sábado 6 de febrero de 2010

ESTACIÓN JUNÍN





ANA DE LOS MIL DÍAS

Por Mariela Díaz

EN ESCENA, 26 DE SETIEMBRE DE 2009
Atmósfera azulada. La cabeza de una Reina está apoyada sobre una columna de mármol. Hay vestigios de una corona sobre la abundante cabellera del personaje. Sus pelos irradian destellos plateados. Su rostro, a partir de aquella noche larga se ha tornado pétreo, con vetas blancas, azules y gises. “Casta Diva”, de María Callas, despierta a Ana . Ella, la cabeza de la reina, mira a los espectadores y se lamenta porque las tragedias del presente son insignificantes con respecto a su propia tragedia.
Le habla a las mujeres víctimas de la violencia. A la que recibe el puñetazo y la botella de cerveza en la cabeza…

CONOCIENDO AL PERSONAJE

Se trata de Ana Bolena o Nan Bullen, como le decía burlonamente el pueblo inglés, o Ana de los mil días, como la bautizaron piadosamente sus súbditos, cuando murió por orden de su esposo el rey Enrique VIII . Acusada de adulterio e incesto, es sentenciada a ejecución por decapitación. El verdadero motivo de su sentencia a muerte fue “una causa de Estado”: no haber dado a luz un hijo varón, un heredero para el trono de Inglaterra en el siglo XVI.
Ana Bolena procedía de Francia, país en el cual vivió durante nueve años, y ocupó su puesto entre las damas de la corte de la reina Catalina de Aragón, primera esposa de Enrique VIII. Alguien de la corte (¿el rey enamorado, tal vez?) retrató a Ana en cinco palabras: ES TODO OJOS Y CABELLO.

De cortesana a amante del rey. De amante a Reina de Inglaterra, y por ende, segunda esposa de Enrique VIII. Los años pasan y el hijo varón no llega. Es hora, habrá pensado el rey, de una nueva, joven y fértil tercera esposa. El modo de desembarazarse de Ana fue acusándola de adúltera. Juzgada y sentenciada, es llevada a la Torre. Allí, muchos nobles hallaron la prisión y la inmortalidad. Otros quedaron vagando en los alrededores, convertidos en sombras y lamentos, que ven y oyen aquellos dispuestos a creer.

Antes de morir, Ana Bolena reúne a su séquito, reducido en la desgracia. Están a su lado Emma, fiel servidora, y media docena de amigas y primas. Ana recuerda que su muerte le fue anunciada. La vió en un libro, años atrás. Se trataba de una ilustración: allí estaba el Rey, La Reina y Ella, sin cabeza. ¿Para qué enfrentarse a lo irremediable?

19 DE MAYO DE 1536: El verdugo aguarda… Ha venido de Francia. Quiere hacer rápido su trabajo: un limpio golpe de espada y ya habrá ganado 23 libras, 6 chelines y 38 peniques. La voz de Ana, clara y firme, se dirige a los treinta testigos de su ejecución, diciendo: “Dios proteja al Rey y le permita gobernaros durante mucho tiempo, pues jamás existió un príncipe más flexible y de mejor corazón”. Su voz cambia. El tono ahora es de aviso: “Para mí fue siempre un señor bueno y cortés”. Mira al verdugo y prosigue: “Poned atención. Esto es lo que un señor bueno y cortés puede traeros”. Dice a su amiga Margaret: “Acuérdate de mis canciones”. A Emma, su fiel servidora: “Tú has sido mi mejor amiga. Reza por mí”. Al cielo: “Señor, apiádate de mi alma”.
Sus cabellos brillan. Sus grandes ojos están iluminados por una luz interior.

Una espada se alza, segando el tallo de una flor…

HABLANDO DE TEATRO

“ANA BOLENA, monólogo para una cabeza” es un texto escrito por Mercedes Farriols. Lo encontré en un libro titulado “Teatro, Solomonólogos”, de Editorial Nueva Generación. Allí, la cabeza de Ana Bolena refexiona sobre la situación de la mujer de hoy: violencia física, sexual y psicológica ejercida por parte de maridos, amantes, novios, parejas. Violencia sobre el cuerpo, presiones. Estereotipos a los cuales está sometida. Hábitos y costumbres que desecharía para liberarse de esta sociedad patriarcal.
¿Llego al texto o el texto llega a mí? Algo más que no sé. Comienzo a leerlo y sé adónde debo ir a buscar más material: A CASA DE MAMÁ. En un rincón, su desordenada biblioteca. Voy por un libro que ya leí años atrás: “La concubina del rey”, escrito por Norah Lofts. Para mi sorpresa, mi madre me ofrece dos libros más: “El trono codiciado” (Victoria Holt), novela cuyo protagonista es Enrique VII, rey sabio y prudente, padre del tristemente famoso Enrique VIII. El otro libro, “Su destino, el rey”, de Carol Maxwell Eady, narra la historia de Catalina Parr, la única esposa que sobrevivió al rey Enrique VIII.

Esta búsqueda que emprendo es mi hipótesis de trabajo, en el marco del taller de teatro al que asisto los días lunes. Al cabo de unos meses, resuelta la puesta en escena con simpleza, mi trabajo actoral sale a la luz.

En la atmósfera azulada, sobre el escenario del resto pub Chiqué, de Junín, una cabeza de reina, tuvo el valor de volver de la muerte; tomó forma, le habló a hombres y mujeres allí reunidos y habitó, con plenitud y naturalidad el eterno presente del acto teatral.