miércoles 1 de abril de 2009
MAGDALENAS TRABAJANDO
El teatro es para todos
Un hecho sin precedentes tuvo a cabo el 11 y 12 de marzo: la presentación de Semillas de memoria, espectáculo de Ana Woolf, que se ofreció en El Cubo. Dentro del espectáculo, es más, integrado a él, se presentó una "señante" que reprodujo en lenguaje de señas el texto. No era una traducción, sino una reinterpretación que estuvo a cargo de Gabriela Bianco, como otro personaje que, dentro de la historia, oficiaba como narradora sin entorpecer las acciones ni perturbar la labor de la actriz. Un ensamble perfecto que estimuló el aplauso de los sordos que esas dos noches colmaron la sala de El Cubo.
Semillas de memoria, de Ana Woolf (Argentina-Dinamarca), interpretado por la autora. Dramaturgia y dirección: Julia Varley (Odin Teatret, Dinamarca). Dirección de la intervención performática: Gabriela Bianco y Ana Woolf. "Señante" teatral: Gabriela Bianco (ADAS-Argentina). Asistencia: Natalia Tesone.
Semillas de memoria es un espectáculo sobre la ausencia: la ausencia de un padre, la ausencia de un cuerpo para darle sepultura y la ausencia de personas desaparecidas. Pero la ausencia genera su contra cara: resistencia, presencia e identidad. Se vuelve punto de partida en la construcción de una obra que contiene ambas cosas: un mensaje personal y un discurso histórico.
Intervenciones performáticas en lengua de señas
Por Gabriela Bianco
Nueva propuesta escénica de accesibilidad para personas sordas. Se inicia un proyecto que tiene como fuente inspiradora tradiciones escénicas codificadas y experiencias de distintos grupos de teatro y danza que utilizan las lenguas de señas como elemento de construcción significante (y dignificante). La creación de un rol, al que hemos convenido en llamar "señante" teatral, surge en primer lugar para posibilitar la tan nombrada inclusión -en este caso- de las personas sordas al quehacer teatral. Nos mueve sobre todo un profundo impulso por desarrollar en el ámbito de la escena una forma de teatralidad que es subsidiaria de la potencia expresiva de los lenguajes señados. Es la propia naturaleza de las lenguas de señas la que da lugar a esta investigación sobre su estilización y sus posibilidades poéticas. La antropología teatral, basada en los escritos del director Eugenio Barba, es otra gran fuente de inspiración al respecto.
Una lengua que tiene en la descripción de sus características categorías tales como rasgos manuales, definidos por su configuración, orientación, ubicación, movimiento y dirección; rasgos no manuales, concentrados en codificados movimientos de ojos, cejas, lengua, boca, mejillas, hombros, la direccionalidad del torso y los movimientos de cabeza.
Algunos de estos elementos arriba nombrados podrían ser hallados perfectamente en un manual de geografía, en un libro de anatomía, en un tratado de danza o de teatro codificado. La Lengua de Señas Argentina es justamente eso: una lengua. No depende de ningún otro idioma. Es autónoma y arbitraria como todos los sistemas lingüísticos. No es un código instalado en las manos para cubrir un déficit en la lectura labial de la persona que no oye. No está allí mostrando una falta sino una potencia: la fuerza humana creadora de significación y lenguaje.
Iniciamos esta tarea visualizando la punta de un iceberg.
Surgen las preguntas acerca de todo aquello que aún no nos ha sido revelado. Lo que permanece oculto a nuestras hipótesis que ya llevan un buen tiempo de investigación dentro de las cuatro paredes de un aula-laboratorio.
Semillas de memoria, la primera experiencia
Un espectáculo que habla sobre la memoria y la ausencia. Esta frase descriptiva de la puesta original de Semillas de memoria, trae a mi propia memoria una larga tarde de charla amigable y repleta de "insights" con Bernad Mottez, un francés, salvadoreño por opción amorosa y vital. Era un sociólogo estudioso y generador de grandes cambios en la comunidad sorda, primero de Francia, luego de la comunidad sorda toda, que agradeció enormemente su obra.
