (Odin Teatret, Dinamarca) y Geddy Aniksdal (Grenland Friteater, Noruega). Este encuentro fue determinante. A mí, argentina, porteña, y criada en un país en donde el asado lo hacen los hombres, la ensalada las mujeres y el tango es uno de los bailes nacionales, me mostraba otra cara del "feminismo". Estas mujeres se asomaban ante mis ojos con la fuerza de un feminismo anclado en una presencia contundente basada en la apología –casi- de la diferencia. En la de Jill con su hablar directo sin matices reparadores, con su entrenamiento de bastones que exigía un estar aquí y ahora constante a riesgo de recibir el bastón en la cabeza al primer descuido. Con su incesante pregunta que martillaba mi cuerpo: "¿Qué querés Ana? ¿Vos qué querés?" En la de Julia con su imagen fuerte entremezclada con la vulnerabilidad de su voz que, como ella ha narrado tantas veces, también se vuelve fortaleza. En Julia quien luego no sólo se convertirá en mi maestra, sino que me demostró que es posible encontrar nuestra habla personal también a través de y a pesar de nuestros temblores. Un feminismo anclado en la presencia provocativa y desafiante como la de Geddy, con sus tatuajes en el cuerpo y su cabeza rapada por ese entonces. Recuerdo que la gente se daba vuelta para mirar a "esa mezcla rara de..." que caminaba por "las callecitas de Buenos Aires que tienen ese no sé qué..." Las tres afirmaban/afirman con orgullo su ser diferente. Esta fue la enseñanza. Estas mujeres se transformaron en "mis" locas, primer calificativo con el cual muchas personas de mi entorno las denominaron, así como años antes se las había llamado a las Madres de Plaza de Mayo. A ellas, ahora, se les sumaban las "locas" Magdalenas. Mujeres, ambas, cada una en su espacio, escribiendo la historia de una revolución sin armas, pacífica, basada en el culto a la memoria, en la persistencia y resistencia de pequeñas acciones personales.
1997: Transit. Julia. Dinamarca-Holstebro, sede del Odin Teatret. Conozco a otras mujeres de la red y cómo funciona todo esto. Las miro alucinada: Patricia Ariza de La Candelaria, con sus raperos con quienes había construido un proyecto de vida a través del teatro. Con su vida política marcando su piel y su mirada. Allí fui sacudida por la belleza dolorosa de la voz de Brigitte Cirla (Voix Polyphoniques, Francia), quien me enseñó que no existe el "desafinar", que es solo un concepto para mantenerme en el silencio, que esta "desafinación" también puede ser un lugar para mi voz. Luego vinieron Sally Rodwell y su marido Alan Brunton (nuestro primer Magdaleno) y Madelaine McNamara a quienes conocí organizando uno de los encuentros inolvidables de la historia del Magdalena, realizado en Nueva Zelandia, Magdalena Aotearoa. Deborah Hunt (Nueva Zelandia-Puerto Rico), corriendo con sus baúles llenos de máscaras y proyectos, con inscripciones en donde se leía: "Yo no soy un cuerpo". Cristina Castrillo y Bruna Gusberti (Teatro delle Radici, Argentina-Suiza) quienes me ayudaron a leer de otra manera la historia de mi propio país; Roxana Pineda (Magdalena Cuba) representante de una segunda generación de Magdalenas dispuesta a demostrar que se puede realizar encuentros sin celulares y sin internet velocidad ADSL. Roxana me muestra que aún vale la pena enfrentarse con molinos de viento porque ellos encierran la simiente de un futuro pan casero.
Aprendo y sueño: Las mujeres del Magdalena me enseñaron y obligan a tener un cuidado especial con las palabras. Una de las obsesiones de Jill y de Julia. Las palabras en este universo tienen un peso, un valor y somos responsables de su enunciación. Muchas veces al terminar un encuentro de presentación del Magdalena Project, Julia hace una ronda en donde cada una debe poner en palabras un sueño. Una vez enunciado y escuchado, se debe asumir el compromiso de concretarlo. Si como decía Segismundo "la vida es sueño y los sueños, sueños son", diría con Julia: "la vida no es sueño y los sueños acciones son". Muchos eventos del Magdalena han comenzado en estas "peligrosas" rondas de Julia. Yo dije: Magdalena 2ª Generación (M2G).