martes 8 de junio de 2010

COLOMBIA. LAS CRUCES

Historia de un círculo que se cierra

por Ana Woolf.

Era inicios de marzo. Hacía poco tiempo atrás me había llegado de Bogotá -Colombia- esta invitación:
Estimadas amigas y estimados amigos:
Del 27 de marzo al 10 de abril de 2010 próximo, realizaremos en Bogotá el Festival Alternativo de Teatro 2010. Desde hace 16 años, cada dos años, organizamos en la Corporación Colombiana de Teatro, el Festival Alternativo de Teatro, que convoca siempre al movimiento teatral colombiano y a un número significativo de los grupos y las obras del teatro actual. Organizamos el Festival alrededor de una temática. Este año el tema será las independencias y la memoria y sus múltiples relaciones culturales, políticas y humanas. Y entre ellas, los exilios y las violencias diversas que en la búsqueda de la independencia y de nuestra memoria compartida como comunidad, frecuentemente se nos imponen.
La dirección de este Encuentro-Festival es de Patricia Ariza, actriz y una de las fundadoras del Teatro La Candelaria (dirigido por Santiago García), directora, militante política (así se define ella también), miembro del Magdalena desde sus inicios, y sobre todo una mujer incansable de esas que al verlas una se pregunta: ¿y cuándo duerme?. Este VIII Festival de Teatro me tuvo finalmente como integrante del staff artístico. Pero no es ni del Festival ni de mi trabajo allí de lo que quiero hablar, sino de un encuentro que cierra un círculo, luego de transcurridos 12 años.
En paralelo a los seminarios, eventos artísticos, "conversatorios" (eran charlas y encuentros con un moderador/a, en torno a un tema por ejemplo: Cuerpo y memoria en el teatro y la danza… etc) descubro en el programa: 15hs, Intercambio. Proyecto Melisa, barrio Las Cruces…
Quiero ir - le digo a uno de los responsables de la organización, ¿es lejos?. Me dice que organizará mi ida y que no puedo ir sola. Absolutamente NO. El barrio se llama Las Cruces debido a la cantidad de muertos que hubo cuando fue atravesado por un momento de gran violencia. Ahora ya no era así pero tampoco se podía entrar allí sola o sin ser del barrio, digamos. Natalia Marcet también estaba presente en el Festival y tampoco quería perderse nada, así que allá se vino también. No creo que Las Cruces sea distinto a las imágenes que vemos de Fuerte Apache, con la diferencia que las zonas en Bogotá, y en Colombia diría, están claramente separadas, incluso lingüísticamente: se escucha decir: "vivo en estrato 1, o estrato 5 o estrato 6" (que ya sería para ellos una suerte de Palermo Hollywood…) No existe, o al menos no he visto, una zona como Retiro que incluya al Sheraton y al lado la gran villa miseria que está detrás de la estación. Las Cruces estaría fuera de catalogación en esta historia de los "estratos". Se ve, se siente el aire tenso, las miradas a extranjeras, la curiosidad que desnuda… pero no nos separamos del mini grupo con el cual habíamos ido.
Había querido ir fundamentalmente porque el nombre de Melisa para mí tenía una resonancia histórica y emotiva muy fuerte.
Corrían los días del año 1997. Noviembre. Yo partía para mi primer Encuentro-Festival Magdalena que se me presentaba con una doble faz: Primer Encuentro Magdalena, y mi primera llegada al Odin Teatret para participar en el evento llamado Transit organizado allí por mi maestra Julia Varley. El tema esta vez era: Teatro-Mujer y Política. Detalle más, detalle menos, tuve que irme a un pueblo Holstebro, perdido en la campaña danesa, para conocer a una de las mujeres que ha marcado mi destino a partir de su trabajo político-social: Patricia Ariza.

Gotas de rap
Patricia había venido al festival con un grupo de jóvenes: "Gotas de rap". Eran de un barrio "peligroso" de Bogotá: Las Cruces. En ese momento, bombardeada por el shock de "la primera vez todo", charlas, Magdalenas de la primera generación, espectáculos, intercambios con participantes, el inglés como lengua de comunicación, videos… no tuve mucho tiempo para hablar con Patricia. La seguía de lejos, la escuchaba de cerca, y trataba de robar horas al sueño para hablar con sus "chicos" y la chica, Melisa, única mujer del grupo, rapera ella también y a la espera de un bebé.
El espectáculo que hicieron contaba a través del rap, la historia de unos jóvenes de ese barrio (uno de los más peligrosos de Bogotá) que cumplían el sueño de un amigo –muerto- (uno de los tantos muertos de Las cruces): lo llevaban a ver el mar. Todos ellos venían de verdad de ese barrio. Patricia y su compañero se habían acercado y comenzaron a realizar un trabajo a través del teatro y del rap (esa era y es la esencia de los chicos de muchas zonas de Bogotá) que los ayudara a alejarse del inefable futuro al cual estaban predestinados tan sólo por haber nacido allí.
En las pausas y en los minutos robados me acercaba y escuchaba sus historias: algunos trabajaban como "mulitas" es común que los traficantes de droga usen en general en los barrios pobres a los niños para pasarla y llevarla de un lugar a otro. Muchos de ellos llevan armas, y mueren antes de llegar a la adolescencia. El trabajo de Patricia Ariza, centrado en lo que ellos /ellas consideraban su valor: "el rap", unido a lo teatral, permitió abrir otra perspectiva de vida a esos chicos/as. Demás está decir que no se entra en esa zona "gratuitamente" y que el riesgo de haber comenzado a hacer ese trabajo era también un riesgo de vida. Los chicos, poco a poco, comenzaron a dejar esa rutina de calle y transporte de droga para dedicar más tiempo a su trabajo artístico. Armaron un grupo de rap que grabó un disco y luego otros más, se volvieron "famosos", llenaron teatros y comenzaron una gira Europea. Parece el cuento de Blancanieves, pero es verdad. Esta es una de las historias que me llevé conmigo al volver a Argentina, la que conté y la que conservé durante muchos años, 12 exactamente hasta que se cerró el círculo.

Nosotros ahora somos artistas
"Nosotros ahora somos artistas" – me dijeron una noche entre cervezas danesas, música, y charlas acerca de sueños futuros.
Melisa tuvo un bebé. Ella y su bebé murieron años más tarde cuando cruzaban una calle. Julia dedicó uno de sus Transit, a su memoria. En el barrio Las cruces se creó el Proyecto Melisa para seguir manteniendo viva su memoria. De los otros no supe nada más. A Patricia la he seguido siempre de cerca, hasta compartir un seminario en el último encuentro Magdalena Transit en Holstebro, agosto 2009. Mi entrenamiento y su trabajo de creación colectiva. Allí una vez más escucho esa voz que alarga las vocales diciéndome: "tienes que venir a Colombia".

El espejo del entrepiso
Marzo 2010. Tarde gris y fría. Otra más. Bajamos de una camioneta vieja, que salta y huele a nafta, en lo que nos dicen es el Centro Cultural donde la gente de La Corporación y ya no sólo Patricia realiza trabajos con los jóvenes. Estado precario pero adentro juventud y murales y grafitis en las paredes que son símbolo de plena vida. Subiendo las escaleras, en una especie de entrepiso, a un costado, un hombre le corta el pelo a otro, hay una mesita, un espejo redondo, viejo, y una vieja silla. Me pregunto ¿dónde estoy? y ¿qué veremos? Me entusiasma estar allí. Todo puede pasar. Desembocamos en un espacio con más pinturas en las paredes, al fondo veo a Jaime Niño, técnico de La Corporación y hombre de una solidaridad y sensibilidad increíble. Lucha con tachos y cables que se encienden y apagan aleatoriamente. Una tarima con jóvenes de una escuela. En el piso, otros jóvenes, seguramente del barrio. Nos ubicamos de costado, en el piso. Entiendo que venimos a ver una obra de teatro. Dirigida por Patricia que es quien dirige el Proyecto Melisa. La obra es de Arístides Vargas, uno de los dramaturgos latinoamericanos más importantes en la actualidad. Hay 4 chicas jóvenes en escena. Apenas comienzan entro en la historia. Sorprendida, divertida, feliz de ver al fin peces en el agua. Desparpajo pero sin exageración, manejo del texto, del cuerpo, de las voces. Atención y concentración, presencia, y decisión. Durante el transcurso de la obra, risas y comentarios de los jóvenes espectadores, luces que se apagaban y Jaime corriendo por detrás haciendo simplemente MAGIA. Las chicas seguían como si nada. Prostitución de infantil, pornografía, políticos corruptos que pagan a adultos que dan miseria a las niñas, padres que no están. Dinero. Promesas incumplidas a cambio del cuerpo virgen…
Termina la obra.
Aplausos.
Charla de presentación del Proyecto, quiero saber dónde estamos, quiénes son, cómo trabajan, cómo construyeron la obra… Se alza un joven que tendrá alrededor de 30 años tal vez… empieza a contar acerca de la organización del centro cultural, que el objetivo al crearlo era que funcionara como una alternativa para los chicos del barrio que en vez de estar en la calle se acercaran a aprender Rap que es su cultura, a escribir los textos, a pintar las paredes. Y así funciona. Los sábados se hacen esas clases con los chicos y chicas del barrio. Cuenta también que en poco tiempo más se verán obligados a dejar esa casa, que el alquiler es demasiado alto. Sottovoce me entero que se tocará a un político para ver si les concede una de las casas expropiadas a los traficantes de droga…
Cuenta finalmente que el sueño original nació con un grupo que había formado Patricia Ariza, en el cual estaba también Jaime Niño y Carlos Santizábal (ahora dramatrugo y director, integrante de La Corporación). El grupo se llamaba Gotas de rap. El también había sido parte de ese grupo como actor y rapero. El sueño era cambiar la vida de la gente de su barrio.
Me pongo a llorar. En silencio. Mi cuerpo no resiste la emoción y las infinitas imágenes que lo invaden. El foyer del Odin, las mesitas blancas, la noche fría con nieve afuera. Cigarrillos humo voces bajas las historias de un barrio que sólo imaginaba, la recreación en imágenes de las palabras de los chicos de Gotas de Rap, los veía recorriendo de noche calles oscuras y sucias, con aguas estancadas, en peligro, armados… llevando y trayendo pero nunca nunca en mi vida había soñado ese momento: el instante de reencontrarme con esa historia allí, de frente. El instante de entrar a formar parte físicamente, de ese espacio. De volver a encontrar a alguno de ellos que yo llevo en mis recuerdos y que no tienen por qué recordarme. El instante de devolver algo de lo que me había llevado sin que ellos lo supieran.
Quería hablar, quería decirle algo, agradecerle ese no sé qué que me habían dado. ¿Ese ejemplo de superación de vida? ¿De una vida ya predestinada y sin salida?... Dentro de mí me decía: no, dejá para qué, qué vas a decir, a quién le importa… y sin embargo sabía que esa situación era irrepetible, era una oportunidad única, y que no me iba a sentir bien si no agradecía lo que sentía tenía que agradecer. Levanté la mano. El chico ya hombre me miró y con una señal me hizo entender que era mi turno para hablar. Obviamente empecé a hablar y tuve que esperar a que ese nudo de mi garganta se deshiciera o descendiera o que algo le pasara ¡por favor! para dejarme continuar. Delante de mí los ojos de esos jóvenes del barrio, de las chicas que habían actuado, de nuestro grupito "festival" y yo esperando, respirando, empujando las palabras.
"Quería decirte que yo te conocí hace 12 años en Dinamarca. Quería decirte que no sólo has cambiado la historia de la gente de tu barrio sino también la de una argentina burguesa que los escuchaba hablar de Las Cruces sin jamás imaginar que alguna vez estaría sentada acá, en este lugar en donde mis imágenes inventadas se confrontan con tu realidad. La historia es que siendo Argentina tuve que irme a Dinamarca para encontrarme con ustedes. Para conocer a Patricia, a Melisa… Y que he contado tu historia, y la de Gotas de rap cada vez que he tenido oportunidad. Ustedes son para mí la comprobación, la certeza de que mi oficio, este que elegí como camino, posee el poder que yo anhelaba: el poder de la transformación de una realidad. "Nosotros ahora somos artistas" me dijo uno de ustedes, esta es la prueba. Quería agradecerte y decirte esto. Para mí hoy se cierra un círculo abierto doce años atrás".
Dos segundos después escucho a mi amiga Natalia diciendo emocionada: "yo soy una de esas personas a quienes Ana le habló de ustedes y a quienes esa historia también le cambió la vida".
Luego, en aquel 1997, vino mi vuelta a Buenos Aires, el nacimiento de Magdalena 2ª Generación, y tantas otras historias con las que me fui encontrando en la vida…
Bajamos las escaleras. La que bajaba no era la misma que las había subido. El que cortaba el pelo ya no estaba. La silla y la mesita vieja estaban vacías. El espejo redondo sin imagen. O con mis imágenes: esas que ahora se quedarían encerradas para siempre en ese círculo. Holstebro 1997-
Bogotá, Las cruces 2010.