Festival GenerArte es un encuentro sobre la diversidad y por la equidad entre los géneros, organizado por el Instituto Social y Político de la Mujer (ISPM), con el apoyo del INADI. En esta oportunidad se desarrolló en el Centro Cultural Plaza Defensa, entre el 28 y 30 de mayo, el Primer Encuentro GenerArte con el apoyo del Centro Cultural Plaza Defensa.
Sus objetivos: visibilizar la perspectiva de género para una vida sin discriminación y con más equidad; fortalecer el intercambio intercultural a través de la participación de artistas de varias nacionalidades y orígenes; visibilizar la actividad del Instituto Social y Político de la Mujer (ISPM) y del Servicio de Voluntariado Europeo.
Se inauguró el 28 de mayo. ¿Casualidad? No. Decisión.
La fecha de inicio se eligió con sumo cuidado. Es el Día de la Salud de la Mujer
Durante tres días se sucedieron, exposiciones, representaciones teatrales, performances, conciertos, mesas de debate, proyecciones de cortometrajes, donde temas como "mainstreaming" de género, igualdad de oportunidades, diálogo intercultural, fueron el eje de las jornadas.
Allí estuvo Magdalena Segunda Generación, presente en la difusión de sus objetivos y con la participación artística con el espectáculo Viajeras, un espectáculo teatral donde Natalia Tesone, Laura D’Anna, Marcela Brito y Natalia Marcet, dirigidas por Ana Woolf, con asistencia de dirección de Susana Freire, integrantes de Magdalena Segunda Generación, cuentan las deliciosas aventuras de cuatro chicas que parten de su casa, donde no se sienten comprendidas, en busca de concretar su deseo: un espacio de expresión artística .
Mucha gente joven, tanto cronológica como espiritualmente.
Mucha gente con mucho deseo de seguir abogando por un mundo más equitativo, más libre de prejuicios, donde podamos construir la Unidad en la Diversidad
Natalia Marcet
Lo nuevo necesita amigos
Y sí.
Leyendo los diarios me encuentro con una experiencia muy interesante. Una compañía de teatro de actores sordos que realizan una obra sin palabras... podrá verse en el Teatro del Pueblo y desde luego, la invitación es más que interesante.
En general, los medios de comunicación difunden desde la perspectiva de la novedad. En este caso, la novedad es que los actores son sordos. Y es verdad que si bien hay algunos en la búsqueda del camino teatral, no es habitual. Es una novedad y es muy bienvenida.
La otra perspectiva es la de espectáculos concebidos originalmente como sonoros cuya estética y textos se traducen linealmente a la lengua de señas. Aquí simplemente actúa un fenómeno de asimilación cultural y estética. Una simple trasliteración. Hay un enunciado "nosotros también podemos tener nuestra comedia musical en nuestro idioma de señas" configurado ideológicamente por una primera persona plural, nosotros, que suele ser sostenida por quienes no son ese nosotros: los oyentes líderes de estas propuestas. Más allá de la evidente contradicción habrá quienes deseen asimilarse. Siempre hay. Alcanza con ver las estadísticas sobre rating y preferencias de consumo.
El gran imperativo categórico en la historia de la sordera ha sido que se note lo menos posible la ausencia de audición, la sordera. Entrenar para la misión fundamental con la que se supone han nacido las personas sordas: hablar oralmente bien y que no se note la discapacidad. Por supuesto las lenguas de señas del mundo han sido negadas y vapuleadas, acusadas -con total ausencia de rigor científico- de códigos mímicos básicos. De esto da cuenta la historia de la educación de chicos sordos en el mundo. Basta hacer un recorrido desde el Congreso de Milán en 1880 hasta fines del siglo XX para corroborar este paradigma que ha empobrecido la vida simbólica y cultural de muchas personas.
En fin, una simple transpolación de un lenguaje rico y con una codificación estética rigurosa como la comedia musical tendrá su versión para sordos donde lo que ocurre es la traducción de un texto en los tiempos exactos en los que habitualmente ese texto es cantado. Cantar en lengua de señas es un invento de oyentes, no de sordos. Se me podrá decir que es bailado, no cantado. Responderé que esa sería una propuesta interesante. Pero no es lo que ocurre. El fenómeno es de asimilación y reposa en una estudiada estrategia de marketing. Esta experiencia es personalmente intransitable así que no ocuparé ninguna platea roja.
La posibilidad de intervenir obras en lengua de señas se encuentra en otro escalón ideológico y estético. No es traducir, no es interpretar, no es "poner un elemento invasivo en escena" como dicen sus detractores. Es un camino de creación que alimenta esa misma puesta concebida auditivamente abriendo perspectivas de integración estética y social. Inclusión de sordos al acontecer teatral pero, y sobre todo, inclusión de una nueva mirada sobre el devenir escénico y humano. Un elemento que se integra a la obra original despertando nuevas sonoridades "preceptuales". Y usó la palabra sonoridad por pura provocación y porque mirar es escuchar también.
Una cuarta propuesta parte de concebir la lengua de señas, creada por sordos en comunidad pero usada por más personas y cada vez en más contextos, como la materia prima de creación de un lenguaje con sus propias reglas. Un lenguaje que partiendo de un conocimiento cotidiano del mismo nos permita arribar por procedimientos teatrales y estéticos a una danza de todo un cuerpo donde el código manual es apenas una parte de la propuesta. Aquí me detengo para recordar que grandes creadores han tenido esta mirada sobre este idioma: Pina Bausch, Bob Wilson, Peter Brook, Eugenio Barba. Me viene especialmente a la memoria Itsi Bitsi, un espectáculo del Odin Teatret donde una de sus actrices emblemáticas, Iben, utiliza la lengua de señas en su danza teatral. Lo recuerdo porque fue la simiente de mi interés artístico por mi lengua materna, provocando un primer distanciamiento de la relación existencial con la sordera. Un primer paso que movilizó una mirada extranjera sobre mi origen de niña oyente entre sordos.
Estas últimas vías son la que movilizan al proyecto de ADAS, LenguaHares, artes & señas en escena. Tomamos la herencia recibida por este grupo cultural y lo convertimos, mediante un espacio experimental de investigación y creación, en material escénico. Nuestra condición individual, ser o no sordos, es apenas un elemento de conformación del grupo y no una variable a la hora de crear. La capacidad de creación y puesta en escena de un lenguaje artístico no está regido por la frecuencia sonora de nuestras orejas. En todo caso, habrá pies despiertos y cuerpos danzantes en un lenguaje recreado en su codificación.
Las últimas experiencias mencionadas, la intervención performática de obras en cartel y la creación de un teatro donde la lengua de señas sea el eje central estético de la propuesta, son nuevas. No tienen casi antecedentes más que fragmentariamente.
Como dice el entrañable cascarrabias y crítico gastronómico de la película Ratatouille: Lo nuevo necesita amigos.
Esperamos encontrarlos en nuestro camino.
Gabriela Bianco
Viajeras en Navarro
Que Navarro es un lugar donde Magdalena Segunda Generación tiene una fuerte presencia, no queda ninguna duda.
Allí esta Zunilda, una mujer emprendedora y persistente que cuando la conocí sostenía desde ya hacía 18 años al grupo de teatro Candilejas y soñaba con un espacio propio, espacio que pedía sistemáticamente a cada nuevo gobierno, intentando ejercer sus derechos como ciudadana y como gestora cultural de una comunidad acéfala en ese ámbito, obteniendo siempre respuestas negativas.
Hoy Candilejas, tiene su espacio propio y allí estará Viajeras, de la mano de Natalia Marcet, Laura D’Anna, Natalia Tesone y Marcela Brito, con la dirección de Ana Woolf., para emprender el mágico viaje de los sueños con la gente de esa comunidad entrañable, que con tanto amor recibe siempre a las integrantes de Magdalena Segunda Generación.
Vamos, entonces, Viajeras, el 26 de junio, a las 10.30 y a las 15.30, en la sala Candilejas de Navarro.