Bernard acaba de morir. Hace apenas dos meses que ya no está. El estaría muy contento si pudiera presenciar este movimiento en el sur más sur de su querida América. Estaría riendo de satisfacción por corroborar una vez más sus intuiciones acerca de la gente y sus destinos.
En aquel almuerzo que se prolongó hasta el café de la tarde, en una hermosa París de verano, el sociólogo apasionado por las experiencias de vida de las personas sordas y de los que somos sus familias, sólo quiso preguntar y escuchar. Pensaba que con lo que él había escrito era suficiente. Yo podía mirar sus textos. Nada de cuestionarios académicos. El no era lo importante del encuentro. Pero yo sé que tampoco se trataba de mí, Gabriela. "Cuéntame... cuéntame" eran sus palabras preferidas.
Llegue allí, luego de estar en Dinamarca y Noruega, con una gran valija teatral. Isatustra, así hablaba Isadora era un trabajo que empezaba a indagar sobre las posibilidades escénicas de la lengua de señas. Era germinal, intenso y arrebatado. Moffez no lo vio pero quería que le contara todo, lo que hacía en el teatro y lo que hacía cuando no estaba en el teatro, cómo enseñaba la lengua de señas, la relación con mis padres sordos, mis inquietudes artísticas. Todo.
Pasaron las horas y casi al final, cuando se opuso a que yo pagara parte de la cuenta, dijo en su perfecto español: "Hay un camino. No importa lo que pase sino que hagas aquello que está allí, esperando tu movimiento. Qué linda tarde me has regalado". Era el mes de julio de 1999 y me supe afortunada.
Memoria que danza y se encuentra con Ana en distintos momentos. Ana y su espectáculo sobre la ausencia. Entonces vuelve Mottez, ahora con el título de su último libro, casi póstumo: ¿Existen los sordos? Un anacronismo irónico y tan provocador como su autor, me inspira a responder desde la escena. Una vez más. Me gustaría danzar que no sólo los sordos existen sino que estamos los otros, los que oímos y heredamos una cultura sostenida por la lengua de señas. Aquellos de nosotros que sabemos que la lengua de señas no es una muleta de la deficiencia, sino un desafío al paradigma que homologa diferencia a discapacidad cerrando toda posibilidad de creación, realización, conocimiento y autoafirmación de la propia identidad.
Celebramos este inicio en memoria de los ausentes -vivos, desaparecidos y muertos- y por el porvenir de la memoria de todos los presentes, para que no se vele la presencia de los otros, los que por su condición, cualquiera sea, son negados o relegados al olvido.
En busca de un personaje
LA LUIGIA (otra voz de mujer silenciada)
Primera parte
Por Natalia Marcet
14 de marzo de 2009 .22.30 hs.
Hace un año recibía la noticia de que formaría parte del elenco de Sacco y Vanzetti, en la Comedia de la Provincia de Buenos Aires, dirigida por Viviana Ruiz
Hoy, a 9 días del estreno, abro el arcón de los recuerdos.
Re-visito mis imágenes, por un segundo, con palabras. Alumbro alguno de los pasos dados en este camino.
"Te quiero para la Luigia", me dijo Viviana cuando hablé después de la confirmación. "Y quiero que cantes el Bella ciao…". "Ah- le dije- lo puedo tocar en el acordeón".
Sería yo la Luigia, y debería hacer real un viejo sueño: tocar el acordeón, como mi abuela Kungatá.
Luigia, o la presencia del silencio
Luigia Vanzetti, hermana de Bartolomeo Vanzetti, católica, una mujer fuerte. Un bastión. Leo de ella en pequeños escritos hallados en internet: "50 años después, cuando el Gobierno de los EE.UU., reconoce su error, ella volvió hacia Villafalletto, Italia, de donde eran oriundos, con las cenizas de su hermano``.
Luego de leer la versión de Kartun, reconozco el desafío: Luigia no está, pero está. Omnipresente. Diseminada a través de la historia.
Luigia, o la presencia del silencio.
Viviana insiste con el valor de estas mujeres que vienen a contar esta historia.
Pero ésa es su idea. Ese es mi deseo. No lo que propone el texto de Kartun (una dramaturgia sumaria de los documentos del caso). Y tampoco lo que propone la puesta.
Me desespero. Las cartas de Vanzetti .Están todas. Dirigidas a su padre. Dirigidas a Luigia. A Cencina, su otra hermana. Sé que su padre no le contestaba. Pero Luigia sí ¿Dónde están esos escritos? Las rastreo por internet. No aparecen .No están Desaparecidas (rememoro esa espantosa categoría del "desaparecido" definida por un dictador argentino y me estremezco).
Simplemente no quedaron registradas .A nadie le interesan .O sí .Demasiado, y las retienen.
Pido a una amiga italiana que rastree las cartas. Espero su respuesta .Ella es una teórica del teatro. Tengo la certeza de que las va a hallar. Error. Otra certeza que se cae a pedazos. No están.
Me detengo .OTRA VOZ DE MUJER SILENCIADA.
Decido buscar yo su voz. Por todos los caminos. En todos los planos. Viajo hacia ella. Pero… ¿Quién es la que viaja? ¿Es Natalia, es la actriz? Medito con colores sobre ello (color uno y color dos) Son tres que se hacen una
Es Natalia, es la actriz y es Luigia que se funden en una sola.
Parto entonces con todas las formas de viajar (que son muchas,.diría Kungatá, el personaje que habito en Viajeras)
Un viaje a galope de mi deseo, de un acordeón y de una Luigia, todas las Luigias.
Viaje hacia Luigia – El acordeón – Kungatá – La Comedia
Antes del casting, había tomado clases de italiano con una profesora que resultó ser la madre de un compañero de la radio, y haber estado "a Vellettri", a una hora de Roma, como yo. Ella marcó una a una, las palabras que debía decir.
Mientras tanto aprendía a tocar el acordeón .Me había prestado su instrumento Juan Sardi, un "músico sobrino del alma", que me acompaña en todos mis proyectos. "Tía, hasta cuando lo necesites", me dijo. Tomé dos clases. Me sería fácil porque soy profesora de piano…
Ensayé obsesivamente. Cada nota arrancada me acercaba a Luigia. Comprendí que debía manejarlo con destreza más no con virtuosismo. Me propuse tocar, cantar y bailar a la vez. Hubo tardes en que los vecinos cerraron las persianas. Otras en que volví a escuchar la fatídica voz de la censura familiar: "Natalia no molestés con la música".
En cada comentario negativo, en cada persiana que se cerraba, en cada mirada de desaprobación, encontraba (encontrábamos) un paso en el camino hacia Luigia. "Cada nota que no te dejan tocar, son las palabras de las cartas silenciadas de Luigia", me dije una tarde.
Tocaba en la soledad de la casa, porque cuando llegaba mi madre me equivocaba. Pesaba sobre mí la sombra de mi abuela Kungatá, que tocaba de oído ese instrumento, y había muerto frustrada por no tener el propio, porque "cómo una mujer va a tocar un acordeón".
Un día decidí salir a tocar a la calle. Llegué a un parque donde hacían tai chi.
Decidí respirar con ellos .Y en esa tarde de abril, bajo la sombra de los árboles, en Mar del Plata, comencé a respirar con el acordeón.
Tocaba, cuando mi madre acertó a pasar. Me rodeaba un grupo de niños que gritaba "cumbia, morocha, cumbia". Yo sólo tocaba a la Luigia, el Bella ciao.
Día más tarde, en una clase con mi maestra de Sistema Mildermann, mi cuerpo se unió a la fisarmónica en el ritmo ondulante. "Io sono maridatta a la filarmónica", me vino.
Luigia comenzaba a brotar. Y era musical.
¿Pero sus palabras? Buscaba con obsesión .Un amigo, Diego Sachella, me indicó que en la Biblioteca del Congreso de la Nación, había una foto de ella. La busqué. Pude ver en su mirada la firmeza, la paciencia, la resignación. Fortaleza en su vulnerabilidad.
Comencé a mirarla por las noches. Le pregunté. Cada noche antes de cerrar los ojos le decía: "Luigia, aparece".
Hasta que soñé con la Piedad. Recordé la media hora que había estado extasiada mirándola en la Catedral de San Pedro.
Nueva pista: la Pietá.
Había buscado también alguna virgen característica de la zona de la que eran oriundos: la Virgen Negra de Oropa, cuyos atributos, el Niño en su brazo izquierdo y un mundo coronado por una cruz en el derecho me parecieron redundantes. A ella se le sacrificaban palomas torcazas.
La Pietá. La Virgen Negra. El mundo coronado por la cruz. Plumas blancas, la paloma que sobrevuela la escena. El sacrificio de Bartolomeo. La palabra ausente, la pluma, la palabra.
La voz de Luigia, la silenciada, tocando música, soplando plumas, sus palabras.
Luigia: la música de la acción me trae tus palabras.
El diario de Luigia
Escribí durante todo el proceso. Fervientemente. "Cada personaje es una herramienta que me ayuda a caminar preguntándome por mi identidad .Desenmascaro los "yoes" para poder llegar a mi yo esencial. Luigia me hace mejor hermana. Me reconcilia con la forma de ver la familia que me inculcaron. Pero no debo olvidar que estoy construyendo un símbolo, y como tal es políglota, poliforme, multicausal, múltiple, infinito, n aleph una Luigia, todas las Luigias".
Si las cartas de Luigia no estaban, las escribiría. Comienzo a buscarlas. No las encuentro .Se las pediré a Fer el actor –Bartolomeo- Cuando las escribí, se las entregué. Aparece un extracto del
Diario de Luigia, una pequeña autobiografía, que inventé durante el proceso de ensayos:
1) Me llamo Luigia. Nací en Villafalletto, Italia. Soy la mayor de tres hermanos. Los cuido .Me tocó eso .Así lo decidió la mamma. Tengo debilidad por Bartolomeo. Mi pequeño. Temible y juguetón. A veces él mismo me decía: "no me quieras tanto". Teníamos un juego. Yo le mostraba la mano haciéndole creer que tenía un regalo. El rasqueteaba mis dedos y yo me moría de risa. Lo he dormido entre mis brazos .He sentido su suave piel de bebé, contra la mía.
Al morir la mamma, me tuve que hacer cargo de la casa. No me he casado. No tengo hijos. ¿Amores? Uno, pero se fue a EE. UU. también. Nunca volvió. Al irse Bartolomeo quedé como cabeza de familia. Papá había entrado en un mutismo absoluto desde la muerte de la mamma. Y no le pudo perdonar el viaje a Bartò.
Ahora lo detienen, ahora lo procesan. ¿Qué ha hecho? Nada, seguro, pero esas ideas que tiene. Santa María, Madre di Dío. Me iré a EE.UU. y no volveré hasta traerlo de vuelta.
2) Recuerdo el día en que la mamma murió…Bartó corría desesperado. Su ira lo traspasaba. "Si esto es una decisión divina, no es éste el Dios en el que quiero que creas", me dijo. No le pude contestar nada, mi propio dolor me lo impedía. Allí nació la decisión de Bartó de partir, en busca de un mundo mejor.
3) Allí estaba él. Detrás de la reja, flaco, sucio, pero con los ojos brillantes… Encendidos como su corazón. No habían alcanzado los golpes. Ni las noches de desvelos. Ni las mentiras. El estaba allí. Bombardeado. Parado como el Coliseo. Incólume. De pie en la Historia. De pie, entre los relámpagos.
Encuentro una crónica de las últimas horas de los hombres en la cárcel y de las visitas de Luigia y Rosa.
Sé que ellas entraron tres veces y que Luigia no lloró. "No pudieron abrazarse porque los interceptaban las rejas, entonces apoyaron sus mejillas contra el frío de la celda…" Se lo digo a Vanzetti .Lo probamos. Se imprime. Algo que luego por cuestiones técnicas y de puesta quedaría suprimido. ¡¡¡Ufff!!!
En una contra-escena Luigia lo viste. .Lo prepara para la partida. En otra visita en la cárcel, le da una estampita. Lo abraza, lo besa, le acomoda el saco.
Todo lo que leo, todo lo que escribo trato de ponerlo en acción.
14 DE MARZO-24 DE MARZO DE 2009
(Continúa en la edición de mayo 2009)