Se hace camino al andar
Por Natalia Rey
Helen Nesis, es una gladiadora, una mujer que se acostumbró a luchar y a triunfar sobre cualquier circunstancia. Cuando me siento en un callejón sin salida sé que puedo recurrir a ella y siempre ve una solución con claridad y compromiso. Su espacio es realmente bello y lleno de jóvenes.
-¿Cuándo comenzaste a hacer teatro?
-Cuando tenía 9 años. Mi maestra dijo que era muy inquieta y me iba a hacer bien, entonces mi mamá me llevó al teatro IFT. Después de un tiempo de clases, un día Víctor Laplace vino a observar niños para su espectáculo de café concert y me eligió; yo venía de una familia muy tradicional y a mi mamá no le pareció correcto que yo estuviese en un espectáculo nocturno y no me dejó. Como me ofendí decidí dejar de ir a teatro…, pero se ve que era algo que me gustaba mucho y a los 15 años tuve la necesidad de volver. Retomé las clases con el grupo Los Volatineros que dirigía Francisco Javier; mi maestro era Roberto Saiz. Era una adolescente muy tímida e insegura pero el teatro me encantaba.
-¿Quiénes fueron o son tus maestros?
-A los 18 años me encontré con Silvina Sabater, ella fue un modelo alucinante para mí, porque era una excelente docente y porque era mujer. Le estoy muy agradecida, fue realmente muy importante para mí. Después de un tiempo, yo buscaba un modelo científico, una técnica precisa en el teatro, mi parte racional necesitaba ese aspecto, entonces comencé a tomar clases con Raúl Serrano. En él encontré un método que iba a poder aplicar como actriz y trasmitir como docente, fui durante muchos años su alumna, después fui su asistente docente y también asistente en sus espectáculos.Tomé muchos cursos (teatro imagen, expresión corporal, canto, etc.) y aprendí un montón de otros docentes.
-¿Cuál es tu actividad actual?
-Actualmente tengo mi teatro que se llama El Espión (Sarandí 766, C.A.B.A., 4943-6516 http://www.escuelitadeteatro.com.ar/) donde funcionan espectáculos, tanto dirigidos por mí como por otros directores, y una escuela de teatro. Soy docente, actriz y directora, actualmente de dos espectáculos: Pisar el palito y Chicas en acción.
-¿Cómo construiste tu espacio…desde qué necesidad personal?
-En un momento, un actor me pidió que dirigiera su espectáculo, Historia de un enamorado, sobre Fragmentos de un discurso amoroso, de Roland Barthes. Con ese espectáculo se abrió la sala El Callejón de los Deseos. Nos fue realmente muy bien y tuvimos mucho apoyo de la prensa. Fue la única vez en mi vida donde realmente tuve prensa. Entonces, un día fui a visitar a mi abuelo que siempre me había dicho "porque no estudiás algo serio… si estudiás medicina yo te pongo el consultorio" y le dije "abuelo, voy a ser famosa". Después de eso recuerdo que un grupo de actores me pidió que dirigiera su espectáculo infantil, yo no me sentía capaz como directora, pero Raúl Serrano me alentó a hacerlo. Simultáneamente trabajaba en la escuela de Raúl y una tarde estaba tomando algo en la puerta, cuando veo que unos chicos van a darle de comer a unos perros que había en la casa abandonada de al lado, sentí un impulso y les pregunté si el terreno se vendía, no tenía ni siquiera un cartel, pero los dueños estaban planeando ponerlo a la venta. Al poco tiempo mi abuelo me regaló ese espacio donde construí mi sala. Trabajé junto a mi maestro 13 años hasta que me independicé. Las cosas se fueron dando naturalmente, de forma fluida, cuando tuve deseos por ambición nunca se dieron, resultaron cuando eran para mí y en el momento justo.
-¿Que obstáculos tuviste?
-Los más difíciles de sortear son los del Gobierno de la Ciudad, que en vez de apoyar a la cultura siempre genera un obstáculo más. Todavía hoy estoy intentando habilitar la sala y siento que todo esto es como una burla. Otra dificultad es llegar a la gente, porque estamos en un barrio donde no están acostumbrados a ver teatro y sostener la afluencia de público es difícil y hubo un momento de mi vida donde mi salud fue una circunstancia muy difícil de resolver, a los 35 años tuve un accidente cerebral, un derrame en una vena un poco más finita de lo normal. De esa lesión insólitamente salí ilesa, cuando podría haber quedado postrada o con lesiones físicas severas pero para evitar un futuro re-sangrado me dieron unas radiaciones y ahí surgieron complicaciones severas, quedé en silla de ruedas, estuve obesa de tantos corticoides, perdí parte de la visión de ambos ojos… pero seguí trabajando. Casi no tenía alumnos, las personas no soportan mucho la enfermedad del otro. Pero de a poco me fui restableciendo. Me acuerdo que tenía una doctora, Nina, en la cual está inspirado uno de los personajes de Chicas en acción, que un día me dijo "¿Qué más tenés que aprender que el derrame no alcanzó?" y de a poco fui haciendo ese camino.
-¿Cuáles son tus sueños hoy?
-Primero tener salud, sin salud no hay nada para dar ni recibir. Mi deseo es estar presente, los deseos a futuro son del ego, mi mayor aprendizaje fue lograr más humildad, estar tranquila y que el ego no me gane. Me gustaría mucho que la gente joven tuviera más conciencia de lo que significa el teatro, pero hay que trabajar mucho y eso es lo que estoy haciendo.