sábado 1 de agosto de 2009

CONTRA VIENTO Y MAREA: crónicas de Alicia en Junín

De gira por los barrios

(Crónicas de Alicia en esta maravilla de país)


Primera parte

Por Virginia Entesano – Marianela Butos

Alicia, era cada vez más nuestra, más “Argentina”.

El Ratón que nada en el charco de lágrimas encuentra a sus amigos en la playa pues les va a contar un cuento que los va a dejar “secos”, la historia que relata resulta ser la mañana del 25 de Mayo, con French y Berutti a la cabeza, repartiendo cintitas.
La Oruga que fuma sentada en su Hongo es un bandoneón, que se transforma en mariposa silbando un tango (“decí por Dios que me has da’o, que estoy tan cambia’o”).
Y en la escena final, la reina no juega al croquet, por supuesto, juega al fútbol.
Y así, el país de las maravillas se va transformando en esta maravilla de país.
Apareció el gato de chesire que era un paraguas, la oruga con forma de bandoneón, un conejo en miniatura y otros más.


Usábamos alrededor de quince títeres, que luego guardábamos en bolsas negras de consorcio, junto con máscaras y otros objetos de utilería también hechos con cartón y papel.
Así que, enseguida, necesitamos un lugar de ensayo con más espacio y entonces empezó nuestro peregrinaje por diferentes clubes y sociedades de fomento.
Por suerte el teatrillo que usábamos tenía rueditas, y colgando las bolsas de él, cual carrito de cartonero, llevábamos todo.
Como ven, casi una odisea.

Ya no éramos nómades.

Luego de tanto deambular por distintos lugares, la Escuela de Teatro muy amablemente nos cedió sus instalaciones, que por ese entonces era un edificio hermoso de tres plantas.
Como supondrán… ¡estábamos alucinadas! Erradicamos de nuestras mentes la pregunta ¿Dónde ensayamos? Y lo mejor de todo era que no teníamos que ir y venir con la escenografía, ya que podíamos dejarla allí. Si, señoras y señores... ¡Hasta nos dieron un cuarto especial para nosotras!
Así pasaron varios encuentros, entre deserciones, nuevas incorporaciones, y la fantasía de hacer “Alicia”… en la escuela, en su pequeña sala teatral.
Pero, llegamos un sábado, como tantos otros, a nuestro tan ansiado ensayo (ese día no recuerdo por qué debíamos ensayar en el tercer piso). Entre mates y puchitos, una a una fueron llegando las Alicias, que por cierto somos muy impuntuales, y cuando al fin estábamos todas, dos compañeras bajan por el ascensor a buscar los títeres, mientras las demás esperábamos en la puerta. “Cuando de repente” aparecen las chicas, blancas como el papel, como el mismísimo papel del que estaban hechos nuestros adorados títeres, con la noticia de que todo había desaparecido…
Fue tal nuestra confusión que empezamos a subir y bajar por la escalera y por el ascensor, desesperadas. ¡Era necesario buscar y preguntar, qué había ocurrido!
Lamentablemente, la verdad quemaba como brasa caliente en las manos, y por lo tanto, las respuestas que nos dieron fueron irrisorias. No se sabe cuándo, ni quién dio la orden “¡Limpien ese cuartucho lleno de porquerías!”
¿Habría sido la malvada reina de corazones? Tal vez.
¿Habría sido la preceptora o la portera de la escuela? Puede ser.
La cuestión es que el trabajo de todo un año fue confundido con basura y arrojado a la calle.
Seguro ustedes se preguntarán, “¿pero no abrieron las bolsas para ver lo que había?”, “¿por qué no preguntaron antes de tirar?” Pues bien, nosotras nos preguntamos eso y mucho más.
Ante tal catástrofe, el grupo estaba destruido, y comenzaron a barajarse mil hipótesis acerca de la desaparición de nuestros objetos, y de qué hacer en el futuro, (estábamos a un mes de estrenar) ¿Seguíamos? ¿Cambiábamos la puesta? ¿Volvíamos a empezar? ¿Abandonábamos todo?.
“Cuando de repente…” Alguien otra vez dio la orden: “Deben comprarles a las chicas un pote de cola vinílica y cinta de papel”
¡Qué manera taaaaaan generosa de reivindicarse! ¿No es cierto…?
Pero bien, a pesar de todo, decidimos seguir y volver a empezar. Y un día llego el ansiado estreno. Pero eso se los contamos la próxima.