El teatro griego u oficio religioso
Por Flora Sarandon
El siguiente es un testimonio de la experiencia vivida durante las Jornadas de prevención de Desordenes de la Alimentación en Villa Gesell, durante los días 6 y 7 de octubre de 2010, auspiciado y promovido por la Dirección de Salud, la Dirección de Cultura y la Dirección de Educación de esa comunidad.
"El teatro griego u oficio religioso-poético se dirigía tanto a la vista, al oído, al intelecto y al corazón de los espectadores".
Ayer mi amigo Diego me pasa esta frase a raíz de mi relato sobre lo que habíamos vivido, Natalia Marcet y yo, durante las jornadas de prevención de desórdenes de alimentación en Villa Gesell, el 6 y 7 de octubre del 2010. Las jornadas consistían en la obra Gordas dirigida por Ana Woolf, protagonizada por Natalia y un taller teórico-vivencial dirigido por ambas a alumnos de escuelas secundarias. Al leer la frase, vi, con asombro, que representaba una síntesis perfecta de lo que fuimos armando con Natalia desde hace 3 años y que se terminó de plasmar en esas jornadas: Un hecho teatral en todas sus dimensiones porque, sin que fuera una propuesta en principio, tuvo en cuenta en su concepción al cuerpo en su integridad, apuntó a varias áreas de la persona para introducir nuevos conceptos: la vista, el oído, el intelecto y el corazón. La vista y el oído estaban en juego en la parte del teatro y la canción final que armaban los chicos con las palabras que les quedaban del taller; el intelecto en la información nueva sobre la presión de los medios, alimentación sana, la discriminación por peso, la aceptación de la biología y de sus ciclos y, finalmente, el corazón, en toda la emocionalidad disparada por el teatro y la visualización, la espiritualidad surgida del compartir una experiencia y, esencialmente, en la misión por la aceptación de la diversidad de los cuerpos o, al decir del biólogo chileno Maturana, "la aceptación del otro como legítimo otro en la diversidad" que empezaba a concretarse.
La noche anterior a las jornadas le pedí a mi hija de diez años, que participaba siempre de todas nuestras charlas con Natalia, que nos hiciera un cartel de presentación del taller. Ella tomó una hoja y, con varios colores, escribió: "Este taller se trata de: la nutrición, la alimentación y de los sentimientos que usamos al comer". Y le hizo un dibujo que era una pirámide nutricional rodeada por un corazón y ahí con Natalia nos miramos y dijimos eufóricas:- ¡Tenemos el logo!"
Las jornadas estuvieron llenas de excitación, júbilo, agradecimiento, sudor, entusiasmo, nervios, miedos, energía pero la verdad es que yo no supe qué fue hasta que terminó.
El día siguiente a las jornadas, mientras mi vida empezaba a volver lentamente a su ritmo, sentada en medio del jardín, reflexionaba sobre lo que habíamos vivido durantes esos dos intensos días. Y, lo que irrumpió en mí fue el despliegue del espíritu. El "dar ferviente" del cual el I Ching tantas veces me había hablado. Sentí cómo la experiencia del dar lo que sé, lo que investigo diariamente, lo que leo, lo que experimento con cada paciente, lo que mi hija tenía que saber sobre la etapa que pronto va a vivir; se volvía una sensación nueva. Desconcertada vivencié la experiencia espiritual que tantas veces leí y una gran paz y fortaleza se apoderó de mí. Dar lo que sé; simplemente eso. Lo hemos hablado con Natalia, mucho; dar, la misión.
Pasados algunos días del taller le pregunté a mi hija cómo habían sido para ella esas jornadas y me dijo: "Ayudé a mamá y a Natalia a cumplir un sueño, ayudé a ayudar". Mi hija se apropió del taller, se ocupó de tocar el cuenco, repartir folletos, recoger las biromes, armar la escenografía junto a Natalia.….Y Aimará, la hija de mi amiga, vio a Matilda y empezó a ayudarla. Y Aimará le contó a su compañera Luciana y ambas vinieron a verme para hacer un taller para sus compañeros, queremos poder "evitar los comentarios que puedan doler".
Nuevamente el teatro usado como disparador; dramatizaron escenas en donde un compañero/a ridiculiza a otro/a compañero/a por el peso, en donde una madre critica a la hija por el tamaño de su cuerpo y en dónde ellas y los otros compañeros se hacen cómplices del burlador, aun sabiendo que no quieren reírse. Y Matilda fue a acompañar a Aimará a dar su taller adaptado.
Vi el poder de las generaciones nuevas; vi la capacidad que tienen para ser promotores de salud. Los círculos del agua, círculos concéntricos…ver como podemos promover conductas saludables, promover la empatía y darles a las niñas un papel en la prevención que, seguro, las fortalece para no caer en la presión cotidiana que dice que ser mujer es ser bella según un único y enfermo tipo de belleza. Decir lo que piensan es una forma de irse convirtiendo en mujeres que denuncian sin temor a las represalias. Denunciar es una forma de resistir esos potentes mensajes mediáticos que las hacen sentir que hay algo malo en ellas, es ser "más que apariencia, esencia" como dice Andrea Echeverri de Aterciopelados
Así que, y ya para terminar, transcribo el mail que les mandé a Aimará y Luciana:
"Queridas Aimará y Luciana:
Sobre el taller de hoy a la mañana. Fueron muy valientes y solidarias con los/as compañeros/as que, quizás, no tienen voz para denunciar la discriminación del cuerpo que sufren cotidianamente. Sentí una gran alegría y orgullo al verlas tan convencidas de lo que estaban haciendo, la forma en que se apropiaron del taller e insistieron en que sus compañeros comprendieran los conceptos nuevos que Uds. les estaban acercando. No podía imaginarme mejor continuación de las jornadas de Prevención de Desórdenes de Alimentación que iniciamos con Natalia en la Casa de la Cultura hace unos días. Son un ejemplo para las chicas/os, Uds. al hacer esta tarea envían un mensaje: "más que preocuparte por las imperfecciones de tu cuerpo ocúpate del bien común". Espero que puedan seguir haciendo la experiencia en los otros grados y que otros compañeros/as se unan a esta campaña. Cuenten conmigo para lo que necesiten. Muchos cariños y abrazos para las dos."
Flora Sarandon
Licenciada en Psicología. Madre. Esposa. 50 años. Especialista en desórdenes de la alimentación .Ella misma se define como "ex desordenada alimentaria". Desde que tuvieron con su esposo Juan a Matilda, decidieron abandonar la ciudad de Buenos Aires y mudarse a Villa Gesell para criar a su hija con una mejor calidad de vida .Esencialmente buceadora, no se quedó con su formación académica y ha integrado a su metodología de trabajo distintas disciplinas de autoconocimiento, y de desarrollo de la expresividad.