lunes 1 de junio de 2009

ESTACIÓN JUNÍN

Entre mate y mate

Por Nélida Speroni

Las Caléndulas, ocho mujeres del pueblo de Leandro N. Alem haciendo teatro
Hoy les voy a contar una historia simple que viví, recordando esta experiencia que llevamos a cabo junto a una amiga llamada Teresa.
Teníamos un grupo de amigas mujeres que estaban "solas", digo solteras, viudas y separadas, que no tenían casi nunca una noche de cena fuera de sus casas, y de ahí surgió la brillante idea de reunir a toda mujer que quisiera compartir una cena mensual, un compromiso placentero para intercambiar ideas, contar experiencias y divertirse sanamente, festejando cumples, etc.
Todo empezó como un sueño que tal vez podía durar poco tiempo, según opiniones adversas a nuestro propósito. Seguimos todos los meses, ininterrumpidamente, congregándonos el último viernes de cada mes. Nos bautizamos Las Caléndulas.
Estos encuentros se prolongaron durante años. En un momento, a Teresa y a mí se nos ocurrió elegir el día 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer para hacernos un homenaje especial. Organizamos una cena show. Y el show iba a ser teatro, creado y realizado por ocho mujeres decididas y valientes, sin tener la más mínima idea de lo que era el teatro.
Buscamos una "profe". Tampoco sabía mucho del tema, pero no obstante, poniendo buena voluntad, lo íbamos a lograr. Ese era nuestro mayor propósito. Empezamos a crear obras de teatro sacadas de nuestra imaginación. Escribir, leer, dar forma y vida...
Lo logramos a medias, pero sirvió sin embargo porque ahora que comienzo a conocer lo que es realmente el teatro, además de haber tenido la experiencia del seminario con Ana Woolf, creo que lo que hacíamos era muy malo, como artistas, un desastre. Aunque nos sostenía el firme propósito de divertirnos, divertir y pasar noches especiales.
Para hacer posible todo esto, invertíamos muchas horas de trabajo, robando horas al sueño. Sacrificio y cansancio. Discusiones, peleas, portazos, idas y vueltas, "me voy", "me quedo". Así, entre el coraje, el esfuerzo, el desorden y el agotamiento, esto que llamamos grupo Las Caléndulas permaneció durante quince años sin interrupciones. Aún hoy, recibiendo críticas de quienes no aguantaron este ritmo.
Sin bajar los brazos, con amor y con la certeza de quien trabaja para brindar lo mejor de sí a los demás. En este caso, a un gran número de mujeres. Para homenajearlas y brindar por nuestro maravilloso género